Panamá, 23 de marzo de 2003
 
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Perspectiva
¿Quién mató a Colosio?

Rubén Aburto planea cómo liberar a su hijo. Es su misión. “Estoy seguro de que mi hijo no fue”, me dice

Jorge Ramos Avalos

Luis Donaldo Colosio
Miami. -Rubén Aburto, a sus 56 años, nunca antes se había subido a un avión. El primero lo tomó hace unos días para viajar de Los Angeles a Miami y realizar esta entrevista. Rubén Aburto me había dicho por teléfono que estaba enojado, muy enojado, y que quería decirlo todo sobre su hijo, Mario Aburto, acusado de ser el único responsable de la muerte del candidato priísta a la Presidencia de México, Luis Donaldo Colosio. Efectivamente, cuando empecé a hablar con él, Rubén Aburto venía enojado y lo dijo todo. Ni siquiera las fuertes medicinas que está tomando contra las úlceras y el dolor de espalda lo hicieron detenerse.

Este hombre que solo terminó el sexto grado de primaria en Michoacán, México, y que vino por primera vez a Estados Unidos en 1972 es, desde 1986, residente legal de este país. Su esposa de toda la vida es María Luisa. Con la excepción de Mario, todos sus hijos –Rafael, Rubén Jr., José Luis, Elizabeth y Karina– viven en Estados Unidos desde 1995 debido a las amenazas de muerte que han recibido en México. Su esposa y una de sus hijas, dice Rubén Aburto, fueron obligadas a desnudarse en una de las tantas averiguaciones judiciales. Esa afrenta él no la perdona.

Mario es el único de la familia Aburto que vive en México. Para ser más exactos, está en la prisión de Almoloya de Juárez donde cumple una condena de 45 años por el asesinato de Colosio. Desde 1994 hasta el 2000 estuvo totalmente aislado del resto de la población del penal de alta seguridad. Pero con la entrada de Fox a la presidencia le han permitido comer y conversar con otros reos, y hasta jugar fútbol y basquetbol en el patio de la prisión. Sin embargo, Mario Aburto aún duerme solo y está vigilado las 24 horas al día. Esto me lo contó su padre basado en las pláticas telefónicas que tienen.

Rubén Aburto venía bien preparado para la entrevista. Me atrevería a decir que llevaba años pensando en lo que iba a decir. Me dijo que sospecha de los periodistas mexicanos porque, alguna vez, funcionarios de los gobiernos de Carlos Salinas de Gortari y de Ernesto Zedillo se hicieron pasar por reporteros y que otros que sí eran periodistas no se atrevieron a publicar lo que él decía.

Rubén Aburto me dio un montón de documentos que, a su entender, probaban una conspiración gubernamental para matar a Colosio, para encubrir el asesinato y para usar a su hijo, Mario, como chivo expiatorio del crimen. Los documentos, decenas de ellos, incluyen recortes de periódicos, fotografías del día del crimen –23 de marzo de 1994– y numerosos reportes de los cinco fiscales que nunca pudieron dar con un motivo por el asesinato ni con los autores intelectuales.

Pero lo más importante que traía Rubén Aburto era unos pequeños casetes –seis o siete– con las grabaciones de las conversaciones telefónicas que ha sostenido con su hijo durante casi nueve años. “Un día voy a hacer un libro”, me dijo. Rubén Aburto no se separa de esos casetes. Los trata con una delicadeza como si su vida dependiera de ellos.

Me dejó escuchar varios de ellos. En uno, grabado a principios de 1995, se oye claramente a Mario Aburto decir: “Mira papá, si no han agarrado al verdadero asesino material ¡imagínate! Nunca van a poder agarrar tampoco al intelectual”. Un poco más adelante se escucha a Mario Aburto asegurar que “si un día me llegan a matar por cualquier cosa, lo importante es que la gente ya sabe que fue el mismo gobierno que lo mató (a Colosio) y que yo no fui”.

“El Gobierno mató al propio licenciado Colosio”, dice Mario Aburto en la cinta de audio. “Mira, las autoridades al no tener a la mano a los verdaderos culpables agarran a un chivo expiatorio para acallar a la gente y mantenerla calmada…las personas que vinieron a torturarme me hicieron comentarios sobre eso también”.

