Por el rescate del folclor
“Yo quiero bailar tambor,
bailar tambor con mi negra”.
OMAR RODRIGUEZ
ESPECIAL PARA LA PRENSA nacionales@prensa.com
| Especial para
La Prensa/O. Rodríguez |
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La emisora católica Radio Hogar trasmite
durante tres horas el programa sobre el tamborito
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PENONOMÉ, Coclé. —En los diferentes poblados
de la provincia de Coclé no se escuchan como antes las alegres y contagiosas
tonadas del tamborito. La práctica de uno de los bailes más representativos
de la identidad nacional poco a poco se ha ido perdiendo.
Afortunadamente, hay personas, empresas e instituciones
interesadas en evitar que esta manifestación popular desaparezca
de la provincia de Coclé.
Con ese propósito, la Universidad del Trabajo y
de la Tercera Edad, antigua Universidad Popular, desde hace varios
años viene realizando el Encuentro Folclórico del Toque, Canto y
Baile del Tamborito Coclesano.
Ahora, con el mismo afán, la emisora católica Radio
Hogar puso en marcha la temporada del tambor coclesano.
Todas estas iniciativas tienen en común un solo
objetivo, rescatar el baile, las tonadas y el peculiar repicar de
los tambores.
Temporada de tambor
Irasema Muñoz, coordinadora del programa que desarrolla
Radio Hogar, explicó que con la anuencia del padre Fernando Guardia,
director de la emisora, inició el proyecto que busca rescatar el
tamborito, una manifestación folclórica que últimamente solo se
tocaba y cantaba durante los días de carnaval y en ocasiones especiales.
Todos los sábados, grupos de distintos puntos de
la provincia de Coclé se dan cita en las instalaciones Radio Hogar,
ubicadas en barriada La Esperanza de Penonomé, haciendo gala de
sus habilidades para bailar y tocar el tambor.
Se trata de grupos organizados que estaban prácticamente
olvidados y ahora se proyectan a la comunidad, dándose a conocer,
explicó Muñoz.
La temporada comenzó el 18 de enero y desde entonces
cada semana desfilan dos o tres grupos organizados por noche.
La acogida del programa ha sido tan buena, que las
personas que acuden a disfrutar de las veladas folclóricas, muchas
veces se integran a la actividad, tocando, cantando o bailando el
tambor.
Los pequeños también participan de la cruzada por
el tambor coclesano.
Algunos de los grupos organizados tienen entre sus
integrantes a niños y niñas que no solo cantan y bailan el tambor,
sino que también lo tocan, al igual que lo hacen los jóvenes.
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| El grupo de Cañaveral de Penonomé durante
la presentación en Radio Hogar. |
Todas estas expresiones llegan a muchos hogares,
ya que las tres horas de velada son transmitidas en vivo por Radio
Hogar.
El folclorista Bolívar Ramos, quien también colabora
en el proyecto, dijo que uno de los aspectos más importantes de
la temporada de tambor organizada por Radio Hogar es la transmisión
que se hace del evento, ya que de esa manera se proyecta masivamente
la tradición.
Ramos cree que con la iniciativa se está rescatando
el popular baile del tambor coclesano, manifestación que se estaba
perdiendo.
La influencia de la música extranjera en nuestro
país de alguna manera ha contribuido a que el tambor sufra una baja
en cuanto a su práctica y popularidad, destacó Ramos.
Origen del tamborito
El origen del tamborito se remonta a la época de
la colonia, cuando el negro africano fue traído a Panamá como esclavo
por los españoles. Además de su fuerza física, los africanos trajeron
su música.
En un libro sobre cultura popular se señala que
durante la época de la colonia ciertos bailes se denominaban “bundes”.
Algunos estudiosos en la materia, por su forma y
ejecución, relacionan el baile del bunde con el tamborito panameño.
En ese sentido, en una carta dirigida al Rey de
España y fechada 17 de mayo de 1770, el gobernador de Cartagena,
al referirse al Bunde, señala lo siguiente: “ Los bailes o fandangos
llamados bundes se reducen a una rueda; la mitad toda de hombres
y la otra toda de mujeres en cuyo centro, al son de un tambor y
canto de varias coplas, bailan un hombre y una mujer, que, mudándose
por otro hombre y otra mujer, se retiran de la rueda ocupando la
separación apuntada, el lugar que les tocó y así sucesivamente…”.
