Panamá, 9 de abril de 2003
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Sabotaje en Chiriquí: lo que hay de fondo

Este tipo de aprovechamiento de palanca política es común en nuestro país, donde la corrupción corroe hasta las más lustrosas alturas del Gobierno

Rogelio Pretto

El caso de sabotaje en el hotel Los Quetzales está a punto de arder. Es bueno que esté tomando calor el asunto. Solo así las autoridades le darán la atención que exige el problema.y merece. Lo que hay de por medio no es solo un grave delito penal que resulta ser el atentado contra el hotel, sino también la urgente necesidad de solucionar el problema de fondo en un conflicto que ha resultado en la contaminación intencional del agua de una empresa, y la agresión física de su dueño por parte de contrarios que se disputan con el hotelero el uso de un camino de servidumbre que cruza por su complejo ecoturístico.

La pelea por el uso del camino viene calentándose desde mucho antes del atentado en el hotel hace dos semanas. Durante años Carlos Alfaro, férreo ambientalista y dueño de Los Quetzales, viene denunciando violaciones al parque de parte de ganaderos, taladores y cazadores empeñados en acondicionar el camino en disputa para permitir el transporte del producto de su explotación ilegal de la reserva. Alegando tener el derecho legal de hacerlo, Alfaro ha querido cerrarles el paso por Los Quetzales a los que él acusa de usar el camino para fines que van en contra de la reglamentación del parque. Los denunciados, a su vez, acusan al hotelero de prohibir arbitrariamente el uso de un camino público de servidumbre protegido por la ley, cosa que Alfaro niega. El asegura que nunca ha prohibido el uso legítimo del camino y que la gente del área lo ha venido usando durante años sin problemas. Son sus acciones contra el uso indebido del paso de servidumbre lo que ha levantado la ira de algunos que, en represalia, han respondido a sus denuncias con actos de violencia contra su hotel y su persona, y atropellos por parte de autoridades locales que se prestan para intimidarlo y aplicarle presión.

En este cruce de acusaciones se la han pasado las dos partes, sin que la autoridad que rige el PILA resuelva el conflicto de manera firme y final con la aplicación de las leyes que, en forma clara, regulan las actividades públicas y privadas dentro de la reserva. Mejor será que lo hagan, y sin mucha demora. Con el atentado reciente en el hotel y la agresión personal que sufrió Alfaro y la turista que transportaba, el conflicto ha tomado una calentura mucho más seria que podría terminar en algo lamentable y potencialmente trágico, sin mencionar las consecuencias contra el turismo nacional que podrían arrastrar consigo.

A nosotros nos consta que Alfaro por su lado -y por su cuenta- ha venido presentando sus denuncias legítimas y formales ante las autoridades locales y nacionales sin que le hayan hecho mucho caso. Contrariamente, los denunciados han contado con el respaldo de autoridades locales que, prepotentemente y sin derecho alguno, según Alfaro, han removido a la fuerza los impedimentos que él ha instalado para restringir el uso impropio del camino. Y más preocupante aún, es que, con el escudo político que aprovechan estos transgresores, los daños al PILA se agrandan peligrosamente. Como si contaran con un buen apadrinamiento, van marcha adelante con su irresponsable intento de ensanchar el camino y prepararlo para el transporte del producto de las actividades destructivas que llevan dentro del parque.

Este tipo de aprovechamiento de palanca política es común en nuestro país, donde la corrupción corroe hasta las más lustrosas alturas del Gobierno. Pero tenemos mucho que perder como nación en esto, si por estar habituados a lo corrupto seguimos permitiendo que quede impune el ultraje incontenible de nuestras acabables reservas forestales.

Antes de que ocurra lo impensable, las autoridades debe hacerse presentes en el caso de Los Quetzales. Exhortamos a la PTJ para que investigue el sabotaje, pero de verdad. A la ANAM a que cumpla sus obligaciones como autoridad máxima del PILA. Al IPAT para que haga su parte en asegurar que un puñado de rufianes no vuelva a poner en perjuicio la salud y la vida de turistas. A la corregiduría del distrito a que responsable y justamente responda a los dictámenes de su oficio. Y, finalmente, a la alcaldía de la comunidad para que dé el buen ejemplo en señalar y condenar como intolerable en su vecindad el acto vil de los atacantes del empresario Alfaro y su hotel.

Sin el justo respaldo de las autoridades, ¿qué oportunidad real tiene gente admirable y de conciencia cívica como Alfaro de lograr que se protejan nuestras reservas y se respeten sus leyes, y reciba justicia por los asaltos a su persona y propiedad? Su lucha es cuesta arriba y de buen empino, pues a cada paso de su causa se ve obligado a señalar a algunos de autoridad que por su ineptitud o falta de voluntad en aplicar las leyes claras del país, la entorpecen. Resentidos, estos se vuelven en su contra y le restan apoyo. Parece que no habrá otra que llevar el asunto a los tribunales, donde tal vez, solo tal vez, encuentre Alfaro el amparo al fin de una justicia honesta que proteja lo que a todos nos pertenece.

El dice que llevará su lucha hasta el final. Yo estaré con él.

El autor es artista y pintor

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