Mojigatería alcaldicia en Carnaval
Jorge I. Alzamora M.
Los carnavales, tradicionalmente, son una
especie de frenesí colectivo en el que las personas, liberadas de
formalismos y formalidades, dan rienda suelta a la alegría, las
bromas y a las más variadas formas de diversión durante cuatro días,
relajándose y liberándose del famoso estrés que tantos estragos
causa a nuestro sistema cardiovascular.
En nuestra querida Panamá, en Azuero, y más
específicamente en Los Santos –en añorados tiempos que no volverán–
surgió una modalidad de celebraciones carnestolendas consistente
en una rivalidad entre dos porciones de la comunidad: Calle Arriba
y Calle Abajo, en donde cada una, bajo el imperio de una hermosa
soberana, se aglutina en alegres tunas, es decir comparsas que al
ritmo de tonadas y una infaltable murga acompañan a su respectiva
reina.
Cada sector o calle hace acopio de recursos durante
todo un año para participar, durante los cuatro días que dura el
jolgorio, con derroche de lujo y esplendor, pero sobre todo con
sorna o “tiradera” y sana rivalidad contra la contraria, constituyendo
esto el centro de las festividades.
A veces ocurre que, producto del calor de la rivalidad,
se sube el tono y hasta se ha llegado a incidentes incluso lamentables,
cosa que poco a poco se viene superando a medida que se entiende
que de lo que se trata es de una sana diversión y no de una guerra
fratricida disfrazada de Carnaval.
La ciudad de Las Tablas ha sido por mucho tiempo
el lugar emblemático de este tipo de celebración y desde donde se
ha proyectado, reproduciéndose la Calle Arriba y la Calle Abajo
a todo lo largo y ancho del país.
La autoridad alcaldicia siempre ha dictado disposiciones
para el mantenimiento del orden durante el Carnaval, dirigidas a
evitar los excesos y prevenir incidentes que lamentar. Nunca alcalde
alguno ha osado intentar la regulación del jolgorio en sí, como,
por ejemplo, disponer que no se lance agua a las personas, censurar
una tonada o prohibir las serpentinas y el confeti.
Este año, sin embargo, el alcalde de Las Tablas
–que además preside la Junta de Carnaval– ha tomado partido a favor
de la Calle Arriba al pretender prohibir que se lance, desde los
balcones que rodean el parque de Las Tablas, rollos de papel higiénico
como especie de super serpentina.
La cuestión es que los citados balcones pertenecen
a la gente de Calle Abajo y, obviamente, los de Calle Arriba deben
buscar algún pretexto para tratar de eliminar las super serpentinas
de sus contrarios. El pretexto baladí es que el papel higiénico
es ofensivo, a lo cual ha hecho coro el alcalde en una desafortunada
muestra de ignorancia y mojigatería.
Todos somos testigos –por haberlo visto en TV– de
que en muchos países se utiliza el papel higiénico, al igual que
el confeti y la serpentina, para expresar alegría, admiración y
hasta respeto, como ocurre en Nueva York cuando se saluda no solo
con serpentina y confeti, sino con abundantes rollos de papel higiénico,
el paso de algún héroe nacional.
De manera que la desafortunada pretensión de prohibir
el uso del papel higiénico en la forma indicada está condenada al
fracaso, porque no obedece a razones lógicas ni de peso toda vez
que es imposible lastimar físicamente a alguien con el famoso papel
que, afortunadamente, al aludido funcionario no se le ha ocurrido
prohibir su otro uso.
Sería bueno averiguar –y esto se lo dejo a los abogados–
si la malhadada medida no constituye un abuso de autoridad por cuanto
ningún funcionario puede actuar más allá de lo que expresamente
dispone la ley.
El autor es economista
Además en opinión
• Política,
políticos, candidatos: I. Roberto Eisenmann, Jr.
• Vengo a decirle
adiós a los muchachos: Jaime A. Porcell Alemán
• Colón, ¿ciudad
en ruinas?: Francisco Herrera •
Mojigatería alcaldicia en Carnaval: Jorge
I. Alzamora M.
|