Panamá, 7 de marzo de 2003
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La Copa del ridículo

CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com

La preparación y participación del seleccionado nacional de fútbol que estuvo en la Copa de Naciones es una fiel copia de ese árbol que nace y vive torcido y que muere de la misma manera. Algo lamentable.

Nuestra selección inició de esa manera, torcida desde sus propias raíces, con una dirigencia que solo hizo improvisar en cada paso que se dio, sumergida más que nada en sus intereses particulares, con el culebrón de los estatutos y las elecciones para la escogencia de la federación de fútbol en las que consiguió ratificarse. Poco se hizo por la preparación de este seleccionado que nunca tuvo pies ni cabeza.

Todo anduvo apurado. No se planificó para honrar el centenario de la República, se pensó que con la clasificación de la Sub 20 al Mundial de Emiratos Arabes se iba a conseguir la clasificación a la Copa de Oro. No hay comparaciones, lo de Gary Stempel estuvo planificado, se trabajó por buen margen de tiempo con los mejores jugadores y su preparación estuvo acertada. Afortunado Stempel, porque para esos días todavía no se había destapado el problema de los estatutos. Hubo tiempo para pensar en el equipo.

Se contrató a un técnico brasileño para el equipo mayor que nada pudo hacer, era obvio, porque no se le asesoró a la hora de escoger los jugadores, simplemente se le dio la potestad para que él mismo seleccionara a los jugadores después de ver unos partidos y algunos videos. Ese fue el pecado mortal que nos llevó al infierno de la ridiculez.

En la escogencia de jugadores no me quise involucrar, Carlos Alberto Daluz asumió esa responsabilidad, que en parte la comparto, al escoger algunas unidades jóvenes, lo que muchos pregonaron y pidieron a gritos, pensando en una renovación. Pero pienso que había que pensar en armar un buen equipo para tratar de conseguir algo, ahora que se nos presentaba esa oportunidad como anfitriones. El mismo Anthony Torres lo había anticipado, en su momento dijo que veía muy prematuro que se le diera esta gran responsabilidad a los más “pelados”, porque al torneo venían equipos de peso y mucho oficio.

Se armó un modesto equipo, que la afición respaldo en todo momento pese a sus diferencias, excepto ayer contra los ticos, que era natural, no se podía esperar otra cosa después de la humillación del sábado. Pero la dirigencia no le brindó una buena preparación a ese equipo, como quien dice, los dejó desamparados de cara al torneo regional de más prestigio a nivel de selecciones. Hasta el punto que el propio Daluz antes de irse a Colombia a sus dos únicos amistosos señaló que el equipo había perdido una semana de ritmo por falta de canchas y porque por esos días la dirigencia la descuidó por estar enredada en esos días con el asunto de la eliminatoria de la Sub 17, que fue otra copia de la mayor, pero que al menos estuvo a un tris de clasificarse.

¿Qué podíamos esperar de este equipo así estuviera James, Torres o Julio Dely? Nada. Eso sí, hicieron mucho más de lo que una gran mayoría esperaba después de ganarle a Guatemala, que venía de dar un concierto de fútbol en su partido contra los ticos y, más tarde, al empatarle con un equipo remendado a una fuerte selección de Honduras.

El problema del seleccionado fue todo de dirigencia, porque recordemos que cuando el equipo más la necesitaba, ellos le estaban prestando toda su atención a sus propios intereses que no eran otros que los estatutos y las elecciones.

El resultado del viernes contra Nicaragua fue la consecuencia de no haber contado con jugadores más maduros que hubiesen podido resolver este tipo de partido contra un equipo que solo vino a defenderse. Fue una derrota humillante y horrorosa que nos retrocedió un año luz.

Lo que pasó en la Copa de Naciones fue un irrespeto a la afición y al Centenario de la República, porque lo que se esperaba era que Panamá se armara hasta los dientes con un equipo que hiciera la batalla.

Fuimos ilusos al pensar que algo que se había preparado mal fuera a terminar bien.

¡Qué ridículo!




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