Panamá, 2 de marzo de 2003
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Refugio

José Miguel Samudio-Horna

La duplicidad del encanto que construí fue el mejor regalo que me pude hacer. Playa y montañas a la vuelta de la esquina. Oscuridad y cielo encumbrando mi soledad. El acordeón y sus notas llegan hasta aquí enaltecidos por el regocijo de los que se aprietan al bailar. Una ráfaga de brisa me despeina y hace lo mismo con las pencas a medio colgar, acá y más allá. Es mi última noche aquí, mañana debo partir. El silencio se desborda; el paisaje es mágico y sencillo al mismo tiempo. Es un palacio gigante, y a la vez mi humilde refugio. Su calma me apacigua, me eleva. Aunque esto lo he vivido cientos de veces, ni yo mismo concibo tanto esplendor. Un poco de frío acá, oleadas de espuma tibia por allá. El portal abierto es ocupado la mayoría del tiempo por un sillón de tela oscura y porosa que lleva cosas inimaginables en la memoria. Eras el amor de mi vida, y te has llevado el amor y la vida. Vine a escaparme de ti; pobre inocente que no se da cuenta de que este lugar está más lleno de tu aroma que de mi presencia. El intento vuelve a ser infructuoso. Todo alrededor se queda en mis sentidos; han vuelto la música y los gritos. Las ideas revuelcan el ocaso de mis pensamientos; se desvanecen en remolinos tus recuerdos, queda poco de ellos. Enciendo un cigarrillo que atosigo entre asco y desprecio; estrello la colilla en pena contra el muro de la planta baja. Los que quedan los parto en mitad porque valen más las caricias brindadas que sus consuelos. Deshojo una estrella y la mar pintada de reflejos rebuzna bravía y silente. Descorcho una nube que con su forma resalta el ambiente parrandero de la música a lo lejos; me visto de corales muertos para refugiarme de tus lanzas. Pido ayuda a todo el que pasa, pero al recibirla la valoro poco. Me lleno de valor y me hago creer que ya no te conozco para esparcir un poco de risas en mi ambiente de luto. Trato de poner la mente en blanco pero solo consigo recordarte más y más. Todo es tan confuso; tengo miedo de buscarte y encontrarme con tu rechazo como ha estado pasando. Esa es la verdad. Me consolaba con la noche, pero ya me aburrí de tanta lástima. Quiero que vuelva mi risa, que regrese de muy lejos. Espero que el peso quemante que siento en el cuello deje de consumir el destello de alegría que poco a poco se agota. Volverá la vida, tal vez vuelva el amor. Por ahora, me iré de mi refugio sin haber logrado lo que vine a intentar, sacarte de mi mente es imposible.


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