Panamá, 26 de febrero de 2003
 
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Buen comer
Piccola Trattoria

Lo mejor fue la pizza de morrones y tomates y el pastel de limón

ARISTOLOGA
ESPECIAL PARA LA PRENSA
revista@prensa.com

LA PRENSA/Alejandro Bolívar

Un ambiente alegre y luminoso en plena Calle 50

El problema de llevar reclutas de turno (RDT) distintos cada vez que voy a un restaurante es que, evidentemente, los criterios no son uniformes. Me ha ocurrido que llevo a un RDT totalmente trotamundos a un sitio que, para los estándares locales, es muy bueno, pero como no está a la altura de Le Cirque, me lo califica de atroz. La otra cara de la moneda es que llevo a un restaurante bastante malazo a un RDT que en el momento tiene un hambre feroz y, predeciblemente, todo le sabe a gloria. De cualquier manera, siempre me toca aplicar una curva y atemperar los comentarios y reacciones para que quepa todo en el contexto, y se califique a todos los restaurantes dentro de una misma línea editorial, con un criterio uniforme. O sea, como decía Harry Truman, the buck stops here. Lo traigo a colación porque a mis RDT les pareció atroz el sitio, pero a mí no tanto.

La Piccola Trattoria me había llamado la atención un par de veces que pasé en frente de ella, y me siguió gustando el entorno una vez entrada al restaurante, las cortinas de tela de denim enruchado de cuadritos rojos y blancos, los manteles que hacían juego, los bodegones que cuelgan de las paredes, la aparente limpieza del lugar y los grandes ventanales llenos de luz, todos dan un aspecto alegre y pulcro al sitio.

Nos explicaron que no tienen lista de vinos, pero sí sodas, cervezas y jugos, y vino por copas, así que pedimos sodas y cervezas y estudiamos el menú. Inmediatamente se nota la presencia del antiguo chef de Pizza Piola, Carlos, ya que tiene sus empanaditas argentinas, de choclo, queso roquefort, jamón, carne, etc. Como el mesero nos indicó que en el momento no tenían más que de carne molida (con picante o con pasitas), pedimos de estas a modo de tentempié mientras estudiábamos el menú, y llegaron como debían, con no mucha grasa, frescas y en general, sabrosas.

También pedimos una ensalada griega que decepcionó: traía lechuga de cabeza ( iceberg ), tomate, cebolla, queso feta rallado. Unos cuantos trocitos de aceitunas de California, no griegas, ni siquiera como nacionalidad adoptiva. Tampoco trajo aderezo, así que en general, no la recomiendo.

Ordenamos, acto seguido, dos pizzas de la extensa lista, que a primera vista puede parecer una procesión interminable de pizzas distintas que en realidad son pequeñas variaciones del tema. Lo principal es ver que hay dos listas básicas, una con queso y otra sin él. Entre los quesos hay mozarella, provolone y Roquefort (léase queso azul tipo Roquefort), y de ahí luego hay varios ingredientes: los más sorprendentes quizá sean los palmitos, los huevos duros y la salsa “golf”. Pedimos, con queso, una de palmitos con jamón, muy buena; sin queso, una de tomate fresco, ajo, berenjenas y morrones, que gracias a los carnosos, frescos vegetales, estuvo absolutamente deliciosa. Lo que me gusta de estas pizzas es que las meten al horno sobre una plancha aceitada, lo que le da una costra sumamente crocante. Como nota, por lo general uno corre mejor suerte con las pizzas más pequeñas de la selección ya que siempre salen con la masa más crocante.

En la sección de platos fuertes tienen spaghettini con diversas salsas y luego tienen una sección de pastas gratinadas y otra donde anuncian dos platos de pollo y tres de carne (bistec picado, etc.). Decidimos pasar por alto la proteína y nos decantamos por las pastas. De la sección de los spaghettini pedimos unos a la carbonara, que llegaron a la mesa con una generosa adición de bechamel o crema a la ya rica mezcla de base, de tocino con huevos. En defensa del restaurante, no importa cómo lo pintes, la carbonara no es la más atractiva de las pastas, pero francamente la crema no hizo mucho por su apariencia. El otro plato que pedimos fue uno de ravioli en salsa roja al gratin, que llegó sin gratin. En este caso la salsa de tomate presentaba un color oscuro, más bien como el de una reducción larga. Francamente, no estuvo mala, tampoco estuvo extraordinaria. RDT se quejó del color amarilloso de los ravioli pero a mí no me molestó. Creo que de esta ronda lo mejor fue lo que pedí yo, la lasagna de pollo con espinaca que francamente estuvo muy buena. Las porciones no son muy grandes pero definitivamente pueden saciar a un apetito promedio. De postre, pedimos un pie de limón, con costra de galleta, relleno de limón con leche condensada y merengue de verdad, de clara batida que estuvo muy rico: una especie de híbrido entre pastel de limón y Key Lime Pie .

Llegamos en plena hora pico del almuerzo, y se hizo aparente que el sitio se beneficia de los edificios de oficinas del sector; el servicio tendió más hacia deficiente que excelente, pero el salonero nos explicó que estaban cortos de personal. Siempre hay excusas, pero hay que considerar el nivel de precios del sitio, que es bastante razonable. Dixit.

Calificación: * 1/2
Presupuesto: $
Dirección: Calle Elvira Méndez con Calle 50
Horario: de lunes a domingo, de 11:00 a.m. a 3:00 p.m. y de 6:00 a 10:00 p.m.
Teléfono: 263-1698
Acceso a discapacitados: Escalón hacia la calle.
Aceptan: Visa, Mastercard y Clave
Recomendamos: Pizza chica de morrones y tomates, pie de limón
Buena relación costo-calidad: Lasagna de pollo B./4.50, empanadas B./0.80.


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