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Perspectiva
La ofensiva de los pájaros

Los kurdos se felicitan, pero este avance no es fruto de su ofensiva... los iraquíes se han retirado sin combatir

Por Marc de Banville
Especial para La Prensa

SULAMANIYA, Kurdistán iraquí

LASERFOTO AP/San Diego Union-Tribune, Nelvin Cepeda

En la cima de una colina de Kalak, un grupo de peshmergas mira hacia su destino: Mosul, y anticipan la fiereza del combate.

Mientras se desarrolla la batalla de Bagdad, el frente del Norte avanza sin resistir. Las tropas iraquíes se repliegan poco a poco, dejando avanzar sin resistencia grupitos de peshmergas kurdos y algunos soldados de las Fuerzas Especiales de EU.

La carretera corre recta en medio del llano. Si no fuera por las barracas vacías, las bolsas de arena y los huecos de minas, podría ser un maravilloso paseo dominical. La primavera kurda cubre el verde de las colinas con manchas rojas de las amapolas, y miles de pajaritos se oyen por todo el campo. Una decena de peshmergas enturbanados avanzan en fila en medio de la carretera, alzando orgullosamente la bandera amarilla del PDK, el Partido Democrático del Kurdistán, antes de plantarla en lo que era hasta ayer la frontera de las tropas del gobierno de Sadam Husein. "Hemos avanzado unos 20 kilómetros hoy", se regocija Kak Charzad, el teniente a cargo del frente de Qushtapa. "Estamos a menos de 30 kms de Kirkuk"

Los kurdos se felicitan, pero este avance no es fruto de su ofensiva. Son los iraquíes los que se han retirado sin combatir. Han dejado atrás municiones, cascos, y las máscaras de gas que hacen parte del paquete del soldado desde la guerra Irán-Irak. "Seguramente tienen armas químicas, se lamenta Nihad, un peshmerga kirkuki. Estos cobardes han huido como pollitos y nos quieren bombardear con armas químicas." Sonando como una respuesta, un proyectil de mortero cae en el campo, a menos de 50 metros de Nihad. No tiene carga química. Es sencillamente un obús de mortero pesado. "Cuidado. Ahora están disparándonos con morteros y cañones", aconseja Nihad, tirándose al suelo. "Todavía controlan las alturas con artillería, pero los americanos van a llamar a los aviones", concluye, señalando hacia un grupito de soldados atrincherados en una colina cercana.

Acostados, tres norteamericanos observan las alturas con binoculares. Parecen muy calmados, comparados con los peshmergas, que se gritan órdenes confusas a cada bombardeo. Corteses, pero negándose a todo comentario, las Fuerzas Especiales tienen todo el equipo de la guerra de alta tecnología: lentes de visión nocturna, poderosos lanzacohetes antitanques, y modernísimos sistemas de comunicación y computo. Una vez han calculado la posición exacta de la baterías enemigas, piden un bombardeo. La ayuda llega en menos de una hora. Si se sospechan baterías antiaéreas, llegará un B52 largando desde las alturas poderosas bombas guiadas; en el caso de que sean grupitos de morteros, la ayuda viene en las alas de los cazabombardeos, más rápidos, pero que vuelan más bajo.

Espectacular, las explosiones cubren las cimas de humo negro. Segundos más tarde llega la onda de choque y las colinas se sacuden como si hubiera un terremoto. "Les dimos duro". Nihad despega apenas su mirada de sus binoculares baratos.

"Con la ayuda de los americanos, somos invencibles. Estaré muy pronto de regreso en mi casa de Kirkuk". ¿Cuántos soldados han perecido? Imposible saberlo. Por lo menos dos o tres kilómetros nos separan de las trincheras del Gobierno. Los peshmergas se pierden en conjeturas.

"Esta mañana he visto cinco soldados en este fortín", comenta un viejo combatiente bizco. "Yo estoy seguro de que por lo menos un buen centenar de ellos ha sido borrado del mapa", se regodea un jovencito que vive su primer combate.

Se acaba el bombardeo. Vuelve a sonar el canto de los pajaritos sobre la "tierra de nadie". En silencio, los peshmergas se retiran para fortificar la nueva línea del frente.

Cosechan minas

Alrededor de las antiguas posiciones del Gobierno, cinco peshmergas experimentados se encargan de recuperar las minas. Trabajan artesanalmente, explorando la tierra con un cuchillo antes de excavar la mina con las manos.

