Límites claros
Los que luchamos por la
democracia y estábamos tan orgullosos de un sistema electoral sin
forros ni trampas, nos sentimos muy nerviosos por la demora
Guillermo Sánchez Borbón
Una de las muchas razones por las cuales
voy a votar por Endara, es que dentro del carácter de urgencia que
adquirieron todas las cosas al principio de su gobierno, nombró
la mejor (y más independiente) Corte Suprema de Justicia. La nombró
y se olvidó de ella. Como la oposición sacó únicamente ocho legisladores
(aun en esto respetó la voluntad popular), los partidos que apoyaban
a Endara tenían una cómoda mayoría. Cuando la democracia cristiana
se fue (o la fueron) del gobierno, los partidos afectos al presidente
quedaron en minoría. Y sin embargo, Endara nunca trató de sonsacarle
un solo diputado a los partidos que lo adversaban. Sabía lo que
todos los políticos veteranos: se puede gobernar sin contar con
una mayoría en la Asamblea.
Respetó escrupulosamente la separación de
poderes. Durante su período, se le dieron al Tribunal Electoral
las facultades y la independencia de que hoy disfruta, y que le
ha permitido presidir cuatro elecciones purísimas, rompiendo así
la cadena de fraudes que arrastraba la república desde sus primeros
años.
El Tribunal debe tener una absoluta independencia
y decir la última palabra en materia electoral. El caso, por ejemplo,
de Afú, caía de lleno dentro de la jurisdicción del TE. De nadie
más. Pero el abogado de Afú interpuso ante la Corte, desde el mes
de agosto del 2002, una advertencia de inconstitucionalidad. El
ponente del caso es Winston Spadafora, es decir, uno de los dos
magistrados que se beneficiaron del voto de Afú (el otro, Cigarruista,
admitió públicamente, con inaudito cinismo, que él le debía su magistratura
al cambio inducido de Afú y de Alvarado). Spadafora ha tenido suficiente
tiempo para redactar su ponencia, pero no le da la gana hacerlo.
De nada serviría que él, en vista del evidente conflicto de intereses
que existe, se declarara impedido, porque su suplente también debe
su cargo al voto de Afú. De manera que Spadafora tiene la obligación
de presentar su ponencia y la Corte de pronunciarse en un sentido
o en otro. Lo importante es que se resuelva el caso desde luego.
Los que luchamos por la democracia y estábamos tan
orgullosos de un sistema electoral sin forros ni trampas, nos sentimos
muy nerviosos por la demora. Creo que el fallo debe decir claramente
que la Corte no tiene derecho a invadir el espacio del Tribunal
Electoral, cuya jurisdicción en esta materia es absoluta y definitiva,
i.e. es la última instancia y, por tanto, inapelable. No reconocerlo
así es sobremanera peligroso.
Voy a aclarar la cuestión con dos ejemplos: las
elecciones ticas de 1948 las ganó por unos 10 mil votos el candidato
de la oposición Otilio Ulate. El candidato oficialista Calderón
Guardia (aliado a los comunistas) impugnó el resultado ante el Tribunal
Electoral, alegando que sus partidarios no habían podido votar porque
no figuraban en las listas de las mesas en que él era más fuerte.
Como se ve, era una situación explosiva, pero el TE se tomaba su
tiempo. En vista de lo cual, el líder comunista Manuel Mora fue
a ver a los magistrados y les dijo: "ustedes deben fallar el recurso
a favor o en contra, pero deben fallar cuanto antes". No le hicieron
caso. De acuerdo con la Constitución de Costa Rica vigente entonces,
cuando no estaba claro el resultado de unas votaciones, el Congreso
actuante (en aquel momento el surgido de los comicios anteriores,
en que el gobierno tenía una sólida mayoría, pero que ya no reflejaba
la realidad política de la hora), decidía quién era el ganador.
Optó por anular las elecciones. Resultado: una guerra civil en la
que murieron 3 mil 500 personas.
Un caso más reciente. Cuando Bush fue declarado
presidente electo de Estados Unidos, escribí que los estadounidenses
tendrían tiempo de sobra para arrepentirse de haberlo elegido. Un
gringo me escribió una carta corrigiéndome: nosotros no lo elegimos;
llegó a la Casa Blanca gracias a un paquetazo de su hermano Jeb
Bush en la Florida y a la sentencia absurda de una Corte Suprema
reaccionaria. La Corte, como se recordará, usurpó las funciones
de los organismos electorales y le entregó la presidencia al perdedor,
que no estaba capacitado para ella, como lo prueban la guerra con
Irak y sus disparatados planes económicos, que, de ponerse en práctica,
llevarían al país (y al mundo) a la ruina.
Además en opinión
. Límites claros:
Guillermo Sánchez Borbón
. Políticos bajo
la lupa: Rodolfo Caballero Rivera
. Un país sin
justicia: Betty Brannan Jaén
. Agro: cero carreras,
cero 'hits', muchos errores: Adán Castillo Galástica
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