‘Creímos que el mundo se iba a acabar’
La presidenta de la República
y el ministro de Vivienda se comprometieron a ayudar a los damnificados
OMAR RODRIGUEZ y Zabdy Barría
ESPECIAL PARA LA PRENSA
nacionales@prensa.com
| Especial para
La Prensa/O. Rodríguez |
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| Bienvenida Rodríguez,
de 83 años, narra los momentos de pánico que vivió, mientras
vecinos y familiares reparan el techo de su vivienda.
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NATA, Coclé. –El miedo, la impotencia y la desesperación
se apoderaron de 40 familias natariegas el pasado martes, 18 de marzo.
Unos 100 adultos y 50 menores, residentes de las comunidades de Toza
y Villarreal de Natá, vivieron ese día los momentos más dramáticos
de sus vidas.
Eran las 3:00 p.m. y caía un fuerte aguacero cuando
Bienvenida Rodríguez, de 83 años, residente en Toza, preparaba la
cena para su familia.
A pocos metros, Evangelista Quezada, de 64 años,
arrullaba a su nieto. Un poco más allá, la pareja formada por Tomasa
Barragán y Esteban González se refugiaba en su hogar.
De pronto, como impulsado por un demonio, empezó
a soplar el viento en forma de remolino. Los techos de las casas
empezaron a volar y muchos árboles y palmas fueron arrancados de
raíz.
En Villarreal, parte del tendido eléctrico se fue
al suelo. “Dios mío, qué estás haciendo, el mundo se va a acabar”,
exclamó Tomasa mientras corría hacia el patio junto con su esposo
que la acompañaba y trataba de sacar de la crisis nerviosa que le
dio al ver su vivienda sin techo.
Evangelista, la anciana de 83 años, tuvo menos suerte.
Ella se encontraba sola y sus ruegos y súplicas nadie los escuchaba.
“Creía que me iba a morir cuando sentí que el viento
se llevó el techo y empujaba la puerta con ganas de arrancarla”,
relató la afectada.
Dentro de su estado de desesperación no perdió la
fe en Dios y demandó protección del ser supremo, utilizando para
ello una cruz confeccionada con las chancletas de hule de algún
miembro de la familia.
Finalmente, uno de sus hijos la socorrió, la sacó
de la casa y trasladó a un lugar seguro.
Situaciones parecidas vivieron 40 humildes familias,
que ayer aún lloraban la pérdida de los techos, y en algunos casos,
de la totalidad de la vivienda.
La ayuda
Ayer, miércoles, funcionarios del Ministerio de
Vivienda (MIVI) se presentaron a las áreas afectadas para hacer
una evaluación de los daños.
Hay órdenes precisas de la presidenta de la República,
Mireya Moscoso, y del ministro Miguel Cárdenas de ayudar a las familias
damnificadas, reveló Juan José Tuñón, coordinador nacional del programa
PARVIS.
En ese sentido, adelantó que a las familias afectadas
se les donarán los materiales y la mano de obra para hacerles una
vivienda nueva, sobretodo en Toza, donde la mayoría era de quincha
y sufrieron pérdida casi total. En otros casos, solo se entregará
el zinc y la madera.
Cada vivienda a construir tiene un costo de 2 mil
balboas, explicó el funcionario, lo que significa que la inversión
en materia de vivienda asciende a más de 60 mil dólares.
Los trabajos de reconstrucción de las viviendas
empezarán, de ser posible, este mismo viernes, indicó el funcionario.
De otro lado, ayer se esperaba la llegada a las
áreas afectadas de donaciones provenientes del Despacho de la primera
dama.
Se entregarán colchones, frazadas, alimentos y útiles
escolares, comentó el legislador de Natá, Olá y La Pintada, José
Francisco Urrutia.
La Alcaldía de Natá también recolectó donaciones
entre la población para hacerlas llegar a las familias damnificadas.
El Ministerio de Salud y la Caja de Seguro Social
desplazaron personal a las zonas afectadas para brindar atención
médica, principalmente de primeros auxilios.
Se atendieron principalmente casos de personas con
ansiedad y nerviosismo producto de la situación que vivieron, informó
la enfermera Deysi Fernández, coordinadora del Centro de Promoción
de Salud de Natá.
Ayer también se tomaron muestras del agua de los
acueductos de las comunidades, para saber si estaba contaminada,
ya que se atendió uno que otro caso de diarrea.
Por otra parte, nueve alumnos de la escuela de Toza
perdieron sus útiles escolares y uniformes. De ellos, cinco asistieron
a clases en ropa particular y cuatro decidieron quedarse en casa.
Se calcula que la tarea de reparación y construcción
de las casas afectadas en Toza y Villarreal tomará varias semanas.
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