Panamá, 2 de marzo de 2003
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Plan de guerra sufre revés

Al ser rechazado el despliegue de tropas estadounidenses en Turquía, Washington pierde la oportunidad de abrir un frente de batalla por el norte de Irak para que el conflicto sea más corto

ANKARA, Turquía (Servicios internacionales). Fue una decisión inesperada de una votación extraordinaria: el Parlamento turco no aprobó la autorización para el despliegue de tropas de Estados Unidos en Turquía ante una posible guerra contra Irak. Ahora Turquía ha quedado en un encrucijada al propinarle un revés al plan de guerra de Washington.

Pese a que 264 legisladores votaron a favor de la moción para permitir el despliegue de tropas estadounidenses, 250 lo hicieron en contra y 19 se abstuvieron, y el opositor Partido Popular Republicano encontró apoyo en un artículo constitucional que establece la necesidad del respaldo de la mayoría absoluta de los presentes para que sea aprobada la iniciativa.

Mientras que casi nadie esperaba tal resultado de la votación, el Gobierno se encuentra a sí mismo en un serio problema.

Básicamente, la administración de Ankara tiene dos opciones: intentarlo nuevamente u olvidarse de desarrollar cualquier papel en la guerra y, más importante para Turquía, en un Irak posterior a Sadam Husein.

Para volver a intentar el respaldo parlamentario al despliegue de tropas estadounidenses, el Gobierno debería usar aún más capital político que el que ya gastó. Elegido con un abrumador triunfo electoral en noviembre pasado, el Gobierno encontró que la población está mayoritariamente en contra de cualquier guerra.

Debido a que el Gobierno no permitió que el debate parlamentario estuviera abierto al público o a la prensa, no quedó claro cuántos legisladores oficialistas fueron fieles a sus votantes y no a sus líderes, pero aparentemente fue casi un tercio de los integrantes del partido de gobierno.

Al mismo tiempo, no volver a intentar la aprobación de la moción podría poner al Gobierno en dificultades en varios frentes. El más obvio, el económico, ya que Turquía podría perderse una ayuda de 20 mil millones a 30 mil millones de dólares en garantías y préstamos que Estados Unidos prometió en recompensa por el permiso para el establecimiento de sus tropas en suelo turco.

Y cuando el país recién está comenzando a salir de su peor recesión en más de medio siglo, esto podría dar por tierra con los planes presupuestarios del Gobierno.

De todos modos, eso podría no ser nada en comparación con los problemas políticos que podría afrontar si los kurdos del norte de Irak intentaran declarar la independencia después de una guerra encabezada por Estados Unidos.

La moción sometida ayer a votación no solo buscaba permitir el despliegue de soldados estadounidenses en Turquía, sino también autorizar al Gobierno a enviar tropas turcas al norte de Irak.

Según ministros turcos, la principal razón para ello es la de establecer campos de refugiados para los cientos de miles de personas que se espera huyan del conflicto. Sin embargo, según la mayoría de los analistas, el motivo fundamental es en realidad evitar que los kurdos de la región declaren la independencia.

Ankara teme que tal evolución de la situación pueda impulsar a los kurdos de Turquía a tomar las armas por su propia autonomía.

El fracaso para lograr la aprobación es también sin dudas un golpe a Washington, tanto político como militar.

Los dos aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) mantuvieron siempre buenas relaciones. Turquía colaboró con soldados en varias causas y guerras estadounidenses, incluidas las de Corea, Bosnia y Afganistán, y Washington esperaba poder usar a la Turquía musulmana y secular como un ejemplo de cómo debería ser Irak después del derrocamiento de Sadam Husein.

Turquía, entre la espada y la pared

En el frente militar, Turquía podría ser culpada si la guerra se prolonga, ya que los estrategas del Pentágono planeaban abrir desde allí un denominado “frente norte” contra las fuerzas iraquíes, con el fin de hacer más corto el enfrentamiento.

Las cosas no están del todo claras en Ankara, y el Gobierno podría intentar una segunda votación, pero asegurándose esta vez de que sus legisladores voten de acuerdo a sus planes.

