Panamá, 2 de marzo de 2003
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Un país invisible en Washington

Hay quienes advierten que Washington jamás negociará un acuerdo bilateral de libre comercio con Panamá y jamás limpiará los polígonos

Betty Brannan Jaén
laprensadc@aol.com

El pasado jueves, el diario El Panamá América publicó una noticia que abanica la ilusión de que Panamá es un país con tremendo peso en Washington, un país tan importante que hasta un precandidato presidencial de oposición tiene perfil suficiente como para que el presidente de Estados Unidos saque tiempo de su agenda de guerra para concederle una reunión y discutir temas bilaterales con él.

La noticia, titulada “Precandidato arnulfista se reunió ayer con George W. Bush”, informó que el presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Legislativa, Marco Ameglio, se había reunido el miércoles “con el presidente de Estados Unidos, George W. Bush, con quien conversó sobre el tema económico y otros de importancia para ambas naciones”.

“Durante la reunión”, continuó la noticia, “Ameglio explicó al mandatario estadounidense lo que sería parte de su gestión, de convertirse en el próximo presidente de Panamá [e] informó que en materia económica fundamentaría su estrategia en el mayor apoyo a los productores nacionales, a fin de generar más empleos, sobre todo, en el sector primario, con el objetivo de fortalecer la economía nacional”.

Esta noticia me causó asombro. En los 11 años que tengo de estar en Washington, nunca había visto que el presidente de Estados Unidos le concediera una reunión privada al embajador de Panamá, menos aún a un legislador. Tras hablar con funcionarios de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, y la Embajada de Panamá, entiendo que no hubo una genuina “reunión” entre Bush y Ameglio. Meramente hubo un breve intercambio de palabras durante la presentación de credenciales del nuevo embajador panameño, Roberto Alfaro Estripeaut. Fue un acto totalmente protocolar, en el que Bush –como es la costumbre aquí– recibió a varios embajadores nuevos, intercambió cartas con ellos, les dio la mano a todos los presentes, conversó brevemente con cada grupo, y se tomó fotografías con ellos. Dio la casualidad que en la fila de nuevos embajadores, Panamá entró detrás de Venezuela, y Bush –que no siente gran amor por Hugo Chávez– prefirió conversar más con los panameños que con los venezolanos.

Toda esta información es de segunda mano, porque la presentación de credenciales es un acto cerrado a los medios. Según entiendo, lo normal es que el embajador esté acompañado de su esposa e hijos, y a veces los cónyuges de estos. Incluir a un cuñado no sería en sí objetable, si no se tratara de una persona con aspiraciones presidenciales que trató de sacarle ventaja política al acto. Por un lado me parece que esos pocos minutos con Bush han debido de ser utilizados exclusivamente para beneficio de Panamá, no para ventaja personal, y por otro lado me parece que inflar el encuentro a dimensiones de una “reunión” es un faux pas que raya en payasada.

No obstante, el nuevo embajador Alfaro y su esposa Roxana son personas de enorme elegancia y habilidad, quienes seguramente harán una labor admirable en Washington. La triste realidad es que la agenda panameña con Estados Unidos –piensen, por ejemplo, en temas como la limpieza de los polígonos y la negociación de un tratado de libre comercio– está estancada, y Panamá tiene poco perfil en Washington. Por ejemplo, el jueves hubo una audiencia de tres horas en el Congreso sobre la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica y ninguno de los participantes mencionó a Panamá para nada (aunque un funcionario del Departamento de Estado presentó un documento que de manera pasajera señala la “vulnerabilidad” de Darién y elogia la reciente Declaración de Panamá sobre terrorismo). Está muy bien que no nos hayan mencionado en el contexto de que los chinos comunistas se quieren tomar el Canal, o como país corrupto, o como punto importante para el narcotráfico y narcolavado, pero tampoco es bueno que nos omitan totalmente de la agenda hemisférica.

Además, hay quienes murmuran acá que Panamá se quedó por fuera de las negociaciones del CAFTA (tratado de libre comercio con Centroamérica) porque no gestionó persistentemente su inclusión. También hay quienes advierten que Washington jamás negociará un acuerdo bilateral de libre comercio con Panamá y jamás limpiará los polígonos. Y hay quienes recomiendan que la presidenta Moscoso debe visitar Washington más frecuentemente (con o sin cita previa con el presidente Bush) para levantar el perfil del país. El embajador Alfaro –quien, como vemos, tiene mucho trabajo por delante– asegura que esta visita ocurrirá en los próximos meses.

La autora es corresponsal de La Prensa

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