Sobre el robo del centenario
Mariela Sagel
El Museo del Hombre Panameño, o Museo Antropológico
Reina Torres de Araúz, se instaló en la antigua estación de tren
que está en la Plaza 5 de Mayo, en el año 1976. Su sólida estructura
fue erigida en 1855 y sirvió de terminal del primer ferrocarril
interoceánico que comunicó a las ciudades de Panamá y Colón. A la
fecha de su constitución, el museo marcaba un hito en la actividad
cultural del país, estando a la vanguardia en su conformación, manejo
y, sobre todo, en las valiosas piezas que formaban el patrimonio
de todos los panameños. En ese entonces, tanto la institución regidora
de la política cultural panameña, el Instituto Nacional de Cultura
y Deportes y el Departamento de Patrimonio Histórico estaban en
ciernes, y aún así estaban adelantadísimos en su concepción y en
la visión de lo que debía tener un museo que reflejara nuestra herencia
colectiva como nación.
La Sala del Oro, proporciones guardadas,
competía en riqueza con el famoso Museo del Oro, de Santa Fe de
Bogotá, Colombia. Finas piezas de orfebrería precolombina "de incalculable
valor artístico, histórico y antropológico", como señaló recientemente
la Dra. Ana Elena Porras, formaban parte de su colección. Y esas
piezas, precisamente en este año del centenario, fueron hurtadas
de manera muy sospechosa el fin de semana del 14 de febrero, sin
que hasta la fecha las autoridades encargadas de la investigación
hayan ofrecido explicaciones satisfactorias. Ante un acontecimiento
tan trascendental los más altos personeros del Gobierno, empezando
por la señora presidenta y su gabinete, estamentos de seguridad
y demás instancias debieron haber convocado a una conferencia de
prensa, hacer un llamado a toda la ciudadanía sobre el hecho lamentable
que había ocurrido, poner en alerta a los organismos internacionales
sobre una eventual fuga de las piezas del país, y distribuir tanto
local como en el exterior las fotografías y fichas técnicas que
referían la colección sustraída, ofreciendo, si era lo propio, una
recompensa por la valiosa colección. La actitud que han adoptado
ha sido todo lo contrario, como si el asunto no fuera un tema de
la colectividad sino uno privado, acorde con la forma en que no
manifestaron interés cuando la UNESCO (Oficina de Naciones Unidas
para la Educación y la Cultura) se llevó de Panamá su dirección
de comunicación, quizá por el prurito de que había sido un gobierno
PRD el que había logrado interesar a esa oficina a establecerse
en la Ciudad del Saber.
Apenas el 3 de febrero, en el auditorio del Museo
del Canal Interoceánico, el Dr. Eusebio Leal Spengler, historiador
de la Ciudad de La Habana, ofreció una exposición magistral de cómo
los grupos humanos involucrados en labores de restauración y rescate
aglutinan esfuerzos para preservar su herencia cultural que, a fin
de cuentas, es lo único que nos identifica como nación. Leal mostró
cómo la identificación del ser cubano ha hecho de La Habana Vieja
la joya de restauración que es, para orgullo de sus muchos residentes.
Y a nosotros nos quitan nuestra panameñidad precisamente en el año
que celebramos nuestros 100 años como nación independiente y soberana.
Y nuestras autoridades miran para otro lado como si el asunto no
fuera con ellos, ni siquiera por lo que representa el hecho de que
las piezas datan de varios siglos y nos identifican como nación.
Alarmados por la desidia con que se están manejando
las investigaciones, y preocupados por el destino de las 292 piezas
de orfebrería que más nadie ha visto -a pesar de las supuestas detenciones
que se han realizado- nos reunimos recientemente en la Defensoría
del Pueblo un grupo de ciudadanos preocupados por la situación imperante
y conformamos la Unión Cívica por el Rescate del Patrimonio Cultural.
Este grupo "tiene como objetivo solicitar a las autoridades del
país que asuman una posición más beligerante en la labor de preservación
y rescate del patrimonio cultural del país", según establece el
boletín informativo semanal de la Defensoría. Y fue buena la elección
de que fuera esa institución la sede de este primer esfuerzo, porque
hay que crear conciencia de que ese robo nos afecta a todos, es
una parte ancestral de nuestro pueblo y es absolutamente vinculante
con lo que somos como nación.
Participantes activos del grupo fueron los representantes
de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) quienes
invierten ingentes esfuerzos en rescatar las piezas robadas y brindan
apoyo técnico, si así lo requieren, a las autoridades competentes.
Esta organización, de carácter internacional, ha dado su voz de
alerta a otros países y también se realizan gestiones, a través
de la UNESCO -aunque ya no esté presente en nuestro país, pero que
tiene sus dominios de competencia en el tema- para que las piezas
sustraídas no terminen en los grandes museos como el Británico,
como ocurrió con las estatuas griegas o chinas que en su oportunidad
fueron robadas y que hoy día están en reclamo y litigio.
La posición del grupo de rescate no es otra sino
exigir que se investigue y, ojalá, se encuentren las piezas robadas,
todas las cuales cuentan con fichas técnicas y fotografías, aunque
ninguna autoridad ha mencionado este hecho. Igualmente, crear conciencia
sobre otros monumentos y piezas en peligro, como lo es la Iglesia
de San Francisco de la Montaña, en Veraguas, cuya restauración fue
sospechosamente mal adjudicada, mal manejada y ha sido objeto de
censuras a nivel internacional. Y hacer sentir a todos los panameños,
sin distingos de credo, raza o afiliación política, que todas esas
manifestaciones de arte, de orfebrería, de arquitectura, son parte
de nuestra historia, y como tal debemos cuidarlas y respetarlas.
Bien lo expresó uno de los asistentes a la reunión,
cuando se comentaba que precisamente en este año se comete el robo
del centenario. Decía que es tan grave el asunto, que se debería
cancelar hasta la celebración del concurso Miss Universo, que pareciera
ser el proyecto más importante (o el único) que tiene el gobierno
actual para celebrar nuestros 100 años de República. Porque Panamá
Capital Americana de la Cultura es un globo inflado que está a punto
de estallar, así como lo estarán los manejos cuestionables del Comité
del Centenario si la prensa de investigación apenas escarba un poquito.
Terminaremos, 100 años transcurridos como República, sin herencia
cultural y sin identidad como nación.
La autora es arquitecta y ex ministra de Gobierno
y Justicia
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