Panamá, 17 de febrero de 2003
 
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De Gasperi: política y santidad

“Hay hombres de rapiña, hombres de poder y hombres de fe. Yo quisiera ser recordado entre estos últimos” - De Gasperi

JORGE DE LAS CASAS
jdelascasas@prensa.com

Alcides De Gasperi, el más grande estadista de Italia en el siglo XX

Como sabemos y hemos atestiguado la política no suele ir acompañada de la virtud, no digo de la religión, ya que la mayoría de los políticos suelen ir a los actos religiosos de masas: usted los ve en las procesiones con mayor o menor fervor, mayor o menor sinceridad, y sospechosamente, sobre todo en época de campaña. Pero la virtud... esa es más elusiva; no digamos ya la santidad.

Sin embargo, hay políticos de reconocido relieve mundial que han sido propuestos para los altares, como ejemplo de virtudes, y hoy nos ocupamos de uno de ellos, apoyándonos en el trabajo que sobre él realizara Justiniano Beltrán en una recopilación sobre laicos de virtud eminente.

El cardenal Martini, arzobispo de Milán, ante varios políticos italianos recordó el Evangelio: “Los ricos no entrarán en el Reino de los Cielos” . Y explicó que este mensaje atañe a más gente de la que se piensa: “Las riquezas no son solamente materiales, es riqueza cualquier forma de capacidad, de éxito y de poder. Tener que contar con niveles extraordinarios de dinero, de poder de influencia, de acceso a las informaciones, de decisiones administrativas, poder maniobrar y dominar estructuras es ‘la riqueza de los políticos’, para los cuales la simple honestidad es difícil” .

Su conclusión era que había que elegir interiormente la pobreza de Cristo para expresar con ánimo libre inclusive el poder, “el servicio a través de la capacidad de disponer de muchas cosas con libertad de corazón y agilidad interior, venciendo cada día dramáticas situaciones”.

El 3 de abril de 1881 vio la luz en Pieve Tesino (Trentino), Italia, Alcides De Gasperi, el que sería el más grande estadista de la Italia de la posguerra en el siglo XX.

Alcides estudió en la Universidad de Viena desde 1901, y fue parlamentario en 1911. Cristiano ferviente, en 1929 trabaja en el Vaticano como bibliotecario, y en 1943 funda un partido que, pese a todas sus vicisitudes posteriores y recientes, llegaría a ser un faro y la alternativa política para los italianos de la posguerra: la Democracia Cristiana.

De 1945 a 1953 le tocó dirigir a Italia en la hora de su recuperación del trauma guerrerista y fascista con que les había golpeado la alianza Hitler-Mussolini. Bajo aquel gobierno dictatorial del Duce , él mismo había sido condenado a cuatro años de cárcel en una ocasión por intentar expatriarse clandestinamente. El 19 de agosto de 1954, muere de un infarto pronunciando el nombre de Jesús.

En la memoria de los notables

Testimonios que nos brinda recopilados Justiniano Beltrán:

Francisca Romana (su hija): sus escritos siempre incluían un tema espiritual y el nombre del Señor, lo que sería increíble hoy. En una ocasión tras ganar una batalla política en el Senado le preguntó un congresista: Pero dime, De Gasperi, ¿qué tienes? ¿Es la suerte o el olfato lo que te guía? Y él: ¿Qué quieres? —respondió sin levantar la cabeza de los papeles que recogía—. Es el Señor .

Cardenal Angelo Roncalli (futuro Juan XXIII, hoy beato): Era (De Gasperi) un espíritu noble y bendito, digno de grande historia, de profunda universal admiración, de unánime imitación, al servicio de Italia y de la civilización cristiana.

Pablo VI: De Gasperi fue un hombre ejemplar, católico sincero, hombre político libre y fuerte.

Luigi Scalfaro (futuro presidente de Italia: Déjenme decir lo que tengo dentro: no tengo ninguna duda, De Gasperi es santo.

Alessandro María Gotardi (ex arzobispo de Trento): Sería equivocado pensar que santos sean de hecho solamente los que la Iglesia eleva a los altares. Santo es todo cristiano que viva con seriedad y empeño, coherencia y fuerza de fe la propia adhesión a Jesús y a su Evangelio. En este sentido De Gasperi se puede y se debe considerar santo.


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