Caja de letras
Refugio
José Miguel Samudio-Horna
La duplicidad del encanto que construí fue
el mejor regalo que me pude hacer. Playa y montañas a la vuelta
de la esquina. Oscuridad y cielo encumbrando mi soledad. El acordeón
y sus notas llegan hasta aquí enaltecidos por el regocijo de los
que se aprietan al bailar. Una ráfaga de brisa me despeina y hace
lo mismo con las pencas a medio colgar, acá y más allá. Es mi última
noche aquí, mañana debo partir. El silencio se desborda; el paisaje
es mágico y sencillo al mismo tiempo. Es un palacio gigante, y a
la vez mi humilde refugio. Su calma me apacigua, me eleva. Aunque
esto lo he vivido cientos de veces, ni yo mismo concibo tanto esplendor.
Un poco de frío acá, oleadas de espuma tibia por allá. El portal
abierto es ocupado la mayoría del tiempo por un sillón de tela oscura
y porosa que lleva cosas inimaginables en la memoria. Eras el amor
de mi vida, y te has llevado el amor y la vida. Vine a escaparme
de ti; pobre inocente que no se da cuenta de que este lugar está
más lleno de tu aroma que de mi presencia. El intento vuelve a ser
infructuoso. Todo alrededor se queda en mis sentidos; han vuelto
la música y los gritos. Las ideas revuelcan el ocaso de mis pensamientos;
se desvanecen en remolinos tus recuerdos, queda poco de ellos. Enciendo
un cigarrillo que atosigo entre asco y desprecio; estrello la colilla
en pena contra el muro de la planta baja. Los que quedan los parto
en mitad porque valen más las caricias brindadas que sus consuelos.
Deshojo una estrella y la mar pintada de reflejos rebuzna bravía
y silente. Descorcho una nube que con su forma resalta el ambiente
parrandero de la música a lo lejos; me visto de corales muertos
para refugiarme de tus lanzas. Pido ayuda a todo el que pasa, pero
al recibirla la valoro poco. Me lleno de valor y me hago creer que
ya no te conozco para esparcir un poco de risas en mi ambiente de
luto. Trato de poner la mente en blanco pero solo consigo recordarte
más y más. Todo es tan confuso; tengo miedo de buscarte y encontrarme
con tu rechazo como ha estado pasando. Esa es la verdad. Me consolaba
con la noche, pero ya me aburrí de tanta lástima. Quiero que vuelva
mi risa, que regrese de muy lejos. Espero que el peso quemante que
siento en el cuello deje de consumir el destello de alegría que
poco a poco se agota. Volverá la vida, tal vez vuelva el amor. Por
ahora, me iré de mi refugio sin haber logrado lo que vine a intentar,
sacarte de mi mente es imposible.
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