Panamá, 20 de febrero de 2003
 
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Presencia extranjera en el país

A nuestro país no le conviene gastar tan cuantiosos recursos para controlar la seguridad de un tramo de frontera, cuando estamos expuestos en el resto

Arturo Rebollón

Es sorprendente la reacción que ha generado en grupos –afortunadamente minúsculos, pero escandalosos–, la presencia estadounidense en el país para unos ejercicios llamados “Nuevos Horizontes” a realizarse en los lugares recónditos de la provincia de Chiriquí. Estos ejercicios, que conllevan una inversión de varios millones del Gobierno estadounidense y que entrarán en la economía del área, traerán múltiples beneficios para esas apartadas comunidades sin que el Estado panameño tenga que invertir allí, por lo que podría destinar esas partidas para otros propósitos.

En cambio, la intervención armada, agresiva y constante de guerrilleros y paramilitares colombianos en gran parte de la provincia de Darién, no les mueve a protestar con igual o mayor vehemencia. Si no supiéramos que se trata de resquicios de complejos que no les permiten comprender que puede haber una relación respetuosa entre Estados tan dispares como los nuestros, y que en eso consiste la soberanía, hasta podríamos pensar que estos pequeños grupos reciben subsidios de los agresores de nuestra provincia de Darién y que su alharaca se debe al temor de estos por una posible presencia estadounidense en el área.

Si tanto les preocupa la presencia estadounidense en el país –cosa que al resto de los panameños no nos molesta, si se nos trata con la dignidad que merece una nación soberana que desea profundizar lazos de amistad–, pueden solicitar a la presidenta unos puestos de observadores para ver de cerca las acciones estadounidenses, a las que catalogan de “espionaje”, crítica que no tiene que ni pie ni cabeza porque dudo mucho que los ngöbe-buglé tengan algún secreto de Estado apetecible para los estadounidenses.

Hay que ser realistas. A nuestro país no le conviene gastar tan cuantiosos recursos para controlar la seguridad de un tramo de frontera, cuando estamos expuestos en el resto; aparte de nuestra preocupación, está dentro de los intereses y preocupaciones de Estados Unidos controlar el flujo de drogas, armas e indocumentados en la frontera entre Panamá y Colombia, y costas. Entonces, ¿por qué no llegar a un acuerdo en el que se preserve nuestra integridad, se respete nuestra dignidad y se controle estos flujos indeseables? Si para hacerlo efectivamente se requiere de unos puestos de control en la frontera e islas del Pacífico, pues negociemos esto sin complejos en busca de los mejores intereses nacionales, en lugar de querer convertir a nuestros policías en soldados y enfrentarlos en una lucha que el Estado colombiano no ha podido dominar por más 40 años, desperdiciando infructuosamente valiosos recursos.

No nos engañemos, estos guerrilleros y paramilitares son hombres experimentados en combate, desalmados que no tienen el mínimo respeto por la vida, como lo han demostrado en su país y el nuestro. ¿Por qué no dejar esa tarea en manos de los profesionales entrenados que lo pueden hacer sin costo de vidas y sin costo monetario para nosotros? La capacidad de dar una respuesta inmediata y contundente a estos grupos armados, pero sobre todo el uso de tecnología para prevenir o anticipar los asaltos, es la que actuará de manera disuasoria para evitar nuevas incursiones criminales en nuestro territorio.

La estabilidad y seguridad en la frontera conllevará el progreso para Darién y las islas; el turismo, la agricultura tendrían ambiente para desarrollarse. Esto promoverá la inversión, generará trabajo, establecerá infraestructura, mejorará la calidad de vida en el área y reducirá la migración del campo a la ciudad.

Por si fuera poco, esta presencia también controlará el flujo enorme de indocumentados que en nuestro país está desplazando al panameño de los puestos de trabajo en todas la ramas del quehacer (los que son buenos), y también los de malvivir que están remozando e implantando las tácticas gansteriles en boga en otras latitudes, que les permite tener en jaque a la población citadina y a las autoridades.

Somos muchos los panameños que preferimos una relación más fraterna, respetuosa y de igual a igual con el pueblo estadounidense, a la actual invasión de colombianos, dominicanos, chinos, paquistaníes y demás, que nos agobia y que no contribuyen a la economía, más bien la desangran, pues algunos en estos grupos prefieren vivir al margen de la ley.

El autor es ingeniero civil


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