
La amenaza pacifista
Los intelectuales del movimiento
pacifista son lunáticos que todavía no se enteraron de los desastrosos
resultados del stalinismo, el nazismo y las demás utopías totalitarias
del siglo XX
Andrés Oppenheimer
Soy una de las millones de personas que se
oponen a una guerra de Estados Unidos contra Irak sin el apoyo de
la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Pero cuando escucho
los delirantes discursos que se están haciendo en las manifestaciones
pacifistas de Europa y América Latina, me pregunto cuál de los dos
lados en el debate sobre Irak está más loco.
Consideren los síntomas de regresión totalitaria
que proliferaron en las marchas pacifistas del 15 de febrero, cuando
más de 3 millones de personas salieron a las calles en las principales
ciudades europeas y latinoamericanas para repudiar los planes de
guerra del presidente George W. Bush.
Al escuchar a oradores como el director de cine
español Pedro Almodóvar, que habló ante un millón de personas en
Madrid, uno no puede menos que concluir que los intelectuales supuestamente
“progresistas” del movimiento pacifista son lunáticos que todavía
no se enteraron de los desastrosos resultados del stalinismo, el
nazismo y las demás utopías totalitarias del siglo XX.
Me tomé el trabajo de leer el discurso de Almodóvar,
y no encontré una sola palabra crítica a los crímenes de Sadam Husein.
A lo largo del discurso, pareciera que fuera Bush –y no Sadam– quien
tomó el poder en un golpe militar hace 23 años, prohíbe los partidos
políticos opositores y la prensa independiente, tortura a sus prisioneros
y lanza armas químicas contra las minorías étnicas de su país y
sus vecinos.
“Irak es hoy un país hundido en la miseria, devastado
por más de una década de sanciones económicas y agresiones militares
continuadas”, dijo Almodóvar. ``Más de un millón de personas, entre
ellas 800 mil menores de cinco años, han muerto a causa del embargo
[de la ONU]”.
Lo que es más, haciéndose eco de la retórica de
Sadam, agregó que el mundo debería levantarse “en oposición a la
guerra contra Irak y en solidaridad con el pueblo iraquí”.
Ese mismo día, otras 2 millones de personas marcharon
en Roma, París, Londres, ciudad de México, Sao Paulo y Buenos Aires,
muchas de ellas con banderas de Irak, Cuba y Palestina. En Argentina,
coreaban “Bush, fascista, vos sos el terrorista”. En Brasil, el
eslogan era “El iraquí es mi amigo: métete con él y te metes conmigo”.
¿Es que Almodóvar y sus colegas nunca se tomaron
el trabajo de meterse en la página de internet de Amnistía Internacional
(AI), y buscar lo que se dice sobre Irak? Si lo hubieran hecho,
se habrían enterado de que el pueblo iraquí estaría feliz si pudiera
deshacerse de Sadam.
Para hacer la historia corta, la dictadura de Sadam
ha asesinado a decenas de miles de personas en la última década,
desde la invasión iraquí a Kuwait. AI, que se opone a la guerra
de Bush, dice en su último informe anual que el régimen de Irak
“practica sistemáticamente la tortura” de sus prisioneros políticos.
“Los métodos más comunes de tortura física incluyen
choques eléctricos o quemaduras de cigarrillos en varias partes
del cuerpo, la extirpación de las uñas, la violación, las golpizas
con cables y varas de metal”, dice el informe de AI.
Max Van der Stoel, hasta hace poco el encargado
del grupo de las Naciones Unidas que monitorea los derechos humanos
en Irak, ha dicho que el régimen iraquí es “la dictadura más cruel
que se haya visto en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial”.
¿Solidaridad con eso me está pidiendo Almodóvar,
y los demás oradores de las marchas pacifistas?
Perdónenme por ir contra la corriente, pero mientras
vea flamear banderas de Irak, Cuba y otras dictaduras cavernarias
en las manifestaciones contra la guerra, me costará mucho sentir
alguna simpatía con el nuevo movimiento pacifista. Eso no es pacifismo,
sino complicidad con el totalitarismo.
De hecho, creo que la comunidad internacional debería
intervenir colectivamente en Irak lo antes posible, a través de
la ONU, por dos motivos.
Uno, porque en nombre de los tratados internacionales
que exigen la defensa colectiva de los derechos humanos, habría
que exigirle cuentas a Sadam por sus crímenes de guerra.
Dos, porque a menos que la ONU castigue a Sadam
por haber violado las 18 últimas resoluciones exigiéndole que entregue
sus armas de destrucción masiva, el organismo internacional se volverá
irrelevante, y el mundo se convertirá en un lugar mucho más peligroso.
En el mundo post-11 de septiembre, en que cada vez
más Estados delincuentes y grupos terroristas pueden hacerse de
armas químicas, biológicas o nucleares, hace más falta que nunca
un organismo como Naciones Unidas que mantenga el orden internacional.
De manera que en el nuevo contexto internacional,
en que los Estados terroristas y los grupos violentos tendrán un
poder destructivo cada vez mayor, no sé quién representa un mayor
peligro para la humanidad: si los guerreristas enceguecidos del
gobierno de Bush, o los pacifistas cómplices de las dictaduras como
Almodóvar y sus colegas.
El autor es columnista de The Miami Herald
y de El Nuevo Herald
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