Cuenca del Chagres, crónica de una
muerte anunciada
No puede haber contaminación
sin deforestación, y la urbanización significa deforestación
Eduardo A. Esquivel Ríos
eesquivel_rios@hotmail.com
Hablar de la cuenca del río Chagres es hablar
de la cuenca hidrográfica del Canal. Los lagos Gatún y Alajuela,
y sus afluentes forman la única cuenca hidrográfica del Canal. El
río Chagres no se muere...al río Chagres lo asesinan.
Por alguna razón que desconozco, ahora “descubren”
que la cuenca del Chagres está contaminada. Estos datos no son nada
nuevos, ni se ha descubierto el agua tibia. Hay estudios detallados
y datos de por lo menos hace 30 años de la alarmante contaminación
de los lagos Alajuela y Gatún. Los niveles de materias fecales y
bacterias superaban desde entonces los límites permitidos. Los técnicos
estadounidenses del Canal advirtieron a Panamá de esto desde hace
mucho y, aparte de algunas noticias en los diarios, la reacción
fue totalmente nula.
Ahora se habla de un proyecto de monitoreo de la
cuenca del Canal, que se llevó a cabo entre 1996 y el 2000 por el
Smithsonian (que supongo no fue gratis...). Monitoreo, valga el
anglicismo, es detección por medio de aparatos. Ni el monitoreo
ni la retórica ilustrada detienen la deforestación ni la contaminación.
Gran parte de este monitoreo se hizo a través de satélites. Pero
la reforestación no se hace a través de satélites. Por los resultados
esto es evidente.
Es absolutamente falso y hasta irrisorio decir que
se ha “detenido la deforestación” en el área de la cuenca, como
aparece en una nota de este diario (“En el Chagres, alarmante contaminación”.
Sofía K. de Kosmas. La Prensa. Primera Plana. 27/febrero/2003),
declaración atribuida al sociólogo (y ex director del INRENARE...a
propósito), Stanley Heckadon, del STRI. Aparte de algunos proyectos
privados de plantaciones comerciales de teca –especie exótica inapropiada
para la cuenca, ya que incrementa la erosión y es perjudicial para
la fauna local– no se sabe de ningún proyecto de reforestación masiva
de la ACP. Se sabe que al plantar teca se destruyen totalmente los
pocos bosques nativos que hay en la cuenca, por lo que es inexplicable
que se siga autorizando su plantación en estas áreas. Además, no
puede haber contaminación sin deforestación, y la urbanización significa
deforestación, como bien lo sabe cualquier ambientalista.
Para muestra, un botón: hace menos de seis meses,
Juan H. Díaz, director de Seguridad (SIC) de la ACP, envió una nota
al programa Ambiental de las Naciones Unidas donde informa que en
la cuenca del Canal hay actualmente 275 mil hectáreas deforestadas.
“Panamá solicita a la ONU ayuda para reforestar el Canal” (“Panama
says UN to aid canal reforestation”. Planet Ark. Sept/6/2002). Por
otro lado, la llamada Comisión Interinstitucional para la Cuenca
Hidrográfica, CICH, es un apéndice de la APC con funciones políticas
para tratar el asunto del proyecto de los embalses, cosa en la que
al parecer ha fracasado totalmente. Su contribución efectiva contra
la deforestación o contaminación de la cuenca es nula.
Es muy raro que los funcionarios de la ACP, ANAM
y STRI se sorprendan de estos niveles de contaminación de las aguas,
cuando ellos mismos han aprobado, o permitido, recientemente, proyectos
contaminantes como la enorme porqueriza de Arosemena, cerca de Cerro
Cama, que producirá mas de 100 toneladas de excrementos por día
y cuyo drenaje natural es el río Caño Quebrado, que desemboca cerca
de Laguna Alta, a pocos kilómetros de la toma de agua del nuevo
acueducto de Panamá Oeste. De hecho, ya todo el sistema de agua
potable de la población de Cerro Cama está inservible por el derrame
“accidental” de las lagunas de sedimentación de la porqueriza. Y
el silencio de la ANAM, MINSA y la ACP es “sepulcral”....y sospechoso.
El Smithsonian, como consultoría privada, tiene
experiencia en estos asuntos, ya que participa de un contrato con
la ACP por casi 2 millones de dólares para estudios que faciliten
la construcción de los embalses en Coclé del Norte y Colón, en la
mal llamada “Cuenca Occidental” del Canal, que provocaría la inundación
de tierras agrícolas que ocupan ahora más de 50 mil personas, con
la finalidad de la creación de unas hidroeléctricas y plantas potabilizadoras
de agua, supuestamente para que la ACP o empresas contratistas le
vendan electricidad y agua potable al pueblo panameño. Y de paso,
el agua “excedente” sirva para mantener los niveles del lago Gatún
para el funcionamiento del Canal ampliado.
No quiero pensar que sea cierta la hipótesis maquiavélica
que circula en el medio, de que se está dejando, a propósito, que
la cuenca del Chagres (y la del Canal) se deteriore, para justificar
el proyecto de los embalses de Coclé del Norte y Colón. Que se está
dejando que nuestras fuentes naturales de agua potable se deterioren
para beneficiar el pingüe negocio de las embotelladoras de agua
y las plantas potabilizadoras privadas que están en proyecto. Y
que se zancadillea todos los proyectos del IDAAN por la misma causa.
Esto sería, más que un “juega vivo”, un hecho criminal. Y es vergonzoso
que haya supuestos científicos panameños respaldando, por comisión
u omisión, estas sinvergüenzuras.
Para terminar, basta con citar textualmente el acertado
editorial de La Prensa del día 2 de marzo pasado: “Es evidente que
la aplicación de todos los planes preparados para evitar el deterioro
y revertir los daños causados a la cuenca no están produciendo los
resultados técnicos enunciados. Son meras palabras que se lleva
el viento y chorros de fondos públicos que se derrochan para sostener
una burocracia gubernamental ineficiente”...más claro no canta un
gallo.
El autor es consultor agroforestal y ambiental
Además en opinión
•
Darién: ñamerías, claridades y preocupaciones:
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• Cuenca del Chagres,
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