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Las telenovelas acogerán la política

Juan Forero
The New York Times

LASERFOTO AP/Fernando Llano

Protestas en Venezuela. Los productores de telenovelas han decidido añadir la realidad política a los trillados argumentos de amor.

CARACAS, Venezuela. —La trama usualmente es muy simple: una muchacha pobre conoce a un hombre rico, se enamora y se encuentra en situaciones emocionantes y alocadas a medida que mundos paralelos chocan. O bien, trata de una mujer ferozmente independiente y exitosa quien, después de años de soledad, encuentra el amor, pierde el amor y después lo vuelve a encontrar.

Este es el mundo de las telenovelas venezolanas: los dramas sentimentales y lacrimosos diarios que cautivan a millones de espectadores ateniéndose a una fórmula probada. Ha funcionado bien durante más de 40 años, y las telenovelas son un icono en Venezuela, tanto como lo es el petróleo y sus reinas de belleza. Las telenovelas dominan la programación nocturna y rivalizan en popularidad con sus competidoras mexicanas y brasileñas en el extranjero.

No obstante, ahora que Venezuela está sumida en un tumulto político, saliendo apenas de una huelga antigubernamental económicamente devastadora que duró dos meses, los guionistas de telenovelas como Mi gorda belleza y Ropa íntima se están preguntando si no deberían poner algo nuevo en sus fábulas. No es que estén planeando descartar el amor: “Toda telenovela es una historia de amor”, dice un prominente director.

Pero varios de los guionistas más destacados están convencidos de que las telenovelas necesitaban reflejar la realidad de Venezuela, y esa realidad es un país sacudido por las protestas populares y las peroratas diarias de un agresivo presidente izquierdista, Hugo Chávez, y sus decididos oponentes. Es una sociedad tan polarizada que los partidarios del gobierno se refieren a las clases altas como los escuálidos y los adversarios del presidente ven a sus partidarios como una masa sin educación.

Leonardo Padrón, un guionista de la enorme estación de televisión Venevisión, ve posibilidades deliciosas. El es el primero que está planeando inyectar a su próxima telenovela, Cosa dulce, un poco de la Venezuela actual y el proceso de desintegración. “Como escritor, estoy absolutamente seducido por la idea de hacer una crónica de lo que está ocurriendo”, dice Padrón, que ha hecho una serie de exitosas telenovelas en los últimos 10 años.

“Voy a narrar una historia de amor, pero en el contexto de lo que estamos viviendo”, dice. “Voy a tratar de crear un coctel que tendrá una dosis de escapismo, una dosis de humor, pero también una dosis de realidad”. Su trabajo, sin embargo, no promete ser fácil en un mundo donde los ejecutivos de televisión tienden a reaccionar con alarma ante experimentos no probados. Y eso es especialmente cierto porque Chávez, irritado por los programas noticiosos antigubernamentales, está proponiendo aplicar restricciones a los medios de comunicación.

Así que, en lugar de la idea inicial de Padrón —una joven pobre de un barrio partidario de Chávez se enamora de un “escuálido”— su argumento será en mayor parte metafórico. El antagonista, dijo, será el presidente de una compañía que llega a intoxicarse con el poder, en clara referencia a Chávez.

“Quizá para el décimoquinto episodio, la gente dirá: ‘Ese tipo es exactamente como Chávez’, pero eso ocurrirá sin que yo diga que estoy narrando la historia del presidente”, dice Padrón con una sonrisa irónica.

No todos están convencidos de que una nueva fórmula pueda funcionar. Los argumentos deben estar orientados hacia las masas mayoritariamente pobres, muchos de cuyos integrantes son partidarios de Chávez que quizá rechacen las telenovelas con un matiz político. De hecho, muchos guionistas dicen que el gran interrogante que enfrentan al embarcarse en la tarea de escribir argumentos de 150 horas de duración es si los televidentes realmente desean más política, particularmente en un país donde la política permea todos los aspectos de la vida.

“La telenovela convencional es aquella donde la trama es acerca de amor, eso es lo que la gente quiere ver”, dice Arquímedes Rivero, un productor de Venevisión que ha hecho tanto como cualquiera para crear la telenovela venezolana. “La gente no desea discusión y conflicto”.

No obstante, mientras los dos principales estudios de telenovelas se preparan aquí para filmar una serie de nuevas obras este año, los guionistas y los productores están discutiendo la forma de incorporar cuidadosamente los aspectos cotidianos en guiones que siguen dependiendo principalmente del amor y la traición, de las intrigas y los celos.

“Es inevitable”, dice José Simón Escalona, quien supervisa la programación dramática en el extranjero para Radio Caracas Televisión . “La telenovela pretende atraer a las masas, y para hacer eso debe explorar la intimidad, cómo siente la gente. Pretendemos hacer telenovelas que hablen a los venezolanos, que comprendan a los venezolanos”.

No es que el comentario político o social nunca haya sido parte de las telenovelas. A lo largo de estas calles, una telenovela de los primeros años de la década de 1990 escrita por Ibsen Martínez, presentaba personajes que se desenvolvían bien en las calles y un diálogo interesante para narrar relatos de pobreza, corrupción y asesinatos. El programa fue un éxito y duró varios años, en tanto que la mayoría de las telenovelas tienen una duración aproximada de ocho meses.

Los guionistas como Mónica Montanes señalan a A lo largo de estas calles como un modelo de lo que una telenovela política debe ser... y de cómo el hecho de pasar por alto la realidad política puede llevar al fracaso.

Montanes dice que la telenovela que ella escribió el año pasado, La González se hundió en los índices de popularidad porque evitó mencionar el breve golpe contra Chávez el pasado abril y los disturbios que siguieron a eso. “Fue estúpido no presentar a los personajes participando en las protestas y marchas, y yo creo que la gente lo resintió”, dice.

Esto no quiere decir que los guionistas estén planeando dramas impactantes de la vida real acerca de las intrigas palaciegas. En lugar de eso, puede haber referencias sutiles al estancamiento político que ha paralizado a Venezuela o argumentos que incorporen el día a día como las largas filas de automovilistas en las gasolinerías.

Otros guionistas dicen que ellos seguirán con la vieja receta, hasta que Padrón u otros tengan éxito con telenovelas que tratan con la política.


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