Panamá, 20 de marzo de 2003
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Endara, producto insólito para los estrategas de campañas

¿Serán nuestros candidatos ellos mismos?... Al menos, hasta ahora, quien sí ha sabido serlo, y extraordinariamente, es Cuchungo Endara

Roberto Díaz Herrera

Cada época electoral asoma a Panamá –y a los principales candidatos presidenciales– al tema técnico, pero indudablemente sociológico y psicológico de las estrategias de imagen, de los trucos para preparar y mejorar las características de los candidatos. En efecto, estos personajes son sometidos a cirugías mayores, verdaderas reingenierías en sus actitudes gestuales, discursos, modo de vestir, de hablar, etc. Es uno de los negocios más prósperos en los países industriales, especialmente en Estados Unidos y en países de Europa, pero hoy también en Latinoamérica donde se facturan cuentas multimillonarias que van a las arcas de empresas de publicidad, mercadeo, relaciones públicas, de imagen, etc., las cuales emplean a profesionales de múltiples disciplinas para interpretar –como videntes modernos– las tendencias, gustos, afinidades, necesidades de la población votante, nada menos que para decirle a sus candidatos-clientes “cómo caer mejor o cómo engañar mejor” a los potenciales votantes. Todo esto es parte de la comercialización de todas las carreras y profesiones, incluyendo la profesión de la política, arte, argucia, y en ocasiones, aunque en pequeñas dosis, servicio y ética.

Panamá no escapa a estas actividades y asesorías, y desde hace unos 20 años ya se gastan sumas de millones en esas campañas de orientación y guía a los candidatos, que sin duda representan un apoyo a sus pretensiones, siendo a veces de resultados muy positivos, y otras de gran desencanto, como lo muestra el pasado reciente, cuando las encuestas mostraron triunfos que luego no se reflejaron en la práctica, pese a los sabores que nos han quedado sobre el manejo de la probidad electoral en algunos asuntos de tipo electrónico, según rumores insistentes y reiterados de la elección presidencial pasada, que agrava las sospechas que ahora existen en la población sobre la imparcialidad y pureza de los próximos torneos, a partir del problema grave de las cédulas extra encontradas, no obstante los esfuerzos serios del Tribunal Electoral sobre tal tema.

Me parece todo un fenómeno el “caso Endara”. Empujado y auto-impulsado tanto por un grupo como por el mismo político ducho, el ex presidente se ha remontado en las encuestas últimas de La Prensa. Es increíble que ninguno de los candidatos que aspiran a llevar la representación de partidos pujantes como el arnulfismo, con políticos inteligentes y astutos, que tienen “orientadores técnicos” y que ya están gastando fuertes sumas en sus publicidades, tengan cuotas de posicionamiento del calibre de las de Endara que, sin publicidad técnica, casi empata ya las preferencias de Alberto Vallarino. Y tal cosa nos parece que le pega una cierta cachetada a los que rodean a los candidatos presidenciales que les aconsejan dejarse guiar como títeres acartonados, los cuales para poder actuar, hablar, reírse, ponerse serio, llevarse la presa de pollo a la boca, estirar las piernas, tomarse el vaso de agua, secarse con su pañuelo el sudor, hacer un guiño de ojo a una muchacha en la grada, tenga primero que tener la aprobación de los manejadores de la campaña. Y tal es así, que estoy seguro de que –y si no que me desmientan– básicamente, estructuralmente, los resultados del boom de Endara no han sido para nada producto de estas técnicas científicas y carísimas de los especialistas en imagen y manejo de líderes. Endara es producto de un par de cosas: uno, de la visión pragmática de Sammy Lewis Galindo, que utilizó su partido comodín Solidaridad para endosarlo rápidamente, al fracasar el potente proyecto de su yerno, Alberto Vallarino. Lo otro, lo más importante, porque sabemos que Solidaridad no es un partido de masas, y menos de ideologías, es el mismo Endara. Su espontaneidad, inmanejable, su sentido dicharachero, populista, que no niega fuego a los periodistas, que se muestra natural, que mete la pata como cualquier prójimo, que no habla rebuscadamente, que no lee discursos, que acepta las caricaturas, que se ríe con ganas, que es capaz hacerlo de él mismo como lo hacemos eventualmente. Endara es eso, común, silvestre, criollo, parecido a Juan, a Pedro, a Marta, a la tía Ñoña; pero aparte de esas cosas, es abogado, primer puesto en su promoción, berraquísimo en el arte de “hacerse el pendejo para sacar puntos”, intuitivo, que sabe que las encuestas no hacen candidatos, sino que los candidatos hacen encuestas; que las encuestas no vienen primero que los actos, sino que los actos son los que crean esas fotografías de un momento que son las encuestas. Y Endara ha remontado antes de que le agreguen, ahora sí, a los técnicos y manejadores de métodos científicos sobre manejo de campañas; ha remontado y trepado a las nubes cuando ni siquiera tenía formalizada su candidatura.

Mi tesis es que el pueblo panameño es emocional, visceral, sabe fildear los rostros, le gusta la originalidad, la franqueza, aunque haya ocasionales errores, y eso está por encima de la intención de “crear candidatos inmaculados”, rígidos cumplidores de programas y discursos, generalmente escritos y aburridísimos, donde el único que no se aburre es el que lo lee, muchas veces totalmente ajenos al carácter conocido del candidato, que no se parece en nada a él, donde se nota que otros cerebros lo hicieron, que otras manos lo pasaron. Nuestro pueblo sabe más que los técnicos, porque los técnicos de campañas piensan primero en sus salarios, y en las futuras prebendas, por eso generalmente se aíslan, se casan con los métodos, traen extranjeros “geniales” que no conocen nada de la esencia, y al final creen que los buenos resultados son sus productos personales, y que los malos son problema de “que el candidato no hace caso”. Con tales rigideces (porque sería estúpido, y conste que no lo soy, en demeritar los métodos modernos de campañas y encuestas), los candidatos no son quienes realmente son; son movidos a control remoto. Por algo decía aquel genio incomparable de Charles Chaplin, “sé tú y trata de ser feliz, pero sobre todo sé tú”... ¿Serán nuestros candidatos ellos mismos?... Al menos, hasta ahora, quien sí ha sabido serlo, y extraordinariamente, es Cuchungo Endara, administrando genialmente su personalidad, navegando diestramente con bandera de pendejo, de lo cual no tiene un pelo. Sabe mucho.

El autor es militar (r) y estudiante de derecho

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Las posibilidades constitucionales: Adolfo Ahumada
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