Panamá, 23 de febrero de 2003
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Por el rescate del folclor

“Yo quiero bailar tambor, bailar tambor con mi negra”.

OMAR RODRIGUEZ
ESPECIAL PARA LA PRENSA
[email protected]

Especial para La Prensa/O. Rodríguez

La emisora católica Radio Hogar trasmite durante tres horas el programa sobre el tamborito

PENONOMÉ, Coclé. —En los diferentes poblados de la provincia de Coclé no se escuchan como antes las alegres y contagiosas tonadas del tamborito. La práctica de uno de los bailes más representativos de la identidad nacional poco a poco se ha ido perdiendo.

Afortunadamente, hay personas, empresas e instituciones interesadas en evitar que esta manifestación popular desaparezca de la provincia de Coclé.

Con ese propósito, la Universidad del Trabajo y de la Tercera Edad, antigua Universidad Popular, desde hace varios años viene realizando el Encuentro Folclórico del Toque, Canto y Baile del Tamborito Coclesano.

Ahora, con el mismo afán, la emisora católica Radio Hogar puso en marcha la temporada del tambor coclesano.

Todas estas iniciativas tienen en común un solo objetivo, rescatar el baile, las tonadas y el peculiar repicar de los tambores.

Temporada de tambor

Irasema Muñoz, coordinadora del programa que desarrolla Radio Hogar, explicó que con la anuencia del padre Fernando Guardia, director de la emisora, inició el proyecto que busca rescatar el tamborito, una manifestación folclórica que últimamente solo se tocaba y cantaba durante los días de carnaval y en ocasiones especiales.

Todos los sábados, grupos de distintos puntos de la provincia de Coclé se dan cita en las instalaciones Radio Hogar, ubicadas en barriada La Esperanza de Penonomé, haciendo gala de sus habilidades para bailar y tocar el tambor.

Se trata de grupos organizados que estaban prácticamente olvidados y ahora se proyectan a la comunidad, dándose a conocer, explicó Muñoz.

La temporada comenzó el 18 de enero y desde entonces cada semana desfilan dos o tres grupos organizados por noche.

La acogida del programa ha sido tan buena, que las personas que acuden a disfrutar de las veladas folclóricas, muchas veces se integran a la actividad, tocando, cantando o bailando el tambor.

Los pequeños también participan de la cruzada por el tambor coclesano.

Algunos de los grupos organizados tienen entre sus integrantes a niños y niñas que no solo cantan y bailan el tambor, sino que también lo tocan, al igual que lo hacen los jóvenes.

El grupo de Cañaveral de Penonomé durante la presentación en Radio Hogar.

Todas estas expresiones llegan a muchos hogares, ya que las tres horas de velada son transmitidas en vivo por Radio Hogar.

El folclorista Bolívar Ramos, quien también colabora en el proyecto, dijo que uno de los aspectos más importantes de la temporada de tambor organizada por Radio Hogar es la transmisión que se hace del evento, ya que de esa manera se proyecta masivamente la tradición.

Ramos cree que con la iniciativa se está rescatando el popular baile del tambor coclesano, manifestación que se estaba perdiendo.

La influencia de la música extranjera en nuestro país de alguna manera ha contribuido a que el tambor sufra una baja en cuanto a su práctica y popularidad, destacó Ramos.

Origen del tamborito

El origen del tamborito se remonta a la época de la colonia, cuando el negro africano fue traído a Panamá como esclavo por los españoles. Además de su fuerza física, los africanos trajeron su música.

En un libro sobre cultura popular se señala que durante la época de la colonia ciertos bailes se denominaban “bundes”.

Algunos estudiosos en la materia, por su forma y ejecución, relacionan el baile del bunde con el tamborito panameño.

En ese sentido, en una carta dirigida al Rey de España y fechada 17 de mayo de 1770, el gobernador de Cartagena, al referirse al Bunde, señala lo siguiente: “ Los bailes o fandangos llamados bundes se reducen a una rueda; la mitad toda de hombres y la otra toda de mujeres en cuyo centro, al son de un tambor y canto de varias coplas, bailan un hombre y una mujer, que, mudándose por otro hombre y otra mujer, se retiran de la rueda ocupando la separación apuntada, el lugar que les tocó y así sucesivamente…”.

El proyecto busca que los niños bailen, canten y toquen el tamborito.

