Panamá, 4 de abril de 2003
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Sociales
Horóscopo
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Sobre el robo del centenario

Mariela Sagel

El Museo del Hombre Panameño, o Museo Antropológico Reina Torres de Araúz, se instaló en la antigua estación de tren que está en la Plaza 5 de Mayo, en el año 1976. Su sólida estructura fue erigida en 1855 y sirvió de terminal del primer ferrocarril interoceánico que comunicó a las ciudades de Panamá y Colón. A la fecha de su constitución, el museo marcaba un hito en la actividad cultural del país, estando a la vanguardia en su conformación, manejo y, sobre todo, en las valiosas piezas que formaban el patrimonio de todos los panameños. En ese entonces, tanto la institución regidora de la política cultural panameña, el Instituto Nacional de Cultura y Deportes y el Departamento de Patrimonio Histórico estaban en ciernes, y aún así estaban adelantadísimos en su concepción y en la visión de lo que debía tener un museo que reflejara nuestra herencia colectiva como nación.

La Sala del Oro, proporciones guardadas, competía en riqueza con el famoso Museo del Oro, de Santa Fe de Bogotá, Colombia. Finas piezas de orfebrería precolombina "de incalculable valor artístico, histórico y antropológico", como señaló recientemente la Dra. Ana Elena Porras, formaban parte de su colección. Y esas piezas, precisamente en este año del centenario, fueron hurtadas de manera muy sospechosa el fin de semana del 14 de febrero, sin que hasta la fecha las autoridades encargadas de la investigación hayan ofrecido explicaciones satisfactorias. Ante un acontecimiento tan trascendental los más altos personeros del Gobierno, empezando por la señora presidenta y su gabinete, estamentos de seguridad y demás instancias debieron haber convocado a una conferencia de prensa, hacer un llamado a toda la ciudadanía sobre el hecho lamentable que había ocurrido, poner en alerta a los organismos internacionales sobre una eventual fuga de las piezas del país, y distribuir tanto local como en el exterior las fotografías y fichas técnicas que referían la colección sustraída, ofreciendo, si era lo propio, una recompensa por la valiosa colección. La actitud que han adoptado ha sido todo lo contrario, como si el asunto no fuera un tema de la colectividad sino uno privado, acorde con la forma en que no manifestaron interés cuando la UNESCO (Oficina de Naciones Unidas para la Educación y la Cultura) se llevó de Panamá su dirección de comunicación, quizá por el prurito de que había sido un gobierno PRD el que había logrado interesar a esa oficina a establecerse en la Ciudad del Saber.

Apenas el 3 de febrero, en el auditorio del Museo del Canal Interoceánico, el Dr. Eusebio Leal Spengler, historiador de la Ciudad de La Habana, ofreció una exposición magistral de cómo los grupos humanos involucrados en labores de restauración y rescate aglutinan esfuerzos para preservar su herencia cultural que, a fin de cuentas, es lo único que nos identifica como nación. Leal mostró cómo la identificación del ser cubano ha hecho de La Habana Vieja la joya de restauración que es, para orgullo de sus muchos residentes. Y a nosotros nos quitan nuestra panameñidad precisamente en el año que celebramos nuestros 100 años como nación independiente y soberana. Y nuestras autoridades miran para otro lado como si el asunto no fuera con ellos, ni siquiera por lo que representa el hecho de que las piezas datan de varios siglos y nos identifican como nación.

Alarmados por la desidia con que se están manejando las investigaciones, y preocupados por el destino de las 292 piezas de orfebrería que más nadie ha visto -a pesar de las supuestas detenciones que se han realizado- nos reunimos recientemente en la Defensoría del Pueblo un grupo de ciudadanos preocupados por la situación imperante y conformamos la Unión Cívica por el Rescate del Patrimonio Cultural. Este grupo "tiene como objetivo solicitar a las autoridades del país que asuman una posición más beligerante en la labor de preservación y rescate del patrimonio cultural del país", según establece el boletín informativo semanal de la Defensoría. Y fue buena la elección de que fuera esa institución la sede de este primer esfuerzo, porque hay que crear conciencia de que ese robo nos afecta a todos, es una parte ancestral de nuestro pueblo y es absolutamente vinculante con lo que somos como nación.

Participantes activos del grupo fueron los representantes de ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios) quienes invierten ingentes esfuerzos en rescatar las piezas robadas y brindan apoyo técnico, si así lo requieren, a las autoridades competentes. Esta organización, de carácter internacional, ha dado su voz de alerta a otros países y también se realizan gestiones, a través de la UNESCO -aunque ya no esté presente en nuestro país, pero que tiene sus dominios de competencia en el tema- para que las piezas sustraídas no terminen en los grandes museos como el Británico, como ocurrió con las estatuas griegas o chinas que en su oportunidad fueron robadas y que hoy día están en reclamo y litigio.

La posición del grupo de rescate no es otra sino exigir que se investigue y, ojalá, se encuentren las piezas robadas, todas las cuales cuentan con fichas técnicas y fotografías, aunque ninguna autoridad ha mencionado este hecho. Igualmente, crear conciencia sobre otros monumentos y piezas en peligro, como lo es la Iglesia de San Francisco de la Montaña, en Veraguas, cuya restauración fue sospechosamente mal adjudicada, mal manejada y ha sido objeto de censuras a nivel internacional. Y hacer sentir a todos los panameños, sin distingos de credo, raza o afiliación política, que todas esas manifestaciones de arte, de orfebrería, de arquitectura, son parte de nuestra historia, y como tal debemos cuidarlas y respetarlas.

Bien lo expresó uno de los asistentes a la reunión, cuando se comentaba que precisamente en este año se comete el robo del centenario. Decía que es tan grave el asunto, que se debería cancelar hasta la celebración del concurso Miss Universo, que pareciera ser el proyecto más importante (o el único) que tiene el gobierno actual para celebrar nuestros 100 años de República. Porque Panamá Capital Americana de la Cultura es un globo inflado que está a punto de estallar, así como lo estarán los manejos cuestionables del Comité del Centenario si la prensa de investigación apenas escarba un poquito. Terminaremos, 100 años transcurridos como República, sin herencia cultural y sin identidad como nación.

La autora es arquitecta y ex ministra de Gobierno y Justicia

Además en opinión

. ¡El futuro te necesita!: I. Roberto Eisenmann, Jr.
. Sobre el robo del centenario: Mariela Sagel
. Traidores a la patria en el aeropuerto de Tocumen: Amanda C. Acosta Filós de Spurlock
. Los grandes pueblos conservan más memoria: Matilde Rosales de Ardines





¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios¦ UH Deportes¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá