
El usuario del transporte, en el
cepo nuevamente
Si las negociaciones entre
el Gobierno y los transportistas no dan resultado de aquí al lunes,
los usuarios volveremos a pagar el precio
Vianey Castrellón
vcastrellon@prensa.com
Pocas cosas logran levantar tanta pasión
en el país como los problemas del sector transporte.
Hace poco más de un año, la unificación del
pasaje del transporte colectivo a 25 centésimos provocó una de las
peores manifestaciones públicas en el país.
Esta vez no hay amenaza de aumento de por medio
ni se ha convocado a ninguna marcha multitudinaria, pero la paralización
del transporte en el país pende como espada de Damocles.
El estallido de la guerra en Irak quizá le restó
relevancia a la advertencia lanzada por los transportistas en su
asamblea general: paralizar el país el próximo lunes.
La decisión adoptada por mayoría no fue tan fácil.
Un optimista presidente de la Cámara Nacional del Transporte (CANATRA),
Esteban Rodríguez, vaticinaba a su llegaba al hotel, donde se realizó
la asamblea, que las propuestas gubernamentales evitarían un paro.
Del otro lado de las negociaciones, el Ejecutivo
también esperaba que el borrador enviado sería suficiente para satisfacer
a los transportistas.
El viceministro de Gobierno y Justicia, Alejandro
Pérez, habló incluso del establecimiento de un fideicomiso mínimo
de 10 millones de dólares para subsidiar el alza en el precio del
diesel y del combustible cuando sus precios subiesen.
Las bases transportistas, sin embargo, opinaron
lo contrario. Fueron más las objeciones que las aprobaciones, mientras
Rodríguez leía un borrador escrito con su puño y letra, sobre lo
que el Ejecutivo les ofrecía.
A medida que aumentaban los gritos de “un transportista
unido jamás será vencido”, era más palpable que no habría acuerdo
con el Gobierno.
Los transportistas, sin embargo, tienen mucha experiencia
en negociar y dejaron la puerta abierta para que el Gobierno presente
su contrapropuesta. “Es el eterno tira y jala entre ambos”.
Ellos conocen el poder de presión que ostentan por
ser los responsables de trasladar a miles de panameños, todos los
días, en sus buses y taxis.
En ocasiones anteriores, dejar a los usuarios sin
vehículos para movilizarse les ha funcionado como táctica para convencer
al Gobierno. Con ello consiguieron el aumento de los 10 centésimos
en el pasaje, además de otras prebendas como fue la línea de crédito
de 30 millones de dólares del Banco Nacional de Panamá.
Para el Gobierno esto representó, en sus propias
palabras, un alto costo político. No obstante, para nosotros, los
usuarios, significó largas horas de espera en las paradas y jornadas
de trabajo perdidas.
Todo esto para conseguir lo que nos corresponde
por derecho: autobuses sin asientos rotos, troneras ni letreros
con mensajes inmorales.
Si las negociaciones entre el Gobierno y los transportistas
no dan resultado de aquí al lunes, los usuarios volveremos a pagar
el precio cuando el transporte colectivo y selectivo se paralice.
La autora es periodista
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