Feliz aniversario, Matsuei
Veinticinco años más tarde, una nueva generación de Matsufujis ofrece los clásicos japoneses y el nuevo estilo de fusión peruano-japonés
ARISTOLOGA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
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| Tres generaciones de Matsufujis mantienen viva la tradición,
innovando al mismo tiempo. |
El 1 de marzo de 1978, Yamada Yoshihisa San -o sea, el señor Yoshihisa Yamada- de la Nishino Trading Company, compró una botella de Johnny Walker Red. Como acostumbran hacer los hombres de negocios japoneses, tras aliviar las tensiones de un día de arduo trabajo con un trago, un bocado con qué mitigar la añoranza de sus islas, la botella fue rubricada y guardada en los anaqueles del negocio. Veinticinco años más tarde, su propietario aún
conserva aquel
memento
, testigo del cuarto de siglo de restauración que el mes pasado cumplió el
restaurante Matsuei.
Eran otros tiempos. Jorge Shintaro Matsufuji había llegado a Panamá unos años antes, miembro del equipo de trabajo de la Kubota. Junto con empresarios locales del calibre de Mario Guardia y Augusto Boyd, en aquella época se dedicaba a abrir senderos de comercio entre Japón y Panamá, principalmente en la línea de la maquinaria pesada. Nacido en Perú, es lo que se conoce como
nisei
, o sea un japonés de segunda generación nacido en el exterior. Su esposa, Olga, se quejaba constantemente de que su casa parecía un hotel: desayunos de negocios, amigos y extraños por igual compartían la mesa con las papillas de sus hijos Jorge Pedro, Silvia y Cristina, mientras venían a disfrutar la hospitalidad de su marido: y es que aquellos pioneros del comercio entre el lejano Oriente y la América Latina añoraban sus costumbres, sus comidas oriundas; la comunidad japonesa en Panamá aumentaba mes tras mes, año tras año. La conclusión lógica, para Matsufuji, fue abrir un local para hacer frente a la demanda de los viajeros y a la incipiente curiosidad de los lugareños por la comida japonesa, y así nació el restaurante.
A diferencia del Japón, donde los restaurantes de cocina local suelen especializarse -los hay dedicados únicamente al servicio del
tempura
, o del
yakitori
, o del
sushi
- este ofrecería una selección de los platos más populares del archipiélago, desde
sashimi
(pescado crudo) hasta
sukiyaki
(cacerola de carne de res). El nombre lo tomó del que junto con sus hermanos abriera cinco años antes en Lima, a su vez captado de un popular restaurante tokioíta, debido a que hacía alusión al apellido familiar.
La inestabilidad económica que produjo el conmocionado fin de la dictadura militar, junto con la merma del comercio entre el Japón y América Latina, erosionó de tal manera la inversión y los negocios japoneses, que, poco a poco, fue cambiando la clientela. Pero Matsuei se mantuvo con el patrocinio del eventual visitante de ultramar y de una nueva clientela panameña, versada en los placeres del
sushi
y demás platillos japoneses, ahora en boga.
Y así, entre vacas flacas y gordas, han pasado 25 años. Hoy día, el negocio lo administra su hija Cristina, y la cocina la lidera su sobrino Rafael, que llegó del Perú hace tres años ("venía por seis meses", dice). Rafa, además de surtir los clásicos del Matsuei, también desarrolla su propia cocina de autor, al estilo
nisei
que le ha traído fama mundial a Matsuhisa, o sea la fusión entre lo peruano y lo japonés.
Matsufuji, libre del diario bregar del negocio, se dedica a su otra pasión, la reforestación. Tiene fuertes raíces en el Istmo, y ha combinado estos 25 años de comercio con una vocación de servicio comunitario, notablemente en el agro, con proyectos como la repoblación de camarones. Lleva a ras de piel el amor atávico de sus consanguíneos por la belleza, y haciendo eco de la ceremonia primaveral del
hanami
, o sea la contemplación de las flores del cerezo, se dedica al acopio y distribución de semillas de árboles florales, sin fines de lucro. Uno de sus proyectos más queridos consiste en la siembra de mil 970 (2003 menos 33, la edad de Cristo) árboles de jacarandá que revestirán, como centinelas, las orillas del camino al Cristo del Atalaya; los peregrinos tendrán, por alfombra, los pétalos púrpura que evocan la pasión del hijo de Dios.
Nosotros, los más profanos, podemos seguir disfrutando de la cocina del Matsuei de las consumadas manos del joven Rafa, quien combina los clásicos japoneses con platos de su propia inspiración, platos de factura limeña al estilo de Nobu Matsuhisa, el chef japonés más famoso de Occidente, cuya primera parada al salir de Japón fue el Matsufuji de Lima, de donde provino una buena dosis de su inspiración. Mientras tanto, rendimos este pequeño tributo al fundador de este emporio gastronómico. ¡
Kampai
, don Jorge!
VEA 6B
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