Presencia extranjera en el país
A nuestro país no le conviene
gastar tan cuantiosos recursos para controlar la seguridad de un
tramo de frontera, cuando estamos expuestos en el resto
Arturo Rebollón
Es sorprendente la reacción que ha generado
en grupos –afortunadamente minúsculos, pero escandalosos–, la presencia
estadounidense en el país para unos ejercicios llamados “Nuevos
Horizontes” a realizarse en los lugares recónditos de la provincia
de Chiriquí. Estos ejercicios, que conllevan una inversión de varios
millones del Gobierno estadounidense y que entrarán en la economía
del área, traerán múltiples beneficios para esas apartadas comunidades
sin que el Estado panameño tenga que invertir allí, por lo que podría
destinar esas partidas para otros propósitos.
En cambio, la intervención armada, agresiva
y constante de guerrilleros y paramilitares colombianos en gran
parte de la provincia de Darién, no les mueve a protestar con igual
o mayor vehemencia. Si no supiéramos que se trata de resquicios
de complejos que no les permiten comprender que puede haber una
relación respetuosa entre Estados tan dispares como los nuestros,
y que en eso consiste la soberanía, hasta podríamos pensar que estos
pequeños grupos reciben subsidios de los agresores de nuestra provincia
de Darién y que su alharaca se debe al temor de estos por una posible
presencia estadounidense en el área.
Si tanto les preocupa la presencia estadounidense
en el país –cosa que al resto de los panameños no nos molesta, si
se nos trata con la dignidad que merece una nación soberana que
desea profundizar lazos de amistad–, pueden solicitar a la presidenta
unos puestos de observadores para ver de cerca las acciones estadounidenses,
a las que catalogan de “espionaje”, crítica que no tiene que ni
pie ni cabeza porque dudo mucho que los ngöbe-buglé tengan algún
secreto de Estado apetecible para los estadounidenses.
Hay que ser realistas. A nuestro país no le conviene
gastar tan cuantiosos recursos para controlar la seguridad de un
tramo de frontera, cuando estamos expuestos en el resto; aparte
de nuestra preocupación, está dentro de los intereses y preocupaciones
de Estados Unidos controlar el flujo de drogas, armas e indocumentados
en la frontera entre Panamá y Colombia, y costas. Entonces, ¿por
qué no llegar a un acuerdo en el que se preserve nuestra integridad,
se respete nuestra dignidad y se controle estos flujos indeseables?
Si para hacerlo efectivamente se requiere de unos puestos de control
en la frontera e islas del Pacífico, pues negociemos esto sin complejos
en busca de los mejores intereses nacionales, en lugar de querer
convertir a nuestros policías en soldados y enfrentarlos en una
lucha que el Estado colombiano no ha podido dominar por más 40 años,
desperdiciando infructuosamente valiosos recursos.
No nos engañemos, estos guerrilleros y paramilitares
son hombres experimentados en combate, desalmados que no tienen
el mínimo respeto por la vida, como lo han demostrado en su país
y el nuestro. ¿Por qué no dejar esa tarea en manos de los profesionales
entrenados que lo pueden hacer sin costo de vidas y sin costo monetario
para nosotros? La capacidad de dar una respuesta inmediata y contundente
a estos grupos armados, pero sobre todo el uso de tecnología para
prevenir o anticipar los asaltos, es la que actuará de manera disuasoria
para evitar nuevas incursiones criminales en nuestro territorio.
La estabilidad y seguridad en la frontera conllevará
el progreso para Darién y las islas; el turismo, la agricultura
tendrían ambiente para desarrollarse. Esto promoverá la inversión,
generará trabajo, establecerá infraestructura, mejorará la calidad
de vida en el área y reducirá la migración del campo a la ciudad.
Por si fuera poco, esta presencia también controlará
el flujo enorme de indocumentados que en nuestro país está desplazando
al panameño de los puestos de trabajo en todas la ramas del quehacer
(los que son buenos), y también los de malvivir que están remozando
e implantando las tácticas gansteriles en boga en otras latitudes,
que les permite tener en jaque a la población citadina y a las autoridades.
Somos muchos los panameños que preferimos una relación
más fraterna, respetuosa y de igual a igual con el pueblo estadounidense,
a la actual invasión de colombianos, dominicanos, chinos, paquistaníes
y demás, que nos agobia y que no contribuyen a la economía, más
bien la desangran, pues algunos en estos grupos prefieren vivir
al margen de la ley.
El autor es ingeniero civil
Además en opinión
• Optimismo: Adolfo
Ahumada •
Enseñanzas: I. Roberto Eisenmann III •
Reglas para una mejor sociedad: Eric Aragón
• Presencia
extranjera en el país: Arturo Rebollón
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