Panamá, 7 de marzo de 2003
 
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¿Es necesaria una nueva Constitución?

La solución de nuestros problemas, en su mayoría, no depende de la aprobación o no de una nueva Constitución, más bien depende de nosotros

Abdiel Augusto Patiño I.
augusto2312@hotmail.com

Tuve el honor, porque no hay mejor apelativo para calificar tal ocasión, de escuchar la ponencia dictada por el Dr. Carlos Bolívar Pedreschi, el pasado martes 25 de febrero en la Biblioteca Nacional; esta se centró en un tema de gran trascendencia nacional: la nueva Constitución Política, las razones de ésta y cómo llegar a ella.

Si bien es cierto, todo lo tratado por el expositor y los comentaristas –Miguel Antonio Bernal y Juan David Morgan– es de gran relevancia e interés a la hora de hablar sobre temas constitucionales, trataré de centrar el presente artículo en un punto que, si bien pareció solventarse directamente durante el transcurso de la magistral conferencia, formó parte del análisis interno que me acompañó posteriormente: ¿es realmente necesaria una nueva Carta Política?

No puedo negar que estoy convencido de que nuestra nación requiere de un nuevo instrumento constitucional que le brinde un marco jurídico, político, social y económico más acorde con su realidad actual y futura, lo he dejado claro en ocasiones anteriores; no obstante, es prudente no sesgar la realidad y sustentar responsablemente cualquier posición. De igual forma, hay que dejar claro que la solución de nuestros problemas, en su mayoría, no depende de la aprobación o no de una nueva Constitución, más bien depende de nosotros mismos y de lo mucho o lo poco que estemos dispuestos a hacer por enrumbar nuestra sociedad hacia mejores días; sin embargo, no se puede negar que instituir una nueva Constitución es un paso importantísimo en pos de cualquier objetivo que involucre darle una especie de renacimiento a nuestro Estado y, por ende, a nuestra sociedad.

Un sí indiscutible le brindo de respuesta a mi interrogante, y esto basado en una sencilla razón: necesitamos una sociedad más democrática, y esa democracia involucra una mayor participación ciudadana a la hora de tomar decisiones, una verdadera y efectiva descentralización del Estado, la instauración de instituciones democráticas más fuertes y la puesta en funciones de un modelo administrativo más eficiente y confiable; ¿tiene todo esto algo que ver con el contenido de una nueva Constitución?, en gran medida, sí.

Nuestro país está viviendo un escenario sociopolítico decadente, que se caracteriza, principalmente, por un irrespeto a los principios jurídicos vigentes y por un aprovechamiento intolerable de las debilidades de nuestras instituciones; y esto no solo de parte de quienes administran la cosa pública. En este escenario estamos todos y, en menor o mayor medida, contribuimos a su mejoría o empeoramiento; basta con echar una mirada a lo que día tras día se vive a nuestro alrededor, una especie de anarquía que prolifera y se acrecienta, amenazando nuestra débil estabilidad social y jurídica; una anarquía que se vive desde las más altas esferas gubernamentales, hasta los más bajos niveles de nuestra sociedad.

Este panorama es real, no se puede negar. ¿Se necesita una nueva Constitución para enfrentarlo?, algunos dirán que no, lo que en teoría es parcialmente cierto; pero yo digo que sí, y sustentaré mi posición. Cuando una sociedad vive una atmósfera como la que, de forma general, he descrito, requiere de objetivos comunes a alcanzar y de instrumentos adecuados que la impulsen a la búsqueda y logro de tales objetivos. A la hora de determinar ese objetivo común, nos percatamos de que el mismo existe: queremos un mejor país; no obstante, es necesario que la sociedad, que conoce sin lugar a dudas ese objetivo común, se identifique con él y, por ende, sea parte de la solución; y qué mejor manera que a través de la reinstitución de la nación, tomando como base la composición de una Constitución que realmente represente los intereses y aspiraciones del Estado panameño como sociedad moderna y pujante; una Constitución con la que cada ciudadano se sienta identificado y, más aún, sea parte de ella; a tal punto que la conozca, defienda y respete como suya, que la haga valer como lo que es, el contrato social por excelencia. En ese momento nuestra sociedad se sentirá obligada a generar cambios de actitud y mentalidad, sentirá que tiene una misión, es decir, una razón de ser.

Identificación ciudadana con los objetivos y los instrumentos, esa es la clave para darle cabida al renacimiento sociopolítico de la nación; sin embargo, para que esto sea posible, requerimos de un contexto político único, que si no se da, tendremos que buscar la forma de que se dé antes de que sea demasiado tarde.

El autor es técnico en programación


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