Ja, ja, ja
Hay que reírse para no llorar por los inventos esotéricos de los que llegan a una legislatura echando chistes y, peor aún, haciéndolos leyes
Rolando Rangel
Es reconfortante levantarse en la madrugada de un Domingo de Ramos al sonido onomatopéyico ¡fuuummm paaaa! que hace el periódico La Prensa, al cual estoy suscrito, cuando lo avienta el repartidor y se estrella en el parabrisas del carro, y leer crónicas como la de Jorge Eduardo Ritter que, tigre igual que su padre, salió raya'o. Mi padre y el suyo compartieron una entrañable amistad de muchísimos años, unidos por ser portadores de una inteligencia y capacidad casi ilimitada, y quienes pasaron a la historia como gente de bien, de principios no negociables y de trayectoria intachable en sus cargos públicos.
La "Nacionalización de los circos", artículo que escribió el domingo, no traduce en parte lo que es el actual gobierno, sino su entero contexto. Y hay que reírse para no llorar por los inventos esotéricos de los que llegan a una legislatura echando chistes y, peor aún, haciéndolos leyes. Panchito Reyes, muy alegremente ha propuesto, según escribe Ritter, en la Comisión de Población, Ambiente y Desarrollo, un anteproyecto de ley que protege a los animales del abuso sexual de los humanos, fijando multas que varían de 45 a 200 balboas, ordenando además que el culpable del delito cubra los gastos de tratamiento y recuperación del animal y quien en su artículo 20 establece que, y cito: "Quien adiestre o entrene animales debe presentar un certificado médico expedido por un psiquiatra referente a su estado psíquico, de tal manera que garantice un trato humanitario a los animales bajo su adiestramiento o entrenamiento, índice profesional e idoneidad".
Panchito acaba de inventar dos nuevas especialidades médicas y veterinarias. Los loqueros de animales y los loqueros que certifican a los veterinarios. Imagino que en el interrogatorio clínico hacia los veterinarios deberá haber preguntas como: "¿Tiene usted fantasías sexuales con animales?". ¿Le gustan las gallinas no en sancocho sino vivas? ¿Su madre alguna vez le pegó con el rabo de una ternera y todavía siente el olor de la cola en el ambiente?". De decir sí, esto lo inhabilita de por vida para ejercer su profesión.
Supongo que la próxima movida será definir el monto de la multa. Habrá que entrevistar al animal afectado y preguntarle: si fueron meras caricias, la multa es de 45, pero si la cosa llegó hasta la violación, entonces es de 200. Si fue violación con placer se le descuentan unos 10 dólares; si fue mutuo consentimiento, otros 10 menos; pero si no usó condón, entonces pena de cárcel por querer hacer un minotauro, mezcla de animal y humano.
Y por el otro lado los loqueros veterinarios descubrirán una mina de oro: hacerle el psicoanálisis a los bichos afectados, remunerados espléndidamente por el perpetrador, quien deberá pagar el coste del tratamiento hasta que la cabra, la gallina, la ternera o lo que sea, se recupere plenamente y pueda tener relaciones sexuales con sus congéneres y perpetuar su especie sin traumas psicológicos que puedan ser transmitidos genéticamente a su descendencia.
Creo que más que un anteproyecto de ley esto es un disparate. No puedo saber si hay o no sentimientos de culpa del proponente, pero sí un indicativo de su incapacidad como médico pediatra de proponer leyes que protejan a nuestra niñez desposeída, perdiendo el tiempo con ideas como esta que dejan mucho que pensar de los legisladores, quienes deben preocuparse por los enormes problemas que aquejan el país y no perder el tiempo con las preferencias sexuales de los asociados y sus mascotas.
Y que Ritter no se preocupe; ya está muy viejo para caer en sus garras pediátricas.
El autor es médico salubrista
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