“El tamborito es ese tipo de baile tradicional e inherente a todas las razas y latitudes del mundo. Es sin lugar a dudas, el símbolo de nuestra nacionalidad que baila y canta, el alma del pueblo convertida en canto danzante; en resumen, es la imagen coreográfica de nuestra patria, y en este caso específico, tanto el tamborito como la patria son más viejos que la Nación”.

En Coclé, el tamborito se arraigó con fuerza en los distritos de Antón, Penonomé y Natá, aunque también se toca y baila en otras regiones como La Pintada, Aguadulce y Olá.

En cada región hay grupos organizados, con estilos parecidos, pero que se diferencian de alguna manera.

Por ejemplo, el tambor de Antón es más movido y utiliza el “almirez”, una especie de vaso de bronce que se hace sonar con un pedazo del mismo metal.

Otra diferencia radica en la forma como se baila el tambor. Ramos explicó que en Penonomé no es usual ver al hombre dar la vuelta cuando baila, generalmente el parejo le da oportunidad a la mujer para que se destaque.

Todo lo contrario ocurre en Antón, en donde el hombre hace gala de sus destrezas al momento de bailar, sacando todo tipo de piquetes.

Por su parte, Denia Garagate, otra folclorista coclesana resaltó la picardía contenida en las tonadas que se cantan: “El que no ha tenido amor no sabe de noche buena…”, o esta otra: “Señores vengo a contarles un caso que ha sucedido, andaba buscando al otro y encontró fue a su marido”.

En el tamborito se le canta al amor, a la naturaleza, a la luna, y hasta los hombres públicos: “Ramón Valdés, Ramón Valdés, la niña Aminta lo espera a usted”. Y también: “Que bonita se ve la luna cuando se tiende a la mar” o “La rajita de limón, la rajita de canela, no se comprende el amor de Micaela”

Pero en un buen tamborito no puede faltar la tonada “La de Pagar” que se le canta a los personajes que, presentes en el baile, se les invita a contribuir con dinero o un brindis con los tocadores y las cantadoras.

Si, por ejemplo, un político como Guillermo Endara, Martín Torrijos o José Miguel Alemán llegaran a un lugar donde se está tocando y bailando el tamborito coclesano, seguramente no se salvarían de un: “Guillermo Endara la de pagar, ay y si no la paga la deberá… Guillermo Endara la de pagar…” Si el personaje no se mete las manos en el bolsillo para comprarle una botella de ron a los tocadores o hacerle un brindis a las mujeres o simplemente darle algo en efectivo, se le seguirá cantando hasta que la pague.

Una vez saldada la deuda, la tonada cambia de letra para decir entonces: “Guillermo Endara ya la pagó, ay ya la pagó ya la pago, Guillermo Endara ya la pagó”.

Instrumentos

Los tambores, de origen netamente africanos, son los principales instrumentos musicales utilizados para el toque del tamborito.

Generalmente se emplean cuatro tambores, aunque en algunos lugares se usan tres.

De acuerdo con la función sonora, los tambores reciben los nombres de pujadores (sonidos grave), repicador (sonido agudo), y también está la caja.

En la caja se pueden diferenciar las de tonos altos, como la santeña que es más pequeña, las de tono medio como la de Penonomé y Antón, y las grandes que se usan en La Chorrera y Garachiné.

Tanto la caja como los tambores son construidos con madera hueca, cuero y soga; las cuñas que ajustan el cuero son de palo.

En algunas regiones como Antón, a los instrumentos ya mencionados se les ha añadido otros como el “almirez”.

En Darién se incluyeron las maracas, y en San Miguel, isla del archipiélago de las Perlas, la guitarra, llamado así “tambor con guitarra”, explica el libro de cultura popular en referencia.

Cantalantes

Para que un buen tamborito tenga lugar, se necesita la voz de una “cantalante, cantadora o cantora”, que representa la figura principal.

También se requiere de un coro, generalmente de mujeres, que repite el estribillo de las tonadas interpretadas.

La cantante principal entona la melodía y marca el compás; el cajero la sigue, luego entran los tambores y simultáneamente, el coro de mujeres…

Y así, de esa manera y en forma armoniosa, surgen las notas musicales y al son de un: “Yo quiero bailar tambor, bailar tambor con mi negra…”, se aviva la fiesta y se regocijan las almas interioranas, que disfrutan de esa manera de su panameñidad a través de la música del tamborito.


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