Panamá, 28 de febrero de 2003
 
SECCIONES
Portada
Hoy por hoy
La Ciudad
Nacionales
Deportes
Opinión
Mundo
Negocios
Defensor del lector
Revista
Reseña
Horóscopo
SERVICIOS
Titulares por email
Directorio de email
Reportajes
Columnistas
Notas importantes
El tiempo
TIEMPO LIBRE
Turismo
De interés
Agenda
Cine
De noche
Restaurantes
Recetas
SUPLEMENTOS
Ellas Virtual
Martes Financiero
Aprendo Web
R. Empresarial
SEPARATAS
Pulso de la Nación
AYUDA
Guía del sitio
Tarifas
¿Quienes somos?
Contáctenos
VISITA
Defensoría del pueblo
Vea nuestros clasificadosHaga esta su página de inicio

Vengo a decirle adiós a los muchachos

Hay que soportar, además, que aquél concluya de tu texto lo que le venga en ganas, aunque tenga poco que ver con lo que dijiste

Jaime A. Porcell Alemán
japorcell@yahoo.com.mx

No conozco a nadie que le piquen los pies por dejar el rol de columnista. Desde hace una década, escribir me posee como un demonio mientras me regala una satisfacción inexplicable. He escrito con regularidad para cinco medios. Mas fue con La Prensa donde mejor conocí y disfruté del poder de la palabra escrita. Pero cuando te cantan tres strikes, estás ponchado. Tres artículos rechazados, dos en menos de 15 días, todo un récord, indica que no nos estamos entendiendo y que tocó la hora de decir adiós a los muchachos. El único sentimiento típico que me faltaba, el de no ser comprendido, ya está aquí.

Escribí, también leí, pero sobre todo, entendí. Este investigador de mercado requirió redactar más de 150 columnas durante tres años y sobrevivir a tres administraciones, para descifrar algunos retos que afronta el articulismo nacional.

Abundan quienes orientan la opinión, escasean los que, además, la deleitan. Aquellos que pretenden deleitarla, serán tratados como bichos raros, en una fauna plena de articulistas profundos pero que aburren hasta las piedras. Tampoco se les puede culpar. Un escritor sin oficio, aunque conozca del tema, produce textos de aficionado. Con un sentido del ahorro mal entendido, los periódicos entregaron las páginas de opinión a quien no tiene por qué manejar la técnica del artículo. Peor aún. Los medios están rellenando con políticos disfrazados de analistas, que por más vueltas que den siempre caen en las ¡vivas! y los ¡abajo! Eso no es opinión, es propaganda, y debiera pagarse.

Las páginas destilan, sin tregua ni imaginación un monotema político escaso de gracia, cuya fijación tenderá a intensificarse con la cercanía del período electoral. Los editores desdeñan el gran poder de convocar lectores de lo artístico, académico, médico, lo familiar, como parte de una temática de opinión. La persistencia de tantos vicios, acendra la sospecha que los periódicos entienden el periodismo de opinión distinto al entender clásico.

Existe la idea que escribir resulta tan sencillo como sentarse en el ordenador, y que los buenos textos están tan a la mano de Ritter, Sánchez Borbón, José Montano, como de cualquiera. Las redacciones desbordan de opiniones tendenciosas y triviales, mientras hacen falta más Gorritti, Rubén Murgas, Renato Pereira, Mario Galindo, Gilberto Sucre, Olmedo Miranda, Italo Antinori, Ernesto Endara, que distingan el texto bueno del mediocre.

Desde esta esquinita, debajo de Bobby, señalé verdades con nombre propio, pero con respeto por el poder de la letra impresa. De las 70 mil palabras que parí, reniego de una: haber calificado a Ricardo Bermúdez como “temoso”, todo por un error de edición.

La madurez que sobrevino con el oficio, evidencia algunas verdades íntimas. Hay placer en ver el nombre de uno impreso en tinta negra, y casi tocas el cielo cuando tropiezas con alguien que inquiere –¿usted es el que escribe?–. El columnista envidia al político mientras sustituye el poder del puesto por el de la pluma. Aquí la fama es efímera, y si buscas inmortalidad, mejor prensa un acordeón. El prestigio de una firma lo forja la insistencia de aparecer y ser leído periódicamente. Pero el lector, más que tuyo, pertenece al medio. Hay que soportar, además, que aquél concluya de tu texto lo que le venga en ganas, aunque tenga poco que ver con lo que dijiste.

De resumir el legado de estos tres años, diría que en el redactar conciso y claro está la base de un estilo propio. La editora Nubia Aparicio me conminó a escribir en 650 palabras. Cuando eliminé adherencias y comprimí mi artículo, quedé extasiado ante el poder de la difícil brevedad. Suscribir una columna supuso enfrentar que, aunque no quise ser escritor, no quedó otro remedio que rendirme ante un rol que me tomó tan en serio, que me impone decir adiós en contra de mi vanidad y mi bolsillo.

El autor es analista de mercado

Además en opinión

Política, políticos, candidatos: I. Roberto Eisenmann, Jr.
Vengo a decirle adiós a los muchachos: Jaime A. Porcell Alemán
Colón, ¿ciudad en ruinas?: Francisco Herrera
Mojigatería alcaldicia en Carnaval: Jorge I. Alzamora M.






¦
Portada¦ Hoy por hoy¦ La Ciudad¦ Nacionales¦ Deportes¦ Opinión¦
¦
Mundo¦ Negocios¦ Revista¦ Reseña¦ Última hora ¦ UH Mundo¦
¦
UH Negocios ¦ UH Deportes ¦ UH Farandula ¦ UH Ciencia y Salud¦ UH Tecnología ¦ UH Cultura ¦ UH Curiosidades ¦
Derechos reservados, Corporación La Prensa.internet@prensa.com

Corporación La Prensa TEL (507)222-1222
Apartado 6-4586 El Dorado Ave. 12 de octubre, Hato Pintado Panamá, República de Panamá