¿Es necesaria una nueva Constitución?
La solución de nuestros
problemas, en su mayoría, no depende de la aprobación o no de una
nueva Constitución, más bien depende de nosotros
Abdiel Augusto Patiño I.
augusto2312@hotmail.com
Tuve el honor, porque no hay mejor apelativo
para calificar tal ocasión, de escuchar la ponencia dictada por
el Dr. Carlos Bolívar Pedreschi, el pasado martes 25 de febrero
en la Biblioteca Nacional; esta se centró en un tema de gran trascendencia
nacional: la nueva Constitución Política, las razones de ésta y
cómo llegar a ella.
Si bien es cierto, todo lo tratado por el
expositor y los comentaristas –Miguel Antonio Bernal y Juan David
Morgan– es de gran relevancia e interés a la hora de hablar sobre
temas constitucionales, trataré de centrar el presente artículo
en un punto que, si bien pareció solventarse directamente durante
el transcurso de la magistral conferencia, formó parte del análisis
interno que me acompañó posteriormente: ¿es realmente necesaria
una nueva Carta Política?
No puedo negar que estoy convencido de que nuestra
nación requiere de un nuevo instrumento constitucional que le brinde
un marco jurídico, político, social y económico más acorde con su
realidad actual y futura, lo he dejado claro en ocasiones anteriores;
no obstante, es prudente no sesgar la realidad y sustentar responsablemente
cualquier posición. De igual forma, hay que dejar claro que la solución
de nuestros problemas, en su mayoría, no depende de la aprobación
o no de una nueva Constitución, más bien depende de nosotros mismos
y de lo mucho o lo poco que estemos dispuestos a hacer por enrumbar
nuestra sociedad hacia mejores días; sin embargo, no se puede negar
que instituir una nueva Constitución es un paso importantísimo en
pos de cualquier objetivo que involucre darle una especie de renacimiento
a nuestro Estado y, por ende, a nuestra sociedad.
Un sí indiscutible le brindo de respuesta a mi interrogante,
y esto basado en una sencilla razón: necesitamos una sociedad más
democrática, y esa democracia involucra una mayor participación
ciudadana a la hora de tomar decisiones, una verdadera y efectiva
descentralización del Estado, la instauración de instituciones democráticas
más fuertes y la puesta en funciones de un modelo administrativo
más eficiente y confiable; ¿tiene todo esto algo que ver con el
contenido de una nueva Constitución?, en gran medida, sí.
Nuestro país está viviendo un escenario sociopolítico
decadente, que se caracteriza, principalmente, por un irrespeto
a los principios jurídicos vigentes y por un aprovechamiento intolerable
de las debilidades de nuestras instituciones; y esto no solo de
parte de quienes administran la cosa pública. En este escenario
estamos todos y, en menor o mayor medida, contribuimos a su mejoría
o empeoramiento; basta con echar una mirada a lo que día tras día
se vive a nuestro alrededor, una especie de anarquía que prolifera
y se acrecienta, amenazando nuestra débil estabilidad social y jurídica;
una anarquía que se vive desde las más altas esferas gubernamentales,
hasta los más bajos niveles de nuestra sociedad.
Este panorama es real, no se puede negar. ¿Se necesita
una nueva Constitución para enfrentarlo?, algunos dirán que no,
lo que en teoría es parcialmente cierto; pero yo digo que sí, y
sustentaré mi posición. Cuando una sociedad vive una atmósfera como
la que, de forma general, he descrito, requiere de objetivos comunes
a alcanzar y de instrumentos adecuados que la impulsen a la búsqueda
y logro de tales objetivos. A la hora de determinar ese objetivo
común, nos percatamos de que el mismo existe: queremos un mejor
país; no obstante, es necesario que la sociedad, que conoce sin
lugar a dudas ese objetivo común, se identifique con él y, por ende,
sea parte de la solución; y qué mejor manera que a través de la
reinstitución de la nación, tomando como base la composición de
una Constitución que realmente represente los intereses y aspiraciones
del Estado panameño como sociedad moderna y pujante; una Constitución
con la que cada ciudadano se sienta identificado y, más aún, sea
parte de ella; a tal punto que la conozca, defienda y respete como
suya, que la haga valer como lo que es, el contrato social por excelencia.
En ese momento nuestra sociedad se sentirá obligada a generar cambios
de actitud y mentalidad, sentirá que tiene una misión, es decir,
una razón de ser.
Identificación ciudadana con los objetivos y los
instrumentos, esa es la clave para darle cabida al renacimiento
sociopolítico de la nación; sin embargo, para que esto sea posible,
requerimos de un contexto político único, que si no se da, tendremos
que buscar la forma de que se dé antes de que sea demasiado tarde.
El autor es técnico en programación
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