
La otra cara de la moneda
Mucho se habla de la mora
judicial, que sí la hay, ¿pero alguna vez nos hemos detenido a pensar
a qué se debe el retraso en los procesos?
Nubia Aparicio S.
naparicio@prensa.com
He
concluido mi Consultorio Jurídico, requisito sine qua non para sustentar
mi trabajo de graduación y luego recibir el título de Licenciada
en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá.
Se trata de un total de 192 horas que los
estudiantes graduandos de derecho permanecemos en alguna institución
del país donde se aplica el derecho, con el propósito de que nos
familiaricemos con las tareas que iremos a desempeñar en la práctica,
una vez recibamos el diploma de abogado.
A mí me correspondió realizar esa tarea en el Juzgado
Segundo de la Niñez y la Adolescencia, donde pude percibir la realidad
en que laboran esos funcionarios; eficientes todos, empezando con
la juez, Delia Cedeño, una mujer incansable, con un alto grado de
sensibilidad social y que ni siquiera tiene tiempo para almorzar.
"Es que hay mucho trabajo", me dijo una tarde, pasadas las 5:00
p.m. (hora judicial) cuando apenas iba a empezar a leer las providencias,
notas, vistas, resoluciones, memorándum, etc., que le dejan los
funcionarios día tras día para su aprobación y firma.
Y sí que hay trabajo para el poco personal que existe
en las distintas secciones del juzgado, las cuales son Familia,
Administrativo, Penal, aparte del Equipo Interdisciplinario. Mucho
se habla de la mora judicial, que sí la hay, ¿pero alguna vez nos
hemos detenido a pensar a qué se debe el retraso en los procesos?
En lo que respecta al Juzgado Segundo de Niñez y la Adolescencia,
puedo decir, porque, repito, lo experimenté, se debe a varias razones,
pero las más importantes son la falta de personal e implementos
necesarios para llevar a cabo las tareas.
No es posible que solo haya dos teléfonos en todo
el juzgado: uno en el despacho de la juez y el otro en la sección
de Familia, el cual también es utilizado por el resto del personal
de las diversas secciones que funcionan en oficinas separadas. Considerando
la distancia en que se encuentra una oficina de la otra, un día
me puse a pensar en las horas de trabajo que se dejarían de perder
si, por lo menos, cada despacho tuviera un teléfono.
Tampoco es posible que solo exista una notificadora
para todas las secciones. Esa sola persona tiene que ir a muchos
lugares diariamente y la mayoría de las veces se trata de sectores
peligrosos. Esto lleva a que el impulso del proceso en muchas ocasiones
dependa de las partes involucradas, porque no hay transporte disponible
ni un equipo de notificadores, como sí existe en otras instancias
judiciales.
En estos procesos de menores hay una prueba que
se denomina Evaluación Social, la que les corresponde realizar a
las trabajadoras sociales del Equipo Interdisciplinario; si las
partes no llevan a estas funcionarias a que hagan esa labor, tampoco
se haría, lo que no está bien, pues no debería darse ese contacto
por razones obvias.
Hay un alto porcentaje de casos que no se resuelve
debido a que no hay suficientes elementos para decidirlos y uno
de ellos es, precisamente, la Evaluación Social. Hay que dotar de
más personal a esos juzgados, pues tratan casos relacionados con
la niñez panameña: maltrato físico y sexual, padres que no cumplen
con su deber de alimentar a sus hijos, niños abandonados, menores
en "riesgo social", guarda y crianza, etc.
Sobre el particular, en la actualidad se estima
que uno de cada tres niños no vive con sus padres naturales. Lo
más alarmante es que esta situación ya se acepta con naturalidad.
Son casos donde está de por medio la seguridad y
el futuro bienestar de los niños, en los que hay que actuar con
diligencia y rapidez, porque para mañana puede ser tarde.
Muchos de estos procesos permanecen durante dos
años o más en las instancias judiciales, y frecuentemente los padres
usan a sus hijos para vengarse el uno del otro. A la larga esta
situación trae dificultades porque mientras se llega al final del
proceso, al niño o al adolescente se le pueden crear problemas emocionales
tales como: depresión, ansiedad, retraimiento, bajo rendimiento
académico y otros.
Mientras menos edad tiene el niño, más severos son
los efectos, porque es cuando la criatura depende más de su familia
para su seguridad y protección.
Por otro lado, están los niños abandonados por uno
o ambos padres, que se convierten en seres indefensos, sin atención
alguna. Su hogar permanente es la calle. Además de las dificultades
emocionales que conlleva esta situación, la búsqueda de un hogar
adoptivo se vuelve liosa y desesperante, sobre todo si no se cuenta
con los recursos adecuados para que el juzgado actúe con rapidez.
A propósito, hace poco terminé de leer la obra titulada
La defensa nunca descansa, de F. Lee Bailey, y ahora que conozco
el otro lado de la moneda me doy cuenta de que los funcionarios
de justicia, particularmente los del Juzgado Segundo de Niñez y
Adolescencia, no tienen tampoco ni un minuto de descanso, porque
la cantidad de expedientes y el gran número de personas que llega
día a día para exponer sus casos, hacen imposible que ello ocurra.
Los juzgados de la niñez y la adolescencia deben
estar acondicionados para dar solución lo más rápido posible a los
problemas que aquejan a diario a los futuros ciudadanos de esta
nación. Reconozco la capacidad de trabajo, sacrificio y dedicación
de los funcionarios (que dicho sea de paso tienen muy bajos salarios),
pero queda claro que esto no es suficiente debido a la falta de
personal y de recursos que hay en sus oficinas, lo que afecta al
niño y al adolescente como sujetos de derechos.
En lo que respecta a la parte penal, el problema
es realmente serio, porque los niños y adolescentes cometen serios
actos delictivos, son detenidos y a los pocos días se les ve por
las calles como si nada hubiese ocurrido. Vuelven y delinquen y
"no se les puede hacer nada", según indicó hace poco una unidad
de la Policía de Menores.
Pues algo hay que hacer, porque a sabiendas de que
no se les va a castigar, los jóvenes seguirán cometiendo serios
delitos...en estos casos, también, para mañana será tarde.
El Consultorio Jurídico me hizo conocer de fondo
un problema serio que afecta a la sociedad panameña. Eludirlo, es
vivir de espaldas ante la justicia.
La autora es licenciada en periodismo
Además en actualidad
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La otra cara de la moneda: Nubia Aparicio S.
. ¿Le ganará
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