Panamá, 28 de marzo de 2003
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Cuenca del Chagres, crónica de una muerte anunciada

No puede haber contaminación sin deforestación, y la urbanización significa deforestación

Eduardo A. Esquivel Ríos
eesquivel_rios@hotmail.com

Hablar de la cuenca del río Chagres es hablar de la cuenca hidrográfica del Canal. Los lagos Gatún y Alajuela, y sus afluentes forman la única cuenca hidrográfica del Canal. El río Chagres no se muere...al río Chagres lo asesinan.

Por alguna razón que desconozco, ahora “descubren” que la cuenca del Chagres está contaminada. Estos datos no son nada nuevos, ni se ha descubierto el agua tibia. Hay estudios detallados y datos de por lo menos hace 30 años de la alarmante contaminación de los lagos Alajuela y Gatún. Los niveles de materias fecales y bacterias superaban desde entonces los límites permitidos. Los técnicos estadounidenses del Canal advirtieron a Panamá de esto desde hace mucho y, aparte de algunas noticias en los diarios, la reacción fue totalmente nula.

Ahora se habla de un proyecto de monitoreo de la cuenca del Canal, que se llevó a cabo entre 1996 y el 2000 por el Smithsonian (que supongo no fue gratis...). Monitoreo, valga el anglicismo, es detección por medio de aparatos. Ni el monitoreo ni la retórica ilustrada detienen la deforestación ni la contaminación. Gran parte de este monitoreo se hizo a través de satélites. Pero la reforestación no se hace a través de satélites. Por los resultados esto es evidente.

Es absolutamente falso y hasta irrisorio decir que se ha “detenido la deforestación” en el área de la cuenca, como aparece en una nota de este diario (“En el Chagres, alarmante contaminación”. Sofía K. de Kosmas. La Prensa. Primera Plana. 27/febrero/2003), declaración atribuida al sociólogo (y ex director del INRENARE...a propósito), Stanley Heckadon, del STRI. Aparte de algunos proyectos privados de plantaciones comerciales de teca –especie exótica inapropiada para la cuenca, ya que incrementa la erosión y es perjudicial para la fauna local– no se sabe de ningún proyecto de reforestación masiva de la ACP. Se sabe que al plantar teca se destruyen totalmente los pocos bosques nativos que hay en la cuenca, por lo que es inexplicable que se siga autorizando su plantación en estas áreas. Además, no puede haber contaminación sin deforestación, y la urbanización significa deforestación, como bien lo sabe cualquier ambientalista.

Para muestra, un botón: hace menos de seis meses, Juan H. Díaz, director de Seguridad (SIC) de la ACP, envió una nota al programa Ambiental de las Naciones Unidas donde informa que en la cuenca del Canal hay actualmente 275 mil hectáreas deforestadas. “Panamá solicita a la ONU ayuda para reforestar el Canal” (“Panama says UN to aid canal reforestation”. Planet Ark. Sept/6/2002). Por otro lado, la llamada Comisión Interinstitucional para la Cuenca Hidrográfica, CICH, es un apéndice de la APC con funciones políticas para tratar el asunto del proyecto de los embalses, cosa en la que al parecer ha fracasado totalmente. Su contribución efectiva contra la deforestación o contaminación de la cuenca es nula.

Es muy raro que los funcionarios de la ACP, ANAM y STRI se sorprendan de estos niveles de contaminación de las aguas, cuando ellos mismos han aprobado, o permitido, recientemente, proyectos contaminantes como la enorme porqueriza de Arosemena, cerca de Cerro Cama, que producirá mas de 100 toneladas de excrementos por día y cuyo drenaje natural es el río Caño Quebrado, que desemboca cerca de Laguna Alta, a pocos kilómetros de la toma de agua del nuevo acueducto de Panamá Oeste. De hecho, ya todo el sistema de agua potable de la población de Cerro Cama está inservible por el derrame “accidental” de las lagunas de sedimentación de la porqueriza. Y el silencio de la ANAM, MINSA y la ACP es “sepulcral”....y sospechoso.

El Smithsonian, como consultoría privada, tiene experiencia en estos asuntos, ya que participa de un contrato con la ACP por casi 2 millones de dólares para estudios que faciliten la construcción de los embalses en Coclé del Norte y Colón, en la mal llamada “Cuenca Occidental” del Canal, que provocaría la inundación de tierras agrícolas que ocupan ahora más de 50 mil personas, con la finalidad de la creación de unas hidroeléctricas y plantas potabilizadoras de agua, supuestamente para que la ACP o empresas contratistas le vendan electricidad y agua potable al pueblo panameño. Y de paso, el agua “excedente” sirva para mantener los niveles del lago Gatún para el funcionamiento del Canal ampliado.

No quiero pensar que sea cierta la hipótesis maquiavélica que circula en el medio, de que se está dejando, a propósito, que la cuenca del Chagres (y la del Canal) se deteriore, para justificar el proyecto de los embalses de Coclé del Norte y Colón. Que se está dejando que nuestras fuentes naturales de agua potable se deterioren para beneficiar el pingüe negocio de las embotelladoras de agua y las plantas potabilizadoras privadas que están en proyecto. Y que se zancadillea todos los proyectos del IDAAN por la misma causa. Esto sería, más que un “juega vivo”, un hecho criminal. Y es vergonzoso que haya supuestos científicos panameños respaldando, por comisión u omisión, estas sinvergüenzuras.

Para terminar, basta con citar textualmente el acertado editorial de La Prensa del día 2 de marzo pasado: “Es evidente que la aplicación de todos los planes preparados para evitar el deterioro y revertir los daños causados a la cuenca no están produciendo los resultados técnicos enunciados. Son meras palabras que se lleva el viento y chorros de fondos públicos que se derrochan para sostener una burocracia gubernamental ineficiente”...más claro no canta un gallo.

El autor es consultor agroforestal y ambiental

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