Preguntas sobre la ‘Casa grande’
Al revisar esta normativa
jurídica me doy cuenta de que en Panamá, más que leyes, lo que se
necesita es disposición de las autoridades para hacerlas cumplir
Guillermo A. Cochez
gcochez@cableonda.net
Luego del artículo que escribí (La Prensa,
12 de marzo 2003) sobre las “casas grandes” de la lotería clandestina,
un amigo, en son de broma, me preguntó si ya me habían llamado de
alguna “Casa grande” para contratarme como abogado, ya que esa gente
tenía demasiado poder como para permitir que alguien los llevase
al público. Esa llamada nunca la recibí, aunque sí recibí muchas
otras que me obligan a compartirlas, llevando al público y a las
autoridades una serie de preguntas sobre esta actividad ilícita
que, según me explican, hoy por hoy gana más que la Lotería Nacional
y goza del patrocinio delictivo de algunos funcionarios.
La Ley Orgánica de la Lotería Nacional de
Beneficencia, aprobada mediante Decreto de Gabinete 224 de julio
de 1969, establece que el presidente de la junta directiva de la
entidad es el ministro de Hacienda y Tesoro, hoy Economía y Finanzas,
por lo que creo que las denuncias que estos escritos contienen también
le conciernen a Norberto Delgado Durán, titular del cargo.
Dicha norma legal en su Artículo 37 señala que “queda
terminantemente prohibida la venta de billetes de loterías extranjeras,
a menos que esa venta sea autorizada por la junta directiva de la
Lotería Nacional de Beneficencia. Los infractores de esta disposición
serán penados por el Alcalde de Distrito en donde se intente vender
dicha lotería extranjera con multa de B/10.00 a B/1.000.00 y arresto
de un mes a un año, según la importancia de la infracción; penas
que serán dobladas en caso de reincidencia”. El Artículo 38, por
su parte, dice que “queda prohibida la venta de toda clase de juegos
clandestinos como bil, chance, bolita, one-two rifa y toda clase
de juegos de suerte y azar, cualquiera que sea su denominación o
que se les dé por quienes los vendan y compren. El que venda, juegue
o patrocine cualesquiera de estos juegos prohibidos, será sancionado
con prisión de un mes a 3 años y multa de B/100.00 a B/5.000.00,
y el comiso de los instrumentos y las sumas de dinero que posea
al ser sorprendido. Al cómplice, encubridor o comprador o el que
en cualquier otra forma colabore con esta actividad se le aplicará
la mitad de la pena”. El mismo artículo señala que conocen de este
tipo de violaciones los alcaldes del distrito respectivo.
En 1970, mediante el Decreto de Gabinete No. 57,
se decidió facultar a los agentes de la Guardia (hoy Policía Nacional)
y del DENI (hoy PTJ), a los inspectores de Vigilancia Fiscal (MEF),
a los auditores de la Dirección General de Ingresos, a los inspectores
del Ministerio de Comercio, pero siempre debidamente autorizados
por la Lotería Nacional para que en nombre de la institución persigan
y aprehendan a los infractores de esta disposición (Artículo 38),
los que pondrán a órdenes de la alcaldía respectiva. El Artículo
39 por su parte también prohibió la venta de billetes y chances
“casados”, basados en cualquier otro sistema que no sea la venta
de billete o chance, so pena de multas hasta de B/.1.000.00 o arresto
de 15 días a un año y la cancelación de la libreta o del contrato
con la Lotería. O sea, que si la Lotería no hace nada, nadie más
puede hacer nada, y las “Casas grandes” siguen haciendo de las suyas.
Al revisar esta normativa jurídica me doy cuenta
de que en Panamá, más que leyes, lo que se necesita es disposición
de las autoridades para hacerlas cumplir. En Panamá se venden abiertamente
la lotería de Miami y la de Costa Rica; se conocen los lugares dónde
conseguirlas y quiénes son los encargados de traerlas y venderlas.
La de Miami, que allá se consigue en un dólar, aquí la encuentras
a dos en algunos semáforos de la capital. Por donde uno va, hay
números que solo se pueden comprar “casados”. Me cuentan quienes
me han escrito que las “Casas grandes” están por todo el país. En
La Chorrera solo hay que ir al mercado público. En Aguadulce hasta
los miembros de la PTJ la compran. En las ciudades, los que más
compran son los que más tienen, dándome ejemplos de médicos que
compran en grandes cantidades, así como empresarios de la Zona Libre.
Las preguntas que hago ahora las hice el pasado
18 de marzo en solicitud que le estoy haciendo a la directora de
la Lotería y al alcalde Navarro, basado en la Ley de Transparencia,
porque todo parece indicar que el problema central radica en esa
entidad presidida por el ministro del MEF, que no hace absolutamente
nada para impedir que sigan proliferando dichos actos ilícitos,
que tanto desmedro causan al Tesoro Nacional, o simplemente son
los alcaldes que no procesan las denuncias de la Lotería, si es
que ésta las hace. No recuerdo haber recibido ninguna denuncia al
respecto cuando fui alcalde de Panamá.
La palabra la tiene tanto la directora de la Lotería,
encargada de investigar los casos para ponerlos en manos del alcalde
respectivo; como en el distrito que investigo, Juan Carlos Navarro
y, por supuesto, los más altos representantes del Gobierno que debe
saber perfectamente bien quiénes son los que manejan este negocio
que les reporta tan enormes ganancias a quienes se dedican a él
y no le dan un solo centavo al Tesoro Nacional, el mismo del cual
está encargado precisamente el presidente de la directiva de la
Lotería, el ministro del MEF, Dr. Norberto Delgado Durán.
El autor es abogado y ex legislador de la
República
Además en opinión
•
Darién: ñamerías, claridades y preocupaciones:
I. Roberto Eisenmann, Jr.
• Entre la guerra y la
paz: Carlos M . Arango Jr.
• Cuenca del Chagres,
crónica de una muerte anunciada: Eduardo A. Esquivel Ríos
• Preguntas sobre la
‘Casa grande’: Guillermo A. Cochez
|