Tortura. Tanto Mario Aburto, en la cinta de audio, como su padre Rubén, aseguran que fue bajo tortura y con otros métodos coercitivos que Mario fue obligado a decir que él había asesinado a Colosio. “Mi único pecado es haber sido pobre”, oigo decir en una vieja grabadora negra a Mario Aburto, “y no tener para haber pagado a un abogado defensor particular que me defendiera”. Hasta aquí la voz de Mario Aburto.

Me senté junto a Rubén Aburto frente a una pantalla de televisión y empezamos a ver los videos de ese 23 de marzo de 1994 en Lomas Taurinas, Tijuana. Vimos una y otra vez el momento del disparo contra la cabeza de Colosio. Pero nunca se puede ver la cara del pistolero.

Nadie ha hablado más con Mario Aburto sobre el caso Colosio que su propio padre. Rubén Aburto piensa que, posiblemente, dentro de “la escolta presidencial que cuidaba” a Colosio están sus verdaderos asesinos.

Rubén Aburto no está seguro, siquiera, que la persona arrestada en Lomas Taurinas, momentos después de la muerte de Colosio, sea su hijo. El arrestado en el video tiene el pelo largo y bigote. “Mi hijo es lampiño”, me dice Rubén Aburto, y no tenía bigote. Además, dice su padre, Mario se había cortado el pelo 15 días antes y el arrestado en el video “está greñudo”.

Jorge Ramos (JR) –¿Es probable que la persona que arrestaron en Lomas Taurinas no sea su hijo?

Rubén Aburto (RA) –Es probable que no sea. Hay personas idénticas a mi hijo que pudo haber metido el Gobierno.

JR. Las declaraciones oficiales indican que Mario Aburto reconoce haber matado a Luis Donaldo Colosio.

RA. –No. El dice lo que ellos quieren que diga.

JR. Pero ¿por qué se va a incriminar él mismo?

RA. –Es a base de torturas y amenazas de muerte a él y a la familia…Cuando lo agarran en Lomas Taurinas a mi hijo se lo llevan, no directamente a la PGR (Procuraduría General de la República) de Tijuana, sino se lo llevaron a las orillas de Tijuana. Estuvo ahí y lo torturaron. Estuvo presente en la tortura el gobernador de Sonora Mario Fabio Beltrones. Eso está confirmado de que ese estuvo presente en la tortura de mi hijo…Hay pruebas de eso, verdad, de que a mi hijo lo torturaron. Y le dijeron a mi hijo: si no te das culpable vamos a matar a tu mamá, a tu papá y a tus hermanos…a todos…Por eso mi hijo se dio culpable, porque lo amenazaron de muerte a él y a la familia. Eso es lo que le he dicho a todos los periodistas y sigo diciéndolo y gritándolo al mundo entero.

Le muestro a Rubén Aburto un programa de televisión en el que aparece su hijo Mario, en la cárcel, participando en una recreación del crimen de Colosio. Mario Aburto, en el video, reconoce haber hecho el primer disparo a la cabeza de Colosio, pero no el segundo que impactó al candidato en el estómago. Hubo otro pistolero, se escucha decir a Mario Aburto en la cinta.

JR. –Su hijo, señor Aburto, está reconociendo ante una cámara de video que él mató a Colosio.

RA. –No, él no lo mató. A él ahí (y apunta a la pantalla) lo están obligando a hacer una obra de teatro.

JR. –¿Es una mentira?

RA. –Sí, es una mentira…Hay declaraciones de mi hijo ahí en Almoloya en que lo han inyectado, le pusieron droga a él.

JR. –Usted dice que su hijo no mató a Colosio… ¿Quienes fueron, entonces?

RA. –Yo digo lo que ha dicho don Luis Colosio Fernández: que fueron dos tiradores del Gobierno los que asesinaron a su hijo.

JR. –¿Qué evidencia tiene de esto, señor Aburto, que fueron dos tiradores del Gobierno (los que asesinaron a Colosio)?

