Panamá, 28 de febrero de 2003
 
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Mojigatería alcaldicia en Carnaval

Jorge I. Alzamora M.

Los carnavales, tradicionalmente, son una especie de frenesí colectivo en el que las personas, liberadas de formalismos y formalidades, dan rienda suelta a la alegría, las bromas y a las más variadas formas de diversión durante cuatro días, relajándose y liberándose del famoso estrés que tantos estragos causa a nuestro sistema cardiovascular.

En nuestra querida Panamá, en Azuero, y más específicamente en Los Santos –en añorados tiempos que no volverán– surgió una modalidad de celebraciones carnestolendas consistente en una rivalidad entre dos porciones de la comunidad: Calle Arriba y Calle Abajo, en donde cada una, bajo el imperio de una hermosa soberana, se aglutina en alegres tunas, es decir comparsas que al ritmo de tonadas y una infaltable murga acompañan a su respectiva reina.

Cada sector o calle hace acopio de recursos durante todo un año para participar, durante los cuatro días que dura el jolgorio, con derroche de lujo y esplendor, pero sobre todo con sorna o “tiradera” y sana rivalidad contra la contraria, constituyendo esto el centro de las festividades.

A veces ocurre que, producto del calor de la rivalidad, se sube el tono y hasta se ha llegado a incidentes incluso lamentables, cosa que poco a poco se viene superando a medida que se entiende que de lo que se trata es de una sana diversión y no de una guerra fratricida disfrazada de Carnaval.

La ciudad de Las Tablas ha sido por mucho tiempo el lugar emblemático de este tipo de celebración y desde donde se ha proyectado, reproduciéndose la Calle Arriba y la Calle Abajo a todo lo largo y ancho del país.

La autoridad alcaldicia siempre ha dictado disposiciones para el mantenimiento del orden durante el Carnaval, dirigidas a evitar los excesos y prevenir incidentes que lamentar. Nunca alcalde alguno ha osado intentar la regulación del jolgorio en sí, como, por ejemplo, disponer que no se lance agua a las personas, censurar una tonada o prohibir las serpentinas y el confeti.

Este año, sin embargo, el alcalde de Las Tablas –que además preside la Junta de Carnaval– ha tomado partido a favor de la Calle Arriba al pretender prohibir que se lance, desde los balcones que rodean el parque de Las Tablas, rollos de papel higiénico como especie de super serpentina.

La cuestión es que los citados balcones pertenecen a la gente de Calle Abajo y, obviamente, los de Calle Arriba deben buscar algún pretexto para tratar de eliminar las super serpentinas de sus contrarios. El pretexto baladí es que el papel higiénico es ofensivo, a lo cual ha hecho coro el alcalde en una desafortunada muestra de ignorancia y mojigatería.

Todos somos testigos –por haberlo visto en TV– de que en muchos países se utiliza el papel higiénico, al igual que el confeti y la serpentina, para expresar alegría, admiración y hasta respeto, como ocurre en Nueva York cuando se saluda no solo con serpentina y confeti, sino con abundantes rollos de papel higiénico, el paso de algún héroe nacional.

De manera que la desafortunada pretensión de prohibir el uso del papel higiénico en la forma indicada está condenada al fracaso, porque no obedece a razones lógicas ni de peso toda vez que es imposible lastimar físicamente a alguien con el famoso papel que, afortunadamente, al aludido funcionario no se le ha ocurrido prohibir su otro uso.

Sería bueno averiguar –y esto se lo dejo a los abogados– si la malhadada medida no constituye un abuso de autoridad por cuanto ningún funcionario puede actuar más allá de lo que expresamente dispone la ley.

El autor es economista

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