La Copa del ridículo
CAMPO ELIAS ESTRADA
cestrada@prensa.com
La preparación y participación del seleccionado
nacional de fútbol que estuvo en la Copa de Naciones es una
fiel copia de ese árbol que nace y vive torcido y que muere
de la misma manera. Algo lamentable.
Nuestra selección inició de esa manera,
torcida desde sus propias raíces, con una dirigencia que solo
hizo improvisar en cada paso que se dio, sumergida más que nada
en sus intereses particulares, con el culebrón de los estatutos
y las elecciones para la escogencia de la federación de fútbol
en las que consiguió ratificarse. Poco se hizo por la preparación
de este seleccionado que nunca tuvo pies ni cabeza.
Todo anduvo apurado. No se planificó
para honrar el centenario de la República, se pensó que con
la clasificación de la Sub 20 al Mundial de Emiratos Arabes
se iba a conseguir la clasificación a la Copa de Oro. No hay
comparaciones, lo de Gary Stempel estuvo planificado, se trabajó
por buen margen de tiempo con los mejores jugadores y su preparación
estuvo acertada. Afortunado Stempel, porque para esos días todavía
no se había destapado el problema de los estatutos. Hubo tiempo
para pensar en el equipo.
Se contrató a un técnico brasileño para
el equipo mayor que nada pudo hacer, era obvio, porque no se
le asesoró a la hora de escoger los jugadores, simplemente se
le dio la potestad para que él mismo seleccionara a los jugadores
después de ver unos partidos y algunos videos. Ese fue el pecado
mortal que nos llevó al infierno de la ridiculez.
En la escogencia de jugadores no me quise
involucrar, Carlos Alberto Daluz asumió esa responsabilidad,
que en parte la comparto, al escoger algunas unidades jóvenes,
lo que muchos pregonaron y pidieron a gritos, pensando en una
renovación. Pero pienso que había que pensar en armar un buen
equipo para tratar de conseguir algo, ahora que se nos presentaba
esa oportunidad como anfitriones. El mismo Anthony Torres lo
había anticipado, en su momento dijo que veía muy prematuro
que se le diera esta gran responsabilidad a los más “pelados”,
porque al torneo venían equipos de peso y mucho oficio.
Se armó un modesto equipo, que la afición
respaldo en todo momento pese a sus diferencias, excepto ayer
contra los ticos, que era natural, no se podía esperar otra
cosa después de la humillación del sábado. Pero la dirigencia
no le brindó una buena preparación a ese equipo, como quien
dice, los dejó desamparados de cara al torneo regional de más
prestigio a nivel de selecciones. Hasta el punto que el propio
Daluz antes de irse a Colombia a sus dos únicos amistosos señaló
que el equipo había perdido una semana de ritmo por falta de
canchas y porque por esos días la dirigencia la descuidó por
estar enredada en esos días con el asunto de la eliminatoria
de la Sub 17, que fue otra copia de la mayor, pero que al menos
estuvo a un tris de clasificarse.
¿Qué podíamos esperar de este equipo
así estuviera James, Torres o Julio Dely? Nada. Eso sí, hicieron
mucho más de lo que una gran mayoría esperaba después de ganarle
a Guatemala, que venía de dar un concierto de fútbol en su partido
contra los ticos y, más tarde, al empatarle con un equipo remendado
a una fuerte selección de Honduras.
El problema del seleccionado fue todo
de dirigencia, porque recordemos que cuando el equipo más la
necesitaba, ellos le estaban prestando toda su atención a sus
propios intereses que no eran otros que los estatutos y las
elecciones.
El resultado del viernes contra Nicaragua
fue la consecuencia de no haber contado con jugadores más maduros
que hubiesen podido resolver este tipo de partido contra un
equipo que solo vino a defenderse. Fue una derrota humillante
y horrorosa que nos retrocedió un año luz.
Lo que pasó en la Copa de Naciones fue
un irrespeto a la afición y al Centenario de la República, porque
lo que se esperaba era que Panamá se armara hasta los dientes
con un equipo que hiciera la batalla.
Fuimos ilusos al pensar que algo que
se había preparado mal fuera a terminar bien.
¡Qué ridículo!