RA. Bueno, hay evidencias de que el ex presidente Carlos Salinas de Gortari en sus declaraciones acusa a Luis Echeverría. Y luego Luis Echeverría acusa a Carlos Salinas de Gortari. Entonces se comprende que este es un asesinato de los altos niveles del Gobierno. Esas son las evidencias que hay, ellos lo han dicho…es un asesinato político de las altas esferas del Gobierno.

Rubén Aburto me comentó que él vio por televisión una entrevista que yo había tenido con Carlos Salinas de Gortari el 6 de octubre del 2000 en la ciudad de México. “¿Mandó usted matar a Colosio?”, le pregunté en ese entonces a Salinas. “Luis Donaldo Colosio era mi amigo entrañable”, me contestó el ex presidente. “Quienes afirman que Donaldo Colosio y yo tuvimos una diferencia, no conocen los diálogos intensos, la relación directa y el trabajo común político a lo largo de 15 años”. “¿Usted no tuvo nada que ver con el asesinato de Colosio?”, insistí. “Yo fui de los que más perdieron con la muerte de Colosio”, respondió molesto Salinas.

JR. –Yo tuve la oportunidad de hablar con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari y él me dijo que no había mandado matar a Colosio.

RA. –Bueno, se comprende que el licenciado Colosio...dio un discurso y en ese discurso el licenciado Colosio dio evidencias de lo que iba a hacer en el país. Se comprende que por ese discurso él dijo que se iba a separar al PRI del gobierno.

JR. –O sea, ¿usted cree que fue una conspiración del gobierno de Salinas de Gortari la que culminó con la muerte de Colosio?

RA. –Mi teoría es, pues, que sí. Que sí. Posiblemente el gobierno de Salinas sí pudo haber sido.

JR. –¿No tiene evidencias de esto?

RA. –Las evidencias son que ellos, mutuamente, se están acusando...Carlos Salinas de Gortari acusa al ex presidente Luis Echeverría Alvarez y Luis Echeverría Alvarez acusa al licenciado Carlos Salinas de Gortari.

JR. –Yo no he escuchado esas declaraciones. Pero usted ¿sí las ha escuchado?

RA. Las he visto dentro del periodismo. Las he leído.

Paramos para ver de nuevo, en la pantalla de televisión, el momento en que Colosio recibe un balazo en el cráneo y cae al suelo. El estudio de televisión donde entrevisto a Rubén Aburto está helado; se apagan las luces y ahora está totalmente oscuro. Rodamos la cinta. La piel se me pone como carne de gallina, igual que la primera vez que vi ese video. En cámara lenta, superlenta, una y otra vez nos quedamos con los ojos fijos, incrédulos, en la mano que dispara. “Este es el momento en el que matan a Colosio el 23 de marzo”, le digo a Rubén Aburto. “Ahí está”. No me dice nada. Por varios minutos tratamos de encontrar a su hijo, Mario Aburto, entre las personas que rodean a Colosio antes de su muerte. No lo vemos.

“Mi hijo nunca estuvo cerca de Colosio”, asegura desafiante, confiado, Rubén Aburto. “Nunca estuvo cerca”.

Posdata. Rubén y Mario Aburto hablan 10 minutos por teléfono cada tres o cuatro meses. Mario Aburto habla por cobrar desde la cárcel a la casa de su padre en California, cerca de Los Angeles. “Gano muy poco”, me dice a manera de explicación, “y las llamadas telefónicas están muy caras”. Pero Rubén Aburto ha vuelto a hablar del caso Colosio –nueve años después de su muerte– porque está convencido de la inocencia de su hijo y porque está buscando a un abogado privado que logre reabrir el caso. Varios abogados se han negado a hacerlo por miedo, me dijo. Uno que iba a retomar el caso recibió una amenaza de muerte contra su familia y se retiró inmediatamente. “¿No sabe usted quién me podría ayudar?”, me preguntó antes de irse al aeropuerto de Miami para tomar su vuelo –el segundo de su vida– a Los Angeles. Allá, medio escondido, está su refugio. Y desde allá todos los días Rubén Aburto planea cómo liberar a su hijo. Es su misión. “Estoy seguro de que mi hijo no fue”, me dice. Y si no fue él, entonces ¿quién o quiénes?

El autor es periodista de Univisión


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