"Hay que tener mucho cuidado, comenta un peshmerga con una ancha sonrisa. Ayer un compañero perdió una mano. Será más cuidadoso la próxima vez".

Poco a poco, las minas se amontonan en medio de la pradera. Centenares de ellas. "Las pequeñas minas negras están hechas en Irak, comenta el jefe de equipo. Las tenemos que destruir. Pero las grandes minas ocres son de fabricación italiana, y las podemos inhabilitar destornillando el detonador. Estas nos las quedamos por si acaso." Llega un camión y un peshmerga echa, sin cuidado, las minas italianas en el remolque. Kurdistán es una de las regiones más minadas del mundo.

A lo largo de todo el frente del norte, este escenario se repite. Hostigados por precisos bombardeos, los soldados iraquíes abandonan sus posiciones y se repliegan unos kilómetros, dejando avanzar a los kurdos, generalmente sin combate.

Alrededor de Kirkuk, los peshmergas han avanzado en todos los frentes por lo menos 20 kilómetros; en Qushtapa y Kashka, en el lado KDP, pero también en Taq Taq, Kader Karim y Chamchamal, al este, zona de la UPK (Unión Patriótica del Kurdistán). En este último lugar, las tropas kurdas retomaron la ciudad de Kara Anjír, y un día después la cresta del sur, que domina Kirkuk desde unos escasos ocho kilómetros.

Reportajes habían mostrado lo cerca que estaban los peshmergas de Kirkuk. Casi inmediatamente, Jalal Talabani, líder de la UPK, ha prohibido la entrada a los equipos de periodistas, frente a la irritación del Ejército turco que amenazaba entrar en el Kurdistán para impedir el control kurdo en esta rica región petrolífera.

"No vamos a marchar sobre Kirkuk solos", se apresuró en precisar Barham Saleh, el primer ministro kurdo de la UPK. "Somos miembros de la alianza de la oposición y si avanzamos sobre Kirkuk, nos moveremos con los otros componentes turkmenos, árabes, chiíes y sunnitas, siempre bajo el liderazgo de la comandancia de la Coalición.

"En 1991, capturamos Kirkuk, pero lo perdimos en seguida porque no estábamos en Bagdad. Esta vez, queremos también participar en la liberación de Bagdad, para asegurar nuestro estatus en el próximo Irak".

Tras la visita de Colin Powell en Turquía, el Gobierno de Ankara renunció a sus planes invasores. "Estamos muy satisfechos por esta respuesta de nuestros hermanos turcos, se felicitó Mushiar Zebari, el portavoz de Masud Barzani, líder del PDK, y queremos dejar claro que Kirkuk no es nuestra prioridad, sino Bagdad como el resto de los iraquíes."

De acuerdo

Una bella unanimidad para resolver un agudo problema político. El jefe de los infiltrados kurdos en Kirkuk nos confía que el Ejército iraquí se ha retirado casi por completo de la capital petrolífera. "Podemos entrar en cualquier momento, precisa. Estos días, hemos traído más armas a la ciudad. Las defensas iraquíes son muy débiles ahora. Parece que el grueso de los soldados iraquíes se ha retirado de Kirkuk hacia Tikrit, Bagdad y Mosul. Si no entramos, es solamente por razones políticas. Kirkuk es una ciudad kurda, pero su petróleo es de todo Irak. Solo esperamos que los estadounidenses nos den la señal, y habrá poco combate."

Es extraño el avance de este Frente Norte, en el que grupitos de peshmergas harapientos van a paso lento bajo el paraguas protector de los bombardeos de la coalición. Aparte de los mil 500 paracaidistas que aterrizaron en el aeropuerto de Harir, y de los camiones de logística, finalmente autorizados a entrar por Turquía, Kurdistán no cuenta con ninguna fuerza ofensiva de la coalición. "Lo que nos falta son los tanques", asegura Hasán, capitán peshmerga. "Los norteamericanos no van a arriesgar la vida de sus soldados y no avanzarán sin tanques. Esperamos que lleguen pronto por Turquía". Pero la razón del lento avance en el norte puede también ser más política. El Ejército estadounidense espera el resultado de la batalla de Bagdad antes de actuar en el norte, nos confía un alto representante del PUK. "No quieren que les molestemos en su ofensiva, y prefieren dejar las cuestiones más delicadas, como Kirkuk y Mosul, para el final".


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