Un país invisible en Washington
Hay quienes advierten que Washington jamás negociará
un acuerdo bilateral de libre comercio con Panamá y jamás limpiará
los polígonos
Betty Brannan Jaén laprensadc@aol.com
El pasado jueves, el diario El Panamá América
publicó una noticia que abanica la ilusión de que Panamá es un país
con tremendo peso en Washington, un país tan importante que hasta
un precandidato presidencial de oposición tiene perfil suficiente
como para que el presidente de Estados Unidos saque tiempo de su
agenda de guerra para concederle una reunión y discutir temas bilaterales
con él.
La noticia, titulada “Precandidato arnulfista
se reunió ayer con George W. Bush”, informó que el presidente de
la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Legislativa,
Marco Ameglio, se había reunido el miércoles “con el presidente
de Estados Unidos, George W. Bush, con quien conversó sobre el tema
económico y otros de importancia para ambas naciones”.
“Durante la reunión”, continuó la noticia, “Ameglio
explicó al mandatario estadounidense lo que sería parte de su gestión,
de convertirse en el próximo presidente de Panamá [e] informó que
en materia económica fundamentaría su estrategia en el mayor apoyo
a los productores nacionales, a fin de generar más empleos, sobre
todo, en el sector primario, con el objetivo de fortalecer la economía
nacional”.
Esta noticia me causó asombro. En los 11 años que
tengo de estar en Washington, nunca había visto que el presidente
de Estados Unidos le concediera una reunión privada al embajador
de Panamá, menos aún a un legislador. Tras hablar con funcionarios
de la Casa Blanca, el Departamento de Estado, y la Embajada de Panamá,
entiendo que no hubo una genuina “reunión” entre Bush y Ameglio.
Meramente hubo un breve intercambio de palabras durante la presentación
de credenciales del nuevo embajador panameño, Roberto Alfaro Estripeaut.
Fue un acto totalmente protocolar, en el que Bush –como es la costumbre
aquí– recibió a varios embajadores nuevos, intercambió cartas con
ellos, les dio la mano a todos los presentes, conversó brevemente
con cada grupo, y se tomó fotografías con ellos. Dio la casualidad
que en la fila de nuevos embajadores, Panamá entró detrás de Venezuela,
y Bush –que no siente gran amor por Hugo Chávez– prefirió conversar
más con los panameños que con los venezolanos.
Toda esta información es de segunda mano, porque
la presentación de credenciales es un acto cerrado a los medios.
Según entiendo, lo normal es que el embajador esté acompañado de
su esposa e hijos, y a veces los cónyuges de estos. Incluir a un
cuñado no sería en sí objetable, si no se tratara de una persona
con aspiraciones presidenciales que trató de sacarle ventaja política
al acto. Por un lado me parece que esos pocos minutos con Bush han
debido de ser utilizados exclusivamente para beneficio de Panamá,
no para ventaja personal, y por otro lado me parece que inflar el
encuentro a dimensiones de una “reunión” es un faux pas que raya
en payasada.
No obstante, el nuevo embajador Alfaro y su esposa
Roxana son personas de enorme elegancia y habilidad, quienes seguramente
harán una labor admirable en Washington. La triste realidad es que
la agenda panameña con Estados Unidos –piensen, por ejemplo, en
temas como la limpieza de los polígonos y la negociación de un tratado
de libre comercio– está estancada, y Panamá tiene poco perfil en
Washington. Por ejemplo, el jueves hubo una audiencia de tres horas
en el Congreso sobre la política de Estados Unidos hacia Latinoamérica
y ninguno de los participantes mencionó a Panamá para nada (aunque
un funcionario del Departamento de Estado presentó un documento
que de manera pasajera señala la “vulnerabilidad” de Darién y elogia
la reciente Declaración de Panamá sobre terrorismo). Está muy bien
que no nos hayan mencionado en el contexto de que los chinos comunistas
se quieren tomar el Canal, o como país corrupto, o como punto importante
para el narcotráfico y narcolavado, pero tampoco es bueno que nos
omitan totalmente de la agenda hemisférica.
Además, hay quienes murmuran acá que Panamá se quedó
por fuera de las negociaciones del CAFTA (tratado de libre comercio
con Centroamérica) porque no gestionó persistentemente su inclusión.
También hay quienes advierten que Washington jamás negociará un
acuerdo bilateral de libre comercio con Panamá y jamás limpiará
los polígonos. Y hay quienes recomiendan que la presidenta Moscoso
debe visitar Washington más frecuentemente (con o sin cita previa
con el presidente Bush) para levantar el perfil del país. El embajador
Alfaro –quien, como vemos, tiene mucho trabajo por delante– asegura
que esta visita ocurrirá en los próximos meses.
La autora es corresponsal de La Prensa
Además en opinión
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