Panamá, 20 de marzo de 2003
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‘Creímos que el mundo se iba a acabar’

La presidenta de la República y el ministro de Vivienda se comprometieron a ayudar a los damnificados

OMAR RODRIGUEZ y Zabdy Barría
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com

Especial para La Prensa/O. Rodríguez
Bienvenida Rodríguez, de 83 años, narra los momentos de pánico que vivió, mientras vecinos y familiares reparan el techo de su vivienda.
NATA, Coclé. –El miedo, la impotencia y la desesperación se apoderaron de 40 familias natariegas el pasado martes, 18 de marzo. Unos 100 adultos y 50 menores, residentes de las comunidades de Toza y Villarreal de Natá, vivieron ese día los momentos más dramáticos de sus vidas.

Eran las 3:00 p.m. y caía un fuerte aguacero cuando Bienvenida Rodríguez, de 83 años, residente en Toza, preparaba la cena para su familia.

A pocos metros, Evangelista Quezada, de 64 años, arrullaba a su nieto. Un poco más allá, la pareja formada por Tomasa Barragán y Esteban González se refugiaba en su hogar.

De pronto, como impulsado por un demonio, empezó a soplar el viento en forma de remolino. Los techos de las casas empezaron a volar y muchos árboles y palmas fueron arrancados de raíz.

En Villarreal, parte del tendido eléctrico se fue al suelo. “Dios mío, qué estás haciendo, el mundo se va a acabar”, exclamó Tomasa mientras corría hacia el patio junto con su esposo que la acompañaba y trataba de sacar de la crisis nerviosa que le dio al ver su vivienda sin techo.

Evangelista, la anciana de 83 años, tuvo menos suerte. Ella se encontraba sola y sus ruegos y súplicas nadie los escuchaba.

“Creía que me iba a morir cuando sentí que el viento se llevó el techo y empujaba la puerta con ganas de arrancarla”, relató la afectada.

Dentro de su estado de desesperación no perdió la fe en Dios y demandó protección del ser supremo, utilizando para ello una cruz confeccionada con las chancletas de hule de algún miembro de la familia.

Finalmente, uno de sus hijos la socorrió, la sacó de la casa y trasladó a un lugar seguro.

Situaciones parecidas vivieron 40 humildes familias, que ayer aún lloraban la pérdida de los techos, y en algunos casos, de la totalidad de la vivienda.

La ayuda

Ayer, miércoles, funcionarios del Ministerio de Vivienda (MIVI) se presentaron a las áreas afectadas para hacer una evaluación de los daños.

Hay órdenes precisas de la presidenta de la República, Mireya Moscoso, y del ministro Miguel Cárdenas de ayudar a las familias damnificadas, reveló Juan José Tuñón, coordinador nacional del programa PARVIS.

En ese sentido, adelantó que a las familias afectadas se les donarán los materiales y la mano de obra para hacerles una vivienda nueva, sobretodo en Toza, donde la mayoría era de quincha y sufrieron pérdida casi total. En otros casos, solo se entregará el zinc y la madera.

Cada vivienda a construir tiene un costo de 2 mil balboas, explicó el funcionario, lo que significa que la inversión en materia de vivienda asciende a más de 60 mil dólares.

Los trabajos de reconstrucción de las viviendas empezarán, de ser posible, este mismo viernes, indicó el funcionario.

De otro lado, ayer se esperaba la llegada a las áreas afectadas de donaciones provenientes del Despacho de la primera dama.

Se entregarán colchones, frazadas, alimentos y útiles escolares, comentó el legislador de Natá, Olá y La Pintada, José Francisco Urrutia.

La Alcaldía de Natá también recolectó donaciones entre la población para hacerlas llegar a las familias damnificadas.

El Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social desplazaron personal a las zonas afectadas para brindar atención médica, principalmente de primeros auxilios.

Se atendieron principalmente casos de personas con ansiedad y nerviosismo producto de la situación que vivieron, informó la enfermera Deysi Fernández, coordinadora del Centro de Promoción de Salud de Natá.

Ayer también se tomaron muestras del agua de los acueductos de las comunidades, para saber si estaba contaminada, ya que se atendió uno que otro caso de diarrea.

Por otra parte, nueve alumnos de la escuela de Toza perdieron sus útiles escolares y uniformes. De ellos, cinco asistieron a clases en ropa particular y cuatro decidieron quedarse en casa.

Se calcula que la tarea de reparación y construcción de las casas afectadas en Toza y Villarreal tomará varias semanas.


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