Otra agricultura es posible
No es el cambio de ministro
lo que va a resolver la crisis institucional de la agricultura
Julio Santamaría Guerra
La encrucijada en que se encuentra el sector
agropecuario no es exclusiva de nuestro país, sin embargo la forma
en que se define la política agropecuaria y tecnológica es una tremenda
irresponsabilidad de nuestro Gobierno. Veamos.
La designación de al menos los últimos tres
ministros del Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) ha respondido
estrictamente a criterios político partidistas de reparto de puestos
públicos y al clientelismo del Gobierno hacia los representantes
de segmentos importantes del sector: ANAGAN (Soussa-Lenox y Pose),
agroindustriales (Gordón), agroexportadores (Stanziola). Desde esta
perspectiva es lógico esperar que los así designados ministros adopten
un discurso demagógico de desarrollo agropecuario mientras protegen
y favorecen los intereses que representan.
Una vez en la posición se rodean de asesores escogidos
más por afinidades políticas que por el perfil profesional y adoptan
un modelo personalista de gestión en el afán de "hacer historia"
o carrera política basados en el clientelismo que derraman en cascada
hacia los circuitos electorales o segmentos de la producción agropecuaria
que pueden significar más votos en las próximas elecciones. A lo
interno las reestructuraciones se limitan al pase de factura, apoyadas
en un autoritarismo que contradice su discurso participativo y de
desarrollo de las capacidades humanas para el desarrollo rural con
sostenibilidad.
Para maquillar su falta de competencia para una
gestión comprometida con los intereses estratégicos del sector agropecuario
y que por lo tanto trasciende los intereses excluyentes de cualquier
segmento en particular, buscan el asesoramiento del Instituto Interamericano
de Cooperación para la Agricultura (IICA), que viene sufriendo la
misma crisis de legitimidad y está en reestructuración permanente
para sobrevivir, sin percibir que su muerte ocurrió simultáneamente
con el fracaso del modelo socioeconómico que le dio vida. Un análisis
cuidadoso del Plan Panamá Rural preparado por el IICA al ministro
Gordón, evidencia que no es diferente al mamotreto que el IICA le
preparó al ministro del gobierno anterior. También el IICA se cuida
de que sus intereses estén asegurados, creando nuevos proyectos
y fondos de desarrollo agropecuario que el propio IICA "administra"
(en realidad solamente confecciona los cheques), cobrando una significativa
comisión por ello.
Con respecto a su principal función de generación
y transferencia de tecnología, esta se caracteriza por el tratamiento
superficial y los giros de 380 grados (para volver al mismo lugar
donde comenzaron). Las organizaciones de investigación y difusión
de tecnología fueron exitosas cumpliendo las funciones que les asignaba
el modelo de desarrollo dominante. Con la declinación o el agotamiento
de esos modelos de desarrollo, también los modelos de actuación
institucional han perdido su potencial innovador y requieren de
un cambio cualitativo para adecuarse a las nuevas realidades emergentes.
En síntesis, no hay discusión de las premisas, enfoques,
modelos y reglas del juego para el desarrollo agropecuario que crearon
la actual crisis institucional. Tampoco hay un esfuerzo por pensar
lateralmente para interpretar y comprender las razones de la vulnerabilidad
que no es exclusiva del sector productivo nacional.
Ya hemos señalado en un escrito anterior que "Los
cambios en el contexto regional y global son la expresión de profundas
transformaciones simultáneas en la economía, las relaciones de poder,
la cultura y la experiencia humana, en dirección a una nueva época
histórica" (El Panamá América, 02/13/2002). Por lo tanto, una propuesta
alternativa a la crisis agropecuaria debe salirse de los marcos
de la institucionalidad neoliberal y de lógica del mercado porque
la situación actual es su consecuencia, no su antecedente. Esto
implica la formulación de propuestas claras de la agricultura que
queremos construir, de la educación rural y ambiental que necesitamos,
los procesos de generación de conocimiento y tecnologías para la
nueva sociedad a la que aspiramos y de las nuevas "reglas del juego"
para las relaciones sociales y de intercambio y para el manejo de
nuestros recursos naturales. De manera que no es el cambio de ministro
lo que va a resolver la crisis institucional de la agricultura.
Tanto los productores como el Gobierno y las organizaciones de la
sociedad civil que actúan en el ámbito rural y ambiental necesitan
construir un amplio consenso para definir entre otros aspectos:
Nuestra posición con respecto al ALCA: No nos podemos
dar el lujo de seguir siendo el vertedero de los productos subsidiados
de los países desarrollados que invierten anualmente más de 300
mil millones de dólares en subsidios a sus productores. Los subsidios
son un asunto de interés nacional no solamente para los países desarrollados,
sino también para Panamá, sobre todo si reconocemos la heterogeneidad
estructural de la agricultura y la concentración de la pobreza en
las áreas rurales. De la manera en que se propone el ALCA, basado
en "el libre comercio" y la "protección total de las inversiones"
de las grandes transnacionales no solamente se pierde la soberanía
alimentaria, sino que conduciría (como está sucediendo ya en México
con la aplicación del NAFTA) al desmantelamiento de las estructuras
productivas del campo, poniendo en riesgo la viabilidad ambiental,
económica, social y política de nuestro país.
Una nueva relación campo-ciudad: Desde el punto
de vista técnico, social, económico y sobre todo humano, una nueva
estrategia para el sector agropecuario es perfectamente posible.
La agricultura no solamente es productora de alimentos e insumos
agroindustriales y generadora de empleos rurales. Otras funciones
deben ser reconocidas como la de ofrecer viabilidad a la sociedad
rural, el custodio de los recursos naturales y la biodiversidad,
y en el desarrollo de la cultura nacional.
Una nueva institucionalidad para la agricultura:
El cambio tecnológico involucra un cambio cultural a lo interno
de los sistemas de conocimiento agrícolas, por lo tanto el productor
rural y su familia no intervienen de manera pasiva (aceptando o
rechazando el cambio tecnológico), sino que estimulan e influencian
los procesos innovadores, a partir de su propia visión y comprensión
del mundo. Es necesario, por lo tanto, reorientar los esfuerzos
de investigación, desarrollo tecnológico para la agricultura con
el fin de encontrar soluciones integrales para los complejos problemas
que afectan a la población rural, reconociendo la contribución del
conocimiento y experiencias locales. La nueva institucionalidad
del sector agropecuario debe establecer nuevas reglas del juego
y nuevos roles a los actores del desarrollo rural desde una perspectiva
social con equidad e inclusión, y crear espacios interactivos y
de comunicación para la innovación hacia una agricultura sostenible
y el manejo de los recursos rurales.
El autor es ingeniero agrónomo, especialista
en innovación institucional
Además en opinión
. La verdadera guerra
(IV): Juan David Morgan
. Religión y política
(glosas del momento): Edsel A. Wong S.
. Otra agricultura es
posible: Julio Santamaría Guerra
. Sabotaje en Chiriquí:
lo que hay de fondo: Rogelio Pretto
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