Panamá, 2 de marzo de 2003
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El Carnaval

Las lupercalias o lupercales, en conjunto con las bacanales, constituyeron motores básicos de los carnavales

Jorge Kam Ríos

Una de las fiestas más esperadas por los panameños es el Carnaval. Pese a su origen pagano, cuando se pregunta qué nos caracteriza como pueblo y país, el Carnaval es elevado a la categoría de elemento de identidad no solo nacional, sino cultural.

Sin embargo, ¿dónde se encuentran los antecedentes de esta celebración? ¿Estará en las fiestas al dios Apis de los egipcios? ¿En el nacimiento del dios Indoiraní Mitra? ¿En las bacanales? ¿Tal vez en las fiestas de la diosa Jano? ¿Las saturnalias? ¿Las lupercalias? ¿Las fiestas del sol invicto? ¿Las equirias? ¿Magna Mater?

De una manera u otra, todos estos festejos, a lo largo de la historia, se fueron fundiendo hasta ser el Carnaval que se celebraba en gran parte de Europa y que llegó a nuestra América vía España y Portugal.

Empero, todos los autores parecen estar de acuerdo en que el Carnaval tiene sus antecedentes en las siguientes fiestas grecorromanas, como: las bacanales, las saturnalias y las lupercalias.

Las bacanales fueron conmemoraciones de carácter orgiásticos dedicadas al dios Baco, divinidad del vino y de la alegre licencia de la época de la vendimia (correspondiente al Dionisio griego). Durante esos días de jolgorio, donde no se dejaba nada vedado a la moral, una serie de individuos disfrazados de sátiros le cantaban ditirambos o canciones satíricas y obscenas al dios; se dice, además, que un sacerdote de Baco conducía un barco sobre ruedas, llamado carrus navalis (carro naval), que pronunciado por los romanos sonaba: car navalis; sobre este antecesor de los actuales carros alegóricos se paseaba al dios acompañado de danzas promiscuas.

Las lupercalias o lupercales, en conjunto con las bacanales, constituyeron motores básicos de los carnavales. Fueron momentos de desenfrenos, celebrados anualmente (15 ó 19 de febrero), y se dedicaban a la divinidad romana conocida como Fauno (Pan, para los griegos) o Luperco (divinidad pastorial de los ítalos). En un principio era una fiesta que se iniciaba con el sacrificio de un macho cabrío; el sacrificador solía pasar el cuchillo ensangrentado por la frente de dos jóvenes nobles y, luego, era limpiado con lana mojada en leche, a la cual las mujeres le atribuían virtudes fecundantes.

Pero la fiesta degeneró en un ambiente vulgar, de orgías y se podía ver a los hombres semidesnudos correr embadurnados de sangre (luego del sacrificio de perros y cabras por los lupercos o crepis) y blandiendo látigos de piel de cabra para flagelar a las mujeres que querían tener hijos y, de esa manera, poder ser fértiles. Otras versiones sostienen que Luperca fue la loba que amamantó a los gemelos hijos de Marte, y el Lupercal su morada, ubicada en el monte Palatino. De igual manera se dice que esta es una fiesta de purificación del pueblo.

Las saturnalias o saturnales fueron las fiestas de mediados de diciembre dedicadas a Saturno y se extendían por siete días (posiblemente entre los días 17 y 23). Se suspendían las guerras, los suplicios se aplazaban y los esclavos podían sentarse a la mesa con sus amos. Las gentes se regalaban velas de cera (cerei) y oscilla o sigillaria, figuritas de barro que, generalmente, servían de juguetes a los niños. Pero, como todo, esta celebración evolucionó hacia el desenfreno, al desorden civil y al libertinaje.

Como queda expuesto arriba, los romanos, a quienes hay que citar siempre que se hable del Carnaval, celebraron este con las saturnalias y bacanales en diciembre y las lupercalias en febrero.

El cristianismo asimiló estas y otras fiestas paganas de invierno, acomodándolas a su calendario y denominándolas rituales de la “Risa Pascual”. En medio de ellas situó la Epifanía (6 de enero), la fiesta de San Antonio Abad (17 de enero) y la Candelaria (2 de febrero).

Independientemente de lo que dio origen a la palabra Carnaval (carrus navalis–car navalis, carnestollendas o carne levare –quitar las carnes–, carne vale –adiós a la carne–, carnislevamen o carnisprivum –privación de carne–) este festejo precede el comienzo del ayuno de Cuaresma, la fiesta de ramos, la Pascua, la Semana Mayor, escenarios religiosos que, el panameño, luego del desenfreno de su conducta en el Carnaval, guarda con extrema seriedad y solemnidad.

El autor es historiador y catedrático universitario

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