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| El proyecto busca que los niños bailen,
canten y toquen el tamborito. |
“El tamborito es ese tipo de baile tradicional e
inherente a todas las razas y latitudes del mundo. Es sin lugar
a dudas, el símbolo de nuestra nacionalidad que baila y canta, el
alma del pueblo convertida en canto danzante; en resumen, es la
imagen coreográfica de nuestra patria, y en este caso específico,
tanto el tamborito como la patria son más viejos que la Nación”.
En Coclé, el tamborito se arraigó con fuerza en
los distritos de Antón, Penonomé y Natá, aunque también se toca
y baila en otras regiones como La Pintada, Aguadulce y Olá.
En cada región hay grupos organizados, con estilos
parecidos, pero que se diferencian de alguna manera.
Por ejemplo, el tambor de Antón es más movido y
utiliza el “almirez”, una especie de vaso de bronce que se hace
sonar con un pedazo del mismo metal.
Otra diferencia radica en la forma como se baila
el tambor. Ramos explicó que en Penonomé no es usual ver al hombre
dar la vuelta cuando baila, generalmente el parejo le da oportunidad
a la mujer para que se destaque.
Todo lo contrario ocurre en Antón, en donde el hombre
hace gala de sus destrezas al momento de bailar, sacando todo tipo
de piquetes.
Por su parte, Denia Garagate, otra folclorista coclesana
resaltó la picardía contenida en las tonadas que se cantan: “El
que no ha tenido amor no sabe de noche buena…”, o esta otra: “Señores
vengo a contarles un caso que ha sucedido, andaba buscando al otro
y encontró fue a su marido”.
En el tamborito se le canta al amor, a la naturaleza,
a la luna, y hasta los hombres públicos: “Ramón Valdés, Ramón Valdés,
la niña Aminta lo espera a usted”. Y también: “Que bonita se ve
la luna cuando se tiende a la mar” o “La rajita de limón, la rajita
de canela, no se comprende el amor de Micaela”
Pero en un buen tamborito no puede faltar la tonada
“La de Pagar” que se le canta a los personajes que, presentes en
el baile, se les invita a contribuir con dinero o un brindis con
los tocadores y las cantadoras.
Si, por ejemplo, un político como Guillermo Endara,
Martín Torrijos o José Miguel Alemán llegaran a un lugar donde se
está tocando y bailando el tamborito coclesano, seguramente no se
salvarían de un: “Guillermo Endara la de pagar, ay y si no la paga
la deberá… Guillermo Endara la de pagar…” Si el personaje no se
mete las manos en el bolsillo para comprarle una botella de ron
a los tocadores o hacerle un brindis a las mujeres o simplemente
darle algo en efectivo, se le seguirá cantando hasta que la pague.
Una vez saldada la deuda, la tonada cambia de letra
para decir entonces: “Guillermo Endara ya la pagó, ay ya la pagó
ya la pago, Guillermo Endara ya la pagó”.
Instrumentos
Los tambores, de origen netamente africanos, son
los principales instrumentos musicales utilizados para el toque
del tamborito.
Generalmente se emplean cuatro tambores, aunque
en algunos lugares se usan tres.
De acuerdo con la función sonora, los tambores reciben
los nombres de pujadores (sonidos grave), repicador (sonido agudo),
y también está la caja.
En la caja se pueden diferenciar las de tonos altos,
como la santeña que es más pequeña, las de tono medio como la de
Penonomé y Antón, y las grandes que se usan en La Chorrera y Garachiné.
Tanto la caja como los tambores son construidos
con madera hueca, cuero y soga; las cuñas que ajustan el cuero son
de palo.
En algunas regiones como Antón, a los instrumentos
ya mencionados se les ha añadido otros como el “almirez”.
En Darién se incluyeron las maracas, y en San Miguel,
isla del archipiélago de las Perlas, la guitarra, llamado así “tambor
con guitarra”, explica el libro de cultura popular en referencia.
Cantalantes
Para que un buen tamborito tenga lugar, se necesita
la voz de una “cantalante, cantadora o cantora”, que representa
la figura principal.
También se requiere de un coro, generalmente de
mujeres, que repite el estribillo de las tonadas interpretadas.
La cantante principal entona la melodía y marca
el compás; el cajero la sigue, luego entran los tambores y simultáneamente,
el coro de mujeres…
Y así, de esa manera y en forma armoniosa, surgen
las notas musicales y al son de un: “Yo quiero bailar tambor, bailar
tambor con mi negra…”, se aviva la fiesta y se regocijan las almas
interioranas, que disfrutan de esa manera de su panameñidad a través
de la música del tamborito.
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