Reglas para una mejor sociedad
Creo que nosotros, los
adultos, somos ahora más tolerantes con las malas costumbres de
los jóvenes
Eric Aragón
A través de la historia se ha demostrado
que el hombre –término genérico que abarca tanto al hombre como
a la mujer– necesita establecerse en un lugar y asociarse con otros
de su misma especie para lograr un mayor desarrollo humano y social
(llámese gregarismo). Hace miles de años el ser humano, aún cuando
habitaba en cuevas y andaba semidesnudo, tuvo la necesidad de convivir
con otros humanos para defenderse de las bestias salvajes y conseguir
alimentos. Las únicas necesidades humanas de la época. ¡Cómo han
cambiado los tiempos...!
Pasaron cientos de miles de años y el hombre
de nuestra era moderna, igual que el de la antigüedad, necesita
vivir en comunidad, ya que si no lo hiciera sería difícil para éste
adaptarse al mundo que lo rodea. Nacemos en el seno de una familia,
los bendecidos por Dios; y otros, tal vez no tienen esa suerte,
pero, nacen en algún lugar donde hay seres humanos. Todos tratamos
no solo de buscar un empleo, sino también de formar una familia.
Aquellos que por alguna razón no logran adaptarse a la sociedad,
lamentablemente marchan en pos de un futuro dudoso. Lo cierto es
que el hombre desde que nace busca a sus semejantes y necesita de
ellos para sobrevivir. Qué pasaría con un bebé que no recibiera
los cuidados que requiere... Indudablemente moriría.
El aumento de las necesidades, el crecimiento poblacional,
el razonamiento humano del bien y del mal, las ambiciones, y otros
factores, complicaron las relaciones entre seres humanos. Conclusión:
empezaron las guerras sangrientas y despiadadas, ya sea para imponer
un régimen o para controlar un bien económico. Asimismo, como resultado
de la compleja vida humana, se originaron las riñas, los actos vandálicos,
los delitos sexuales, las venganzas, los crímenes y otros eventos
característicos de las bajas pasiones de la especie humana. Herencia
que ha llegado a nuestros días.
A raíz de toda esta complejidad, se fue creando
una serie de principios morales y normas sociales que han pasado
de una generación a otra, con el propósito de lograr una mejor convivencia
humana. Aunque muchos eruditos y doctores del conocimiento humano
busquen en su mente y en los diccionarios los términos más sofisticados
para atacar los principios morales, los preceptos cristianos y traten
de justificar lo malo y denigrante para la especie humana, gracias
a Dios la mayoría tenemos la convicción de que si se respetaran
las normas cristianas y morales, tendríamos una mejor sociedad.
En muchos países del mundo –incluyendo los de mayor
desarrollo económico– las instituciones privadas y los gobiernos
han realizado grandes debates acerca de la corrupción y la delincuencia
en todas las esferas de la sociedad. Siempre han llegado al mismo
punto: promover los valores morales a través de todos los medios
de comunicación; fortalecer la unidad familiar, mejorar la educación
en las escuelas básicas; y entre todas las instituciones, tales
como clubes cívicos, gremios, sindicatos, escuelas, gobierno, medios
de comunicación e iglesias, unir esfuerzos para minimizar los antivalores
morales y cristianos.
Pienso en lo afortunados que somos todos los que
vivimos la infancia en la década del 60 y la adolescencia en los
70. Los maestros se preocupaban más por inculcarle al niño las enseñanzas
morales y las normas apropiadas de conducta. Casi nos obligaban
a leer El sembrador –texto escolar que utilicé– y a mejorar la letra.
Recuerdo el énfasis que le daban al arreglo y cuidado de los cuadernos...Varias
veces me fueron a buscar a la casa, porque no quería ir a clases.
Es cierto que en algunas ocasiones fueron un poco
duros aplicando castigos, pero muchos estamos agradecidos por la
enseñanza y consejos que nos dieron. Definitivamente que nos iluminaron
el difícil camino que venía y nos ayudaron a tomar mejores decisiones.
Por otra parte, tanto los padres como los adultos
eran más enérgicos en los buenos modales y el respeto. “No hables
con la boca llena...” “Usa la camisa correctamente...” “Siéntate
bien...” “Respeta a los mayores...”. El ejemplo al igual que la
disciplina acompañaban estas expresiones que tanto nos aburrían
y molestaban. Mas hoy día lo agradecemos profundamente. ¡Cómo hubiese
sido nuestro futuro sin la enseñanza de los maestros y tutores de
aquella época!
Se emplean muchos argumentos psicológicos; se hace
referencia al crecimiento desproporcionado de la población y la
necesidad de que ambos padres tengan que traer el sustento al hogar;
todo con el fin de disculpar el poco empeño de los educadores y
padres en dar una mejor educación a los muchachos.
Pienso que el problema no está en los factores externos.
Claro que los tiempos han cambiado, sería ingenuo pensar que las
cosas no son más complicadas que antes. Por supuesto que la economía
actual nos obliga a hacer ajustes. Sin embargo, creo que nosotros,
los adultos, somos ahora más tolerantes con las malas costumbres
de los jóvenes; el ejemplo de moralidad está por el suelo; no hacemos
énfasis en la disciplina de nuestros hijos. Ciertas madres –para
no decir la mayoría– cuando se trata de hacer tareas con sus hijos
o visitar periódicamente a los maestros de sus vástagos, no tienen
tiempo; no obstante, sacan tiempo para las novelas, la sala de belleza
y otros asuntos.
Si me pusiera a diseñar una lista de todas las actividades
que realizamos a espaldas de nuestros pobres hijos, que con tanta
ilusión y amor nos esperan, sería extensa. Concluyo este artículo
pensando que si todos los miembros de la sociedad empezáramos a
dar un mejor ejemplo moral y amáramos más a nuestros hijos, iríamos
progresivamente construyendo una mejor sociedad.
El autor es profesor
Además en opinión
• Optimismo: Adolfo
Ahumada •
Enseñanzas: I. Roberto Eisenmann III •
Reglas para una mejor sociedad: Eric Aragón
• Presencia
extranjera en el país: Arturo Rebollón
|