
Manual político
Gánate a tus electores
prometiendo cielo y tierra: no hay nada más crédulo que un pueblo
hambrientoy desempleado
Julio Briceño (Rac)
jbriceno@prensa.com
Que si preguntaran de qué color es el cabello
de Shakira o cuál es el último éxito discográfico de Dorindo Cárdenas,
pues va y pasa. Esos son conocimientos imprescindibles en la cultura
de un profesional de estos tiempos. Pero, no. Con tan pocos años,
los niños de hoy son crueles y disfrutan al poner a su pobre padre
en semejantes aprietos, porque una pregunta tan perversa desdice
de la tradicional ingenuidad que se le endilga a la niñez.
¿Qué cualidades se requieren para ser político?
En primer lugar asegúrate de obtener el calendario
completo de las fiestas patronales que se celebran a lo largo y
ancho del país. Y sobre todo, esmérate en ser uno de los abanderados
de las mismas: no hay cofradía más leal que la de los pachangueros
y libadores.
Luego, se requiere de la osadía para hablar y opinar
acerca de todo. No te preocupes si no sabes de nada, eso es lo de
menos mientras tu retórica conecte con las ambiciones de quienes
te escuchan. Y que tus intervenciones salgan publicadas en los medios,
porque político sin noticia y sin fotos es como un velorio sin muerto.
Desde ya ve haciéndote con un impresionante cúmulo
de excusas y acusaciones. Las primeras te servirán para esconder
tu incompetencia y las otras para encontrar a los chivos expiatorios
que carguen con la responsabilidad de tus errores. Jamás cometas
la locura de reconocer una falta, que para eso están tus subalternos:
para cargar con tus metidas de pata.
También debes saber que para estar en los jugosos
puestos del aparato gubernamental, tienes que pertenecer a un grupo
político: ellos son el puente que necesitas. Pero no te identifiques
ni te comprometas con ellos de manera tal que en las próximas elecciones
no puedas saltar al grupo político vencedor. Confirma, eso sí, que
los intereses de estos grupos coincidan plenamente con los de tu
bolsillo, de lo contrario estarás perdido.
Otra cualidad fundamental para ejercer el oficio
político es un férreo dominio de tu conciencia, hasta el extremo
de no tener reparos en sostener hoy una convicción y mañana mudarte
a defender la contraria porque resulta más conveniente a tus ambiciones.
Esmérate en aprender el sagrado arte de la tergiversación.
Nunca faltará en tu camino un atravesado que se apegue a la ley
y a los principios, y requerirás de todas tus mañas para desprestigiarlo
y rebajarlo a tu mismo nivel.
Jamás manifiestes interés por nada que no puedas
exhibir ante las cámaras fotográficas o las de televisión. Olvídate
de donaciones anónimas: que tu mano izquierda y las del resto del
país se enteren de lo que regala tu derecha.
Adquiere un estricto dominio de la historia, pero
no la de los libros, sino de la que te puedas inventar para figurar
como paladín y salvador de tus coterráneos. Que piensen en ti como
la única posibilidad para arreglar sus problemas; que no te robe
el sueño el simple hecho que resultes un fraude. Antes de las próximas
elecciones ya lo habrán olvidado.
Nunca pierdas el tiempo asistiendo a eventos sin
posibilidades de aparecer en los medios escritos y televisados.
Recuerda lo que decía el viejo Dalí: no importa si hablan bien o
mal de uno, lo importante es que hablen.
No pierdas oportunidad de cazar aquellas palabras
que tiñan tus peroratas de ese aire de sapiencia que impresiona
a las masas. Si no comprendes el significado no tiene importancia,
lo esencial es que sean rimbombantes: neoliberalismo, globalización,
posicionamiento, multilateral, plenario...
Y finalmente, nunca descuides las promesas. Y no
me refiero a cumplirlas, que eso es lo de menos. Tu promete, promete,
y vuelve a prometer. No dediques ni un segundo a reflexionar si
puedes cumplir o no. Tú promete. Gánate a tus electores prometiendo
cielo y tierra: no hay nada más crédulo que un pueblo hambriento
y desempleado. Cuando nuevamente necesites de sus votos, ya habrán
olvidado las anteriores y te los ganarás prometiéndoles todo lo
que no les prometiste la primera vez.
El autor es caricaturista
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