Sabotaje en Chiriquí: lo que hay
de fondo
Este tipo de aprovechamiento
de palanca política es común en nuestro país, donde la corrupción
corroe hasta las más lustrosas alturas del Gobierno
Rogelio Pretto
El caso de sabotaje en el hotel Los Quetzales
está a punto de arder. Es bueno que esté tomando calor el asunto.
Solo así las autoridades le darán la atención que exige el problema.y
merece. Lo que hay de por medio no es solo un grave delito penal
que resulta ser el atentado contra el hotel, sino también la urgente
necesidad de solucionar el problema de fondo en un conflicto que
ha resultado en la contaminación intencional del agua de una empresa,
y la agresión física de su dueño por parte de contrarios que se
disputan con el hotelero el uso de un camino de servidumbre que
cruza por su complejo ecoturístico.
La pelea por el uso del camino viene calentándose
desde mucho antes del atentado en el hotel hace dos semanas. Durante
años Carlos Alfaro, férreo ambientalista y dueño de Los Quetzales,
viene denunciando violaciones al parque de parte de ganaderos, taladores
y cazadores empeñados en acondicionar el camino en disputa para
permitir el transporte del producto de su explotación ilegal de
la reserva. Alegando tener el derecho legal de hacerlo, Alfaro ha
querido cerrarles el paso por Los Quetzales a los que él acusa de
usar el camino para fines que van en contra de la reglamentación
del parque. Los denunciados, a su vez, acusan al hotelero de prohibir
arbitrariamente el uso de un camino público de servidumbre protegido
por la ley, cosa que Alfaro niega. El asegura que nunca ha prohibido
el uso legítimo del camino y que la gente del área lo ha venido
usando durante años sin problemas. Son sus acciones contra el uso
indebido del paso de servidumbre lo que ha levantado la ira de algunos
que, en represalia, han respondido a sus denuncias con actos de
violencia contra su hotel y su persona, y atropellos por parte de
autoridades locales que se prestan para intimidarlo y aplicarle
presión.
En este cruce de acusaciones se la han pasado las
dos partes, sin que la autoridad que rige el PILA resuelva el conflicto
de manera firme y final con la aplicación de las leyes que, en forma
clara, regulan las actividades públicas y privadas dentro de la
reserva. Mejor será que lo hagan, y sin mucha demora. Con el atentado
reciente en el hotel y la agresión personal que sufrió Alfaro y
la turista que transportaba, el conflicto ha tomado una calentura
mucho más seria que podría terminar en algo lamentable y potencialmente
trágico, sin mencionar las consecuencias contra el turismo nacional
que podrían arrastrar consigo.
A nosotros nos consta que Alfaro por su lado -y
por su cuenta- ha venido presentando sus denuncias legítimas y formales
ante las autoridades locales y nacionales sin que le hayan hecho
mucho caso. Contrariamente, los denunciados han contado con el respaldo
de autoridades locales que, prepotentemente y sin derecho alguno,
según Alfaro, han removido a la fuerza los impedimentos que él ha
instalado para restringir el uso impropio del camino. Y más preocupante
aún, es que, con el escudo político que aprovechan estos transgresores,
los daños al PILA se agrandan peligrosamente. Como si contaran con
un buen apadrinamiento, van marcha adelante con su irresponsable
intento de ensanchar el camino y prepararlo para el transporte del
producto de las actividades destructivas que llevan dentro del parque.
Este tipo de aprovechamiento de palanca política
es común en nuestro país, donde la corrupción corroe hasta las más
lustrosas alturas del Gobierno. Pero tenemos mucho que perder como
nación en esto, si por estar habituados a lo corrupto seguimos permitiendo
que quede impune el ultraje incontenible de nuestras acabables reservas
forestales.
Antes de que ocurra lo impensable, las autoridades
debe hacerse presentes en el caso de Los Quetzales. Exhortamos a
la PTJ para que investigue el sabotaje, pero de verdad. A la ANAM
a que cumpla sus obligaciones como autoridad máxima del PILA. Al
IPAT para que haga su parte en asegurar que un puñado de rufianes
no vuelva a poner en perjuicio la salud y la vida de turistas. A
la corregiduría del distrito a que responsable y justamente responda
a los dictámenes de su oficio. Y, finalmente, a la alcaldía de la
comunidad para que dé el buen ejemplo en señalar y condenar como
intolerable en su vecindad el acto vil de los atacantes del empresario
Alfaro y su hotel.
Sin el justo respaldo de las autoridades, ¿qué oportunidad
real tiene gente admirable y de conciencia cívica como Alfaro de
lograr que se protejan nuestras reservas y se respeten sus leyes,
y reciba justicia por los asaltos a su persona y propiedad? Su lucha
es cuesta arriba y de buen empino, pues a cada paso de su causa
se ve obligado a señalar a algunos de autoridad que por su ineptitud
o falta de voluntad en aplicar las leyes claras del país, la entorpecen.
Resentidos, estos se vuelven en su contra y le restan apoyo. Parece
que no habrá otra que llevar el asunto a los tribunales, donde tal
vez, solo tal vez, encuentre Alfaro el amparo al fin de una justicia
honesta que proteja lo que a todos nos pertenece.
El dice que llevará su lucha hasta el final. Yo
estaré con él.
El autor es artista y pintor
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