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Del Carnaval a la Cuaresma
Lina Vega Abad
lvega@prensa.com
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LA PRENSA/Bernardino
Freire
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| Feligreses de
la Capilla del Colegio Javier esperan su turno para recibir
las cenizas. |
Pasado el jolgorio de los cuatro días de
Carnaval, y con no pocos motivos para el arrepentimiento por los excesos
cometidos, los católicos panameños se acercaban ayer
a sus parroquias para recibir las cenizas que inician la Cuaresma.
La Iglesia católica celebra el Miércoles de Cenizas
como el comienzo de un tiempo de penitencia que prepare a los creyentes
para la Semana Santa.
La imposición de la ceniza constituye
una costumbre practicada en la Iglesia católica desde sus
orígenes. En la tradición judía, el rociarse
la cabeza con cenizas manifestaba el arrepentimiento y la voluntad
de convertirse: la ceniza es signo de la fragilidad del hombre y
de la brevedad de la vida. Al inicio del cristianismo se imponía
la ceniza especialmente a los pecadores públicos.
El origen de la Cuaresma está en los
40 días de ayuno y abstinencia de Moisés, de Elías
y sobre todo de Jesucristo que relatan las escrituras.
Para los semitas los números tenían
un gran valor simbólico, y el 40 significaba plenitud.
Además de la imposición de cenizas,
la cuaresma impone a los católicos practicantes la abstinencia,
el ayuno y el sacrificio. Guardar significa entonces la obligación
de no comer carne durante los viernes de Cuaresma, lo que convierte
al pescado en un alimento altamente cotizado.
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LA
PRENSA/Maydee Romero
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| Los miembros de
la Dirección Metropolitana de Aseo limpian afanosamente las
huellas del carnaval capitalino. |
Por ello, comer pescado para cumplir el precepto
religioso puede resultar tremendamente difícil para los menos
afortunados. Y es que en tiempos de globalización, la libre
oferta y demanda provoca que el precio del pescado se vaya a las
nubes.
Por eso, los capitalinos buscan durante estos
días en el Mercado del Marisco las ofertas que les permitan
cumplir con sus creencias religiosas.
Y así como los católicos intentan
limpiar su espíritu después de los excesos del Carnaval,
los miembros de la Dirección Metropolitana de Aseo del Municipio
de Panamá limpiaban afanosamente las calles donde los capitalinos
junto al rey Momo y Baco trataron seguramente en vano
de olvidar las penas.
Ayer, las mangueras, los desinfectantes, las
escobas y las aspiradoras trataban de devolverle a la ciudad de
Panamá su cara bonita. ¡Difícil tarea!
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