Panamá, 11 de abril de 2003
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La otra cara de la moneda

Mucho se habla de la mora judicial, que sí la hay, ¿pero alguna vez nos hemos detenido a pensar a qué se debe el retraso en los procesos?

Nubia Aparicio S.
naparicio@prensa.com

He concluido mi Consultorio Jurídico, requisito sine qua non para sustentar mi trabajo de graduación y luego recibir el título de Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad de Panamá.

Se trata de un total de 192 horas que los estudiantes graduandos de derecho permanecemos en alguna institución del país donde se aplica el derecho, con el propósito de que nos familiaricemos con las tareas que iremos a desempeñar en la práctica, una vez recibamos el diploma de abogado.

A mí me correspondió realizar esa tarea en el Juzgado Segundo de la Niñez y la Adolescencia, donde pude percibir la realidad en que laboran esos funcionarios; eficientes todos, empezando con la juez, Delia Cedeño, una mujer incansable, con un alto grado de sensibilidad social y que ni siquiera tiene tiempo para almorzar. "Es que hay mucho trabajo", me dijo una tarde, pasadas las 5:00 p.m. (hora judicial) cuando apenas iba a empezar a leer las providencias, notas, vistas, resoluciones, memorándum, etc., que le dejan los funcionarios día tras día para su aprobación y firma.

Y sí que hay trabajo para el poco personal que existe en las distintas secciones del juzgado, las cuales son Familia, Administrativo, Penal, aparte del Equipo Interdisciplinario. Mucho se habla de la mora judicial, que sí la hay, ¿pero alguna vez nos hemos detenido a pensar a qué se debe el retraso en los procesos? En lo que respecta al Juzgado Segundo de Niñez y la Adolescencia, puedo decir, porque, repito, lo experimenté, se debe a varias razones, pero las más importantes son la falta de personal e implementos necesarios para llevar a cabo las tareas.

No es posible que solo haya dos teléfonos en todo el juzgado: uno en el despacho de la juez y el otro en la sección de Familia, el cual también es utilizado por el resto del personal de las diversas secciones que funcionan en oficinas separadas. Considerando la distancia en que se encuentra una oficina de la otra, un día me puse a pensar en las horas de trabajo que se dejarían de perder si, por lo menos, cada despacho tuviera un teléfono.

Tampoco es posible que solo exista una notificadora para todas las secciones. Esa sola persona tiene que ir a muchos lugares diariamente y la mayoría de las veces se trata de sectores peligrosos. Esto lleva a que el impulso del proceso en muchas ocasiones dependa de las partes involucradas, porque no hay transporte disponible ni un equipo de notificadores, como sí existe en otras instancias judiciales.

En estos procesos de menores hay una prueba que se denomina Evaluación Social, la que les corresponde realizar a las trabajadoras sociales del Equipo Interdisciplinario; si las partes no llevan a estas funcionarias a que hagan esa labor, tampoco se haría, lo que no está bien, pues no debería darse ese contacto por razones obvias.

Hay un alto porcentaje de casos que no se resuelve debido a que no hay suficientes elementos para decidirlos y uno de ellos es, precisamente, la Evaluación Social. Hay que dotar de más personal a esos juzgados, pues tratan casos relacionados con la niñez panameña: maltrato físico y sexual, padres que no cumplen con su deber de alimentar a sus hijos, niños abandonados, menores en "riesgo social", guarda y crianza, etc.

Sobre el particular, en la actualidad se estima que uno de cada tres niños no vive con sus padres naturales. Lo más alarmante es que esta situación ya se acepta con naturalidad.

Son casos donde está de por medio la seguridad y el futuro bienestar de los niños, en los que hay que actuar con diligencia y rapidez, porque para mañana puede ser tarde.

Muchos de estos procesos permanecen durante dos años o más en las instancias judiciales, y frecuentemente los padres usan a sus hijos para vengarse el uno del otro. A la larga esta situación trae dificultades porque mientras se llega al final del proceso, al niño o al adolescente se le pueden crear problemas emocionales tales como: depresión, ansiedad, retraimiento, bajo rendimiento académico y otros.

Mientras menos edad tiene el niño, más severos son los efectos, porque es cuando la criatura depende más de su familia para su seguridad y protección.

Por otro lado, están los niños abandonados por uno o ambos padres, que se convierten en seres indefensos, sin atención alguna. Su hogar permanente es la calle. Además de las dificultades emocionales que conlleva esta situación, la búsqueda de un hogar adoptivo se vuelve liosa y desesperante, sobre todo si no se cuenta con los recursos adecuados para que el juzgado actúe con rapidez.

A propósito, hace poco terminé de leer la obra titulada La defensa nunca descansa, de F. Lee Bailey, y ahora que conozco el otro lado de la moneda me doy cuenta de que los funcionarios de justicia, particularmente los del Juzgado Segundo de Niñez y Adolescencia, no tienen tampoco ni un minuto de descanso, porque la cantidad de expedientes y el gran número de personas que llega día a día para exponer sus casos, hacen imposible que ello ocurra.

Los juzgados de la niñez y la adolescencia deben estar acondicionados para dar solución lo más rápido posible a los problemas que aquejan a diario a los futuros ciudadanos de esta nación. Reconozco la capacidad de trabajo, sacrificio y dedicación de los funcionarios (que dicho sea de paso tienen muy bajos salarios), pero queda claro que esto no es suficiente debido a la falta de personal y de recursos que hay en sus oficinas, lo que afecta al niño y al adolescente como sujetos de derechos.

En lo que respecta a la parte penal, el problema es realmente serio, porque los niños y adolescentes cometen serios actos delictivos, son detenidos y a los pocos días se les ve por las calles como si nada hubiese ocurrido. Vuelven y delinquen y "no se les puede hacer nada", según indicó hace poco una unidad de la Policía de Menores.

Pues algo hay que hacer, porque a sabiendas de que no se les va a castigar, los jóvenes seguirán cometiendo serios delitos...en estos casos, también, para mañana será tarde.

El Consultorio Jurídico me hizo conocer de fondo un problema serio que afecta a la sociedad panameña. Eludirlo, es vivir de espaldas ante la justicia.

La autora es licenciada en periodismo

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