Panamá, 14 de marzo de 2003
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La bola de nieve

Roberto Castro
rcastro@cwpanama.net

La corrupción no es un estado al que hemos llegado, sino mas bien un escenario que apareció al correrse el velo de la seguridad económica. Una de las buenas consecuencias de la globalización económica, si es que tiene alguna, es el hecho de haber originado una crisis generalizada que puso al descubierto la inmoralidad de unas clases políticas y empresariales que tradicionalmente han estado enquistadas en nuestras sociedades. Mientras teníamos un empleo seguro, o nuestros pequeños negocios nos daban para vivir cada día, presentíamos la existencia del corrupto, pero lo tolerábamos. Ahora, casi a punto de la miseria y en medio de desempleo y desesperación, la sociedad civil se ha vuelto ciento por ciento intolerante ante el corrupto. Ha comenzado a ponerlo al descubierto, a él y a sus métodos criminales; ha comenzado a hostigarlo y amenaza con marginarlo totalmente del escenario público.

Pero viene aquí mi gran interrogante: ¿existe realmente un poder llamado “sociedad civil”? ¿O serán solo voces aisladas con acceso a los medios de comunicación o a cualquier otro órgano de poder? Pero la gran “masa”, esos miles y miles de ciudadanos anónimos que solo rumian su descontento en conversaciones fugaces con sus vecinos o amigos, que casi nunca ejercen su derecho electoral pues lo consideran un simple carnaval de mentiras y engaños, y que en esta delicada coyuntura actual se les “derramó el vaso” de la paciencia, esa gran masa de sufridos conciudadanos ¿cómo podrán hace sentir su voz a nivel nacional?

Pienso que todo es cuestión de tiempo. Toda fuerza es producto de una energía constante que la impulsa. La fuerza creciente de ese enorme grupo de descontentos se nutre de la corrupción galopante de nuestras clases políticas. Es esa la energía que la mueve y la sostiene. Nunca el corrupto abandonará sus actos criminales, pues es un adicto al dinero fácil. Parodiando una frase de Jesús: “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un corrupto adquiera los valores de honestidad y servicio”.

Ruego a Dios que esa enorme fuerza que se está gestando, cual bola de nieve cuesta abajo, se desahogue mediante los métodos democráticos tradicionales y no a través de la violencia. Bastantes lamentables ejemplos tenemos ya a todo lo largo de la historia latinoamericana.

El autor es ingeniero administrador y presidente de la Asociación de Empresarios Turísticos de Portobelo


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