
El derecho internacional y la ONU
en el problema iraquí
Vemos que muchos gobiernos
del mundo no entienden el peligro que representa para la humanidad
enterrar el derecho internacional
Miguel Delgado Pineda
El derecho internacional público tiene como
objetivo primordial regular las relaciones entre los distintos Estados
y pueblos dentro de un marco jurídico de igualdad y justicia para
todos los países miembros de la comunidad internacional. El fortalecimiento
y reconocimiento universal del derecho internacional público como
medio para resolver las disputas entre los Estados no fue gratuito,
sino más bien resultado de una humanidad traumatizada por las grandes
pérdidas humanas que se registraron durante las guerras mundiales
(sobre todo la segunda).
El mundo entero entendió que jamás podría
haber paz y estabilidad en el planeta, mientras los países más poderosos
insistieran en dominar militarmente a los débiles mediante la guerra.
Pese a esto, sería ridículo pretender exponer que con la aparición
y perfeccionamiento del derecho internacional, se acabaron los problemas
de la humanidad y se acabó el abuso por parte de las potencias en
detrimento de los países más débiles. Sin embargo, sí hubo un avance
cualitativo encaminado a obtener dicho ideal. Claro, el actual orden
jurídico internacional está cargado de fallas y de disposiciones
que favorecen el dominio de las grandes potencias (v.g. el derecho
a veto de las cinco potencias vencedoras dentro del Consejo de Seguridad).
Pero en todo caso algo está claro: mucho peor que los defectos del
derecho internacional actual, está el hecho de que la gran potencia
mundial declare simplemente su desconocimiento total hacia el mismo.
De hecho, esto último es lo que ocurriría si Estados
Unidos optara por desoír al mundo entero y lanzar una campaña bélica
en contra de Irak. Este caso dejaría sentado un precedente nefasto
para el orden jurídico internacional, pues si bien no sería la primera
vez que Estados Unidos y otras potencias ignoran las normas de la
ONU, sí sería la primera vez en que luego de someter determinado
caso al arbitrio del ente internacional, se ignorara la decisión
de este por considerarla desfavorable a los intereses de un Estado
en particular (en este caso Estados Unidos). Podría imaginarse alguien
qué valor puede quedarle a la ONU después de un ataque de Estados
Unidos a Irak, cuando el presidente de este país ha dicho, embriagado
de prepotencia, que si la ONU no acepta su voluntad dejará de tener
validez como instancia de decisión mundial. Sumándose a la lógica
de Bush algunos “analistas” alegan que la ONU debe cumplir “su deber”
y avalar un ataque a Irak, o de lo contrario quedará relegada al
ostracismo. Esto carece de fundamento, pues el papel de la ONU es
precisamente actuar de manera independiente de cualquier Estado
en la búsqueda de la paz entre los países, y no someterse a los
caprichos de algún gobernante cegado por la ira.
Sin embargo, Estados Unidos y sus pocos gobiernos
aliados no solo pretenden violar el principio de no intervención
contra un Estado soberano, sino que también pretenden violar la
prohibición a la colonización producto de victorias militares, pues
ya afirman que ocuparían militarmente Irak o lo que quede de él
por un periodo indeterminado de tiempo. Incluso afirman cínicamente
que utilizarán el petróleo iraquí como botín de guerra “para sufragar
los gastos de la intervención armada”, es decir los iraquíes tendrán
que pagarle a Estados Unidos el precio de las bombas con las que
habrán de ser asesinados. Con esto se violan otras normas internacionales
y se retrotrae el mundo al siglo XIX. Tenemos pues a una potencia
que no solo se apresta a violar un sinnúmero de normas jurídicas
internacionales, sino que se vanagloria de ello. Más preocupante
aún, vemos que muchos gobiernos del mundo no entienden el peligro
que representa para la humanidad enterrar el derecho internacional.
Tal vez no comprenden que luego de Irak, seguirá quizá la Corea
Democrática (del Norte), Irán, Libia, nuestro vecino Colombia o
cualquier otro sobre el que caiga el dedo acusador y omnipotente
de un gobierno que se considera por encima de la legalidad internacional
y que por desgracia cuenta con suficientes armas de destrucción
masiva para destruir varias veces este planeta.
El autor es estudiante de derecho en la Universidad
de Panamá
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