La creatividad de Eusebio A. Morales
El paso de Morales por
casi todos los despachos del Gabinete dejó huellas imborrables
Jorge Conte-Porrras
Especial para La Prensa
Eusebio Antonio Morales fue un hombre de
una inteligencia privilegiada, de pensamiento creativo y siempre
presto a servir a la patria en todos los estadios. Nos decía su
nieto Arturo Morgan Morales, quién vivió con él gran parte de su
infancia, que Eusebio A. Morales era un fanático de la música sinfónica,
pero nada le interesaba tanto como el ajedrez. Juego del cual se
consideraba un maestro, y se reía con satisfacción siempre que obtenía
un triunfo, pero se deprimía cuando perdía una partida. Era un lector
vicioso y se sentía orgulloso de su biblioteca, la cual cuidaba
con mucho celo de las personas que lo visitaban.
Editó en dos gruesos volúmenes una antología
de sus innumerables trabajos, que publicó bajo el título de Ensayos,
documentos y discursos. Ahí podemos descubrir la dimensión de una
inteligencia.
En su ensayo Situación económica y política de Colombia
criticó duramente al presidente colombiano Rafael Núñez; quien con
su política de “La Regeneración” eliminó la Constitución de Río
Negro que estaba vigente desde 1863. En este ensayo nos hace un
examen de lo que representó este régimen, que eliminó el concepto
de autonomía de los estados, incluyendo la del Istmo de Panamá.
Pero además de ello, eliminó el concepto de la libertad de expresión.
Núñez persiguió implacablemente a los periodistas y a todos los
que se oponían a su gobierno.
Morales participó activamente en la contienda civil
de los Mil Días junto a Belisario Porras, con quien mantuvo una
estrecha relación. Después de culminar la Guerra Civil de los Mil
Días con la firma del Tratado de Paz del Wisconsin, se constituyó
en defensor de Victoriano Lorenzo, quien había sido detenido injustamente,
acusado de delitos civiles por un tribunal militar, con lo que se
incumplía lo pactado en los convenios de paz. El concibió el liberalismo
como la más amplia libertad para la expresión de todas las corrientes
filosóficas dentro de un sistema de tolerancia.
Fue el primero de nuestros liberales en estudiar
y debatir con altura en torno al marxismo. Cuando los istmeños tomaron
la determinación de independizarse de Colombia, fue de los primeros
en acuerpar el movimiento revolucionario. A él le correspondió redactar
el Manifiesto de la Junta Provisional de Gobierno de 1903 y el informe
de la Junta a la Asamblea Nacional Constituyente de 1904. Debemos
hacer énfasis en que, como asesor de nuestro representante en Washington
en el año de 1904, tuvo la iniciativa de plantear las primeras críticas
al Tratado Hay-Bunau Varilla, que calificó de incongruente. De sus
planteamientos surgió la necesidad de hacer una evaluación de este
documento, ante la preocupación del presidente Amador Guerrero de
que nosotros hubiésemos hecho una cesión de soberanía a los Estados
Unidos. Sus reclamos dieron motivo a una serie de declaraciones
aclaratorias del presidente Teodoro Roosevelt, para resolver estas
dudas y, finalmente, con la promulgación del Decreto Ejecutivo conocido
como el Convenio Taft.
Morales se interesó por los problemas de carácter
jurídico y económico, y su paso por casi cada uno de los despachos
del Gabinete presidencial ha dejado huellas imborrables, especialmente
en nuestra política fiscal. Durante la primera gestión presidencial
de Belisario Porras fungió como nuestro representante en Washington,
y en esa oportunidad planteó por primera vez la necesidad de que
Panamá negociase un nuevo Tratado del Canal con los Estados Unidos.
Cuando Belisario Porras ascendió por tercera vez a la Presidencia
de la República, estuvo vinculado al proceso negociador que se inició
en el año de 1920, cuando el gobierno panameño designó una comisión
que presentó un pliego de peticiones al presidente Warren G. Harding
de los Estados Unidos, con el ánimo de introducir reformas sustanciales
en el Tratado del Canal.
José Dolores Moscote, en un estudio sobre la contribución
de Morales a la formación de las instituciones fundamentales del
Estado panameño, ha de decirnos de él: “Quien quiera que haya seguido
de cerca el desenvolvimiento de la vida política y cultural de nuestra
nación, desde que se erigió en Estado independiente, sabe que no
hay rama de la administración pública que no le deba algo al influjo
de las actividades inteligentes del Dr. Eusebio A. Morales; que
no hay, ni ha habido problema de alguna importancia para el bienestar
social de nuestro país, donde no se haya demandado un estudio serio
de Morales”.
Fue un defensor de la instalación en Panamá de una
Zona Libre, y de una serie de medidas destinadas a establecer una
reforma tributaria que no cargara en exceso al contribuyente, en
ánimo de provocar una política de estímulos a la empresa privada,
especialmente la que se dedica al comercio. Morales fue un defensor
del sufragio honesto, fue él quien recomendó adoptar el sistema
de la cédula de identidad personal, que se introdujo como un documento
destinado a la participación del ciudadano en las elecciones de
1920.
En un estudio que tituló Reformas Electorales nos
ofrece detalles del empeño de Belisario Porras en hacer aprobar
el Código Administrativo que contenía reformas sustanciales sobre
el sistema electoral. Y nos dice Morales: “Mi amor por el sistema
electoral honesto no es ni ha sido jamás una posición acomodaticia.
Yo no transijo nunca con el fraude, ni con la violencia electoral
venga de donde viniere, porque considero que quien vicia el sufragio
es tan malvado como quien envenena las fuentes públicas. Consecuente
con estas ideas y convencido además de que el Dr. Porras, Presidente
de la República, se inspiraba en los mismos principios, no fue sino
con verdadero entusiasmo como acepté sus sugestiones. Fue así como
fui enviado a la República Argentina, que se consideraba un modelo
en todas sus expresiones”.
Según Morales el sistema electoral argentino se
caracterizaba por tres principios fundamentales. El primero es la
universalidad del voto: todos los ciudadanos tienen el derecho de
participar en las elecciones sin restricciones. El segundo, el voto
debe ser secreto. Antes de las elecciones los organismos electorales
deben practicar un empadronamiento que garantice quiénes son los
ciudadanos de un domicilio fijo que han de votar en determinado
sitio. Y el tercero, nadie puede votar más de una vez. Este sistema
fue eliminado durante el gobierno de Rodolfo Chiari, en las elecciones
del año de 1928, pero implantado en las elecciones del año de 1932
en forma más ordenada.
Diógenes De La Rosa, al describir algunos conceptos
de su personalidad, nos señalaba que no era un hombre que se confundía
con las muchedumbres porque era un ser consagrado al estudio. Arturo
Morgan Morales nos señalaba, con relación a su abuelo y las relaciones
de este con Belisario Porras: “De manera frecuente sorprendí en
ellos fuertes diferencias, ambos eran hombres de carácter fuerte,
que exponían sus criterios con rudeza, pero que gracias al respeto
y admiración mutua, supieron en todo instante sobrellevarse el uno
al otro. Juntos compartieron las difíciles horas de la Guerra Civil
de los Mil Días y los días tormentosos de la formación de las instituciones
clásicas de la República. Bibliófilos y lectores constantes, de
igual manera, tenían temas de interés en sus prolongados diálogos,
pero cautelosos y desconfiados a los extremos en cuanto a los haberes
bibliográficos de cada cual”.
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