Panamá, 14 de marzo de 2003
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Patología educativa

En lugar de pensar enel desarrollo intelectual, cultural y hasta emocional de los menores de edad, pareciera que hay un “síndrome” de dejar las cosas para después

Elizabeth Garrido
egarrido@prensa.com

¿Qué puede pensar María a sus 10 años de edad sobre el sector educativo? Probablemente, lo que ha escuchado en casa o lo que ha aprendido en la escuela –de sus maestros y compañeros– durante sus cinco años de vida escolar.

Pero de seguro ni se imagina en qué consiste la sonada Reforma Educativa y mucho menos conocerá los detalles de los problemas que actualmente atraviesa el sector.

No sabe, por ejemplo, que tras 10 meses de conversaciones entre docentes, empresarios, trabajadores y políticos, en el “Diálogo por la Transformación Integral del Sistema Educativo Nacional” se llegó a acuerdos en cuatro grandes áreas: filosofía y calidad de la educación, administración, acciones innovadoras y perfil/desempeño/formación del docente.

Pero que, en la Asamblea Legislativa solo se aprobó la ley de descentralización educativa y la referente al seguro educativo. ¿El resto de los proyectos? Aún se espera que se establezcan “a través de resueltos educativos” como dijo, el año pasado, la ministra Doris Rosas de Mata.

Lo que significa que hay que esperar.

Pareciera que en el “mundo” de María, enriquecido por los juegos de pelota y demás diversiones con sus vecinos, no hay cabida a las dudas y preocupaciones por los manejos administrativos en el sector educativo.

El cual padece las inconformidades del cuerpo docente por los nombramientos que hace el Ministerio de Educación. Más de tres educadores –que fueron sometidos a los trámites burocráticos de selección– aún se preguntan ¿por qué razón ni siquiera fueron incluidos en las ternas si cuentan con el puntaje o créditos superiores a los de su colega?

Es más, no falta los que aseguran que en las altas esferas del ministerio no se garantiza el manejo honesto de las ternas y, en cambio, se permite preferencias por encima de las capacidades del aspirante. ¿Acaso por el rejuego político existente, sobre todo en este año preelectoral?

María, quien por cierto ya cuenta con algunos de los textos para los cursos que recibirá, no conoce las peripecias que pasó su madre para comprar sus útiles. Ya que, en honor a la libre competencia y por ahorrarse unos centavos, recorrió almacenes y librerías en busca del mismo libro a un precio más bajo.

Recorrido este que seguramente la madre de familia tendrá que volver a hacer, luego de que conozca el nombre del “libro de inglés” que empezará a utilizar su hija.

Claro está, primero habrá que esperar a que el MINEDUC dé a conocer la manera como –a partir de este año– se aplicará, en forma escalonada, la ley que establece la enseñanza obligatoria del idioma inglés en los centros de educación pública y privada a nivel primario y secundario.

Sobre todo porque en Panamá el déficit de profesores bilingües se calcula entre mil 200 y mil 500 docentes según las propias autoridades del MINEDUC. Es decir, no es asunto fácil contar con el personal idóneo para impartir estas clases a la población estudiantil de la República.

Si a todo lo anterior se suma la carencia del equipo tecnológico, de infraestructuras apropiadas, bibliotecas actualizadas en las escuelas públicas del país, pareciera que en lugar de pensar en el desarrollo intelectual, cultural y hasta emocional de los menores de edad, hay un “síndrome” de dejar las cosas para después o de hacer solo lo que se considera es lo más “conveniente”.

El próximo lunes 17 de marzo, con mochila al hombro, María estará presta a iniciar el período escolar 2003. Igual que ella miles de niños y jóvenes panameños tendrán la oportunidad de adquirir –con los pocos o muchos recursos a su disposición– nuevos conocimientos para que, cuando llegue el momento, logren insertarse al mercado laboral.

En sus manos está aprovechar la educación que reciben, o dejarla pasar.

La autora es periodista

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Patología educativa: Elizabeth Garrido





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