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Opinión mundial, poderoso oponente de Bush

Dado el historial de Sadam, las acciones de Irak en las próximas semanas pudieran resucitar el apoyo y revertir la sicología negativa y la pérdida de impulso que sufrió el gobierno de Bush

Patrick E. Tyler

WASHINGTON. –El rompimiento de la alianza occidental en torno a Irak y las enormes manifestaciones contra la guerra en todo el mundo, el pasado fin de semana, son recordatorios de que aún pudiera haber dos superpotencias en el planeta: Estados Unidos y la opinión pública mundial.

En su campaña para desarmar a Irak, por medio de la guerra si es necesario, el presidente George W. Bush parece enfrentar cara a cara a un nuevo adversario tenaz: millones de personas que inundaron las calles de Nueva York y decenas de otras ciudades alrededor del mundo para decir que están contra una guerra basada en la evidencia disponible.

Los asesores de Bush le están diciendo que los ignore y siga adelante, como lo hacen algunos republicanos destacados que favorecen la guerra. El senador John McCain, por un lado, dijo el domingo que era una “tontería” que la gente protestara en nombre del pueblo iraquí, porque los iraquíes viven bajo Sadam Husein “y estarán mucho, mucho mejor cuando sean liberados de su régimen brutal e increíblemente opresivo”.

Eso quizá sea cierto, pero no responde la pregunta que Francia, Alemania y otros miembros del Consejo de Seguridad de la ONU han planteado: ¿Cuál es el razonamiento urgente para ir a la guerra ahora, si existe la posibilidad de que continuas inspecciones bajo presión militar pudieran lograr el desarme de Irak pacíficamente?

El nuevo brote de sentimiento anti-bélico quizá no sea suficiente para disuadir a Bush o sus asesores de sus resueltos preparativos para la guerra. Pero el enorme número de manifestantes ofrece un fuerte mensaje de que cualquier apresuramiento hacia la guerra tendría consecuencias políticas para las naciones que apoyan la marcha de Bush hacia los valles del Tigris y el Eufrates.

Esta podría haber sido la razón de que los cancilleres de 22 naciones árabes, reunidos en El Cairo, Egipto, el domingo llamaran a todos los países árabes a “no ofrecer ningún tipo de asistencia o instalaciones para cualquier acción militar que conduzca a la amenaza de la seguridad e integridad territorial de Irak”.

La guerra, como la política, se ve afectada por la sicología y el ímpetu. El fuerte aumento en el ímpetu que el gobierno de Bush sintió después de la presentación del secretario de Estado, Colin L. Powell, ante el Consejo de Seguridad el 5 de febrero sobre el argumento en favor de la guerra, se ha visto socavado por al menos cuatro aspectos negativos convergentes.

El más obvio es la ruptura de las relaciones entre Bush y algunos de sus principales socios en Europa: Francia y Alemania, a quienes ahora se unieron Rusia, China y una creciente lista de otros países. Hace apenas unas semanas, parecía que Bush estaba persuadiendo exitosamente a Francia y Alemania de pasarse al campo de la guerra, especialmente después de que uno de los jefes de inspectores de armas de la ONU, Hans Blix, presentó un informe negativo el 27 de enero sobre el cumplimiento iraquí.

Pero el incremento de la oposición popular a la guerra en toda Europa, el segundo aspecto negativo, más los efectos corrosivos de las declaraciones belicosas que el secretario de Defensa, Donald H. Rumsfeld, y otros han lanzado al otro lado del Atlántico, solo han agitado más las aguas.

Washington descubrió cuán profundamente se había roto la unidad occidental cuando pidió despliegues defensivos de la OTAN en Turquía para proteger a ese Estado de la línea del frente de la intimidación iraquí; una solicitud que provocó oposición y un contencioso debate.

La reunión del Consejo de Seguridad del viernes que tendría que haber sido el penúltimo paso en la preparación del terreno para la guerra, más bien produjo dos aspectos negativos importantes. Al ofrecer su informe más reciente, Blix indicó que los inspectores estaban haciendo notable progreso en forzar a Irak a hacer concesiones sobre todo, desde vuelos de vigilancia aliados hasta mayor acceso de los inspectores a los científicos de armas iraquíes. Blix dijo que Irak aún no estaba cooperando como un Estado que verdaderamente quisiera desarmarse, pero que había cierto progreso que reportar.

La implicación era que Blix veía la virtud de tomarse más tiempo, aunque no lo pidió específicamente. Pero tampoco estuvo dispuesto a decir al Consejo de Seguridad que las inspecciones habían fracasado como instrumento para el desarme.

En otro aspecto negativo, el desempeño de Powell el viernes pareció no satisfacer las expectativas públicas de que demostraría que la amenaza representada por Irak bajo el régimen de Sadam era tan inminente que la única respuesta lógica era la guerra tan pronto como fuera posible.

Powell prometió nueva información de inteligencia sobre las conexiones entre Irak y Al-Qaeda, pero no la proporcionó, al menos a la vista del público. Y no respondió a Blix cuando el inspector de armas recusó un punto del informe de inteligencia estadounidense del 5 de febrero.

Blix señaló que las imágenes satelitales que Powell presentó ante el Consejo fueron tomadas con dos semanas de diferencia y no necesariamente demostraban el engaño iraquí. Un camión de descontaminación química está presente en una foto y no en la otra. Movimientos de “rutina” era también una explicación posible, señaló Blix, y Powell inclinó la cabeza.

Aunque Powell fue tan listo como siempre en sus declaraciones extemporáneas, lo único que su presentación no proporcionó al Consejo de Seguridad fue una respuesta a la pregunta que pende sobre el organismo: ¿Por qué la guerra ahora?

Para el resto del mundo podría haber parecido necesario que Washington proporcionara una respuesta, aunque solo fuera para responder al argumento del canciller francés, Dominique de Villepin. Este planteó una lógica alternativa ante el Consejo de Seguridad: ¿Pudiera alguien argumentar que la guerra inmediata sería más corta y más efectiva en desarmar a Irak que las continuas inspecciones de la ONU bajo la amenaza de la fuerza?

No ayudó a Bush o Powell que el francés dijera que sus agencias de inteligencia no encontraron ningún apoyo a la afirmación estadounidense de una fuerte conexión entre Bagdad y la red terrorista de Osama bin Laden. Tampoco ayudó que la aparición de Powell el viernes ocurriera apenas unos días después de que se descubriera que el más reciente informe de inteligencia del primer ministro Tony Blair había sido plagiado de fuentes de internet.

Como si desafiaran el deteriorado apoyo para la guerra inmediata, los asesores de Bush advirtieron contra “hacerle el juego a Sadam Husein”, como dijo Condolezza Rice, asesora de seguridad nacional de Bush, en Fox News la mañana del domingo.

Pero los miembros más destacados del equipo de Bush, especialmente Powell, viven a la sombra de la guerra de Vietnam, donde empezaron sus carreras y de la cual sacaron la determinación de no llevar al país a una guerra sin fuerte apoyo público. Dado el historial de Sadam, las acciones de Irak en las próximas semanas pudieran concebiblemente resucitar ese apoyo y revertir la sicología negativa y la pérdida de impulso que el gobierno de Bush sufrió la semana pasada.

Por el momento, un fenómeno excepcional ha aparecido en las calles de ciudades en todo el mundo. Quizá no sea tan profundo como las revoluciones populares en toda Europa Oriental en 1989 ó las luchas de clases de Europa en 1848, pero es poco probable que los políticos y los líderes lo ignoren. La declaración de los Estados árabes en El Cairo parece probar eso.

The New York Times News Service

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