Una cosa es segura: Turquía no está en la “coalición de la buena voluntad” del presidente estadounidense, George W. Bush.

Consternación en EU

Estados Unidos aguarda una “clarificación” de la decisión del Parlamento turco de rechazar el despliegue de 62 mil soldados de EU en Turquía, dijo ayer el Departamento de Estado norteamericano. “Estamos esperando una clarificación y aguardando ver qué clase de decisión hizo el Parlamento turco”, manifestó ayer la portavoz del Departamento de Estado de EU, Tara Riegler.

Los funcionarios, quienes tenían listas declaraciones para elogiar al Parlamento turco tras informes iniciales de que el despliegue de soldados iba a ser autorizado, quedaron consternados cuando se enteraron de lo contrario.

Fuentes militares estadounidenses han indicado que, aunque no es la opción deseada por Washington, todavía se puede librar la guerra contra Irak sin la participación turca. El 22 de febrero, la prensa norteamericana informó de que la Casa Blanca había logrado un acuerdo con Turquía sobre un paquete de ayuda económica y militar de miles de millones de dólares, que podía allanar el camino para que las tropas estadounidenses usaran territorio turco en caso de guerra contra Irak.

Los turcos pedían compensación económica luego de señalar que fueron los grandes perjudicados tras la guerra del Golfo, en 1991, ya que perdieron a Irak como uno de sus principales socios comerciales, y temen que una nueva guerra afecte ahora su pujante industria turística.

Destruyen misiles

BAGDAD, Irak (AFP). Irak destruyó este sábado cuatro misiles Al Samoud 2 y acordó con las Naciones Unidas un plazo para desmantelar el resto, dijeron funcionarios iraquíes. Los inspectores de la ONU mientras tanto reanudaron las entrevistas con los científicos iraquíes.

Las entrevistas y la destrucción de los misiles, ambas exigencias clave de los inspectores de armas, podrían tener efecto sobre el informe que presentará la próxima semana el jefe de inspectores de la ONU, Hans Blix, quien destacó la decisión. “Es un elemento muy importante del verdadero desarme”, dijo el sueco.

El ministro iraquí de Información Odai al-Taie dijo que el país destruyó cuatro misiles ayer por la tarde en la zona de Al-Taji, a 30 kilómetros al norte de Bagdad.

Otro funcionario iraquí que pidió no ser identificado dijo que la destrucción había sido completada.

En tanto, la Liga Arabe concluyó ayer una agitada cumbre marcada por la polémica y resuelta con un comunicado final de compromiso en el que se subrayó que la ONU y el respeto a la resolución 1441 del Consejo de Seguridad son el camino para resolver de forma pacífica la crisis iraquí.

Tras ocho horas de intensos debates donde asomaron algunos “trapos sucios” que amenazaron con convertir la reunión en un sonoro fracaso, los 22 países de la Liga Arabe subrayaron una vez más su oposición a un ataque contra cualquier miembro de la organización, y por vez primera incluyeron explícitamente el nombre de Irak.

El rechazo a la agresión fue uno de los párrafos más relevantes de un comunicado de seis puntos en el que se resaltó que ningún país árabe participará en una agresión a Irak, pero en el que se obvió el controvertido préstamo de territorio a Estados Unidos, que ya tiene destacados más de 200 mil soldados en varios países de Oriente Medio.

El documento explica que una posible guerra en Irak amenazaría la estabilidad de la zona y por extensión al resto del mundo.

“Los árabes estamos de acuerdo en decir no a la guerra”, dijo en la conferencia de prensa posterior a la cumbre el secretario general de la Liga, Amro Musa.

El comunicado también rechazó, implícitamente, la sorprendente propuesta presentada ayer por Emiratos Arabes Unidos (EAU), en la que se sugería la renuncia del presidente iraquí, Sadam Husein, como solución al conflicto.

EAU invitó a los árabes a ofrecer quince días y garantías de vida para Sadam Husein, sus colaboradores y sus familias, a cambio de que dejara el poder a un mandato conjunto de la Liga Arabe y la ONU.


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