Escribir duele...
Fresca, alegre y muy cómoda
en su propia piel, Rosa Regás compartió recuerdos y experiencias
con los asistentes a un conversatorio
Roberto Quintero rquintero@prensa.com
La ganadora del premio Planeta 2001, Rosa Regás, se encuentra en
Panamá como parte de un nuevo proyecto literario que la ha llevado
a viajar por tierras centroamericanas. Al final de su travesía,
escribirá un libro de viajes para “llamar la atención sobre los
valores que tiene (Centroamérica), y que en España no se conocen.
No hay países más bellos que los países de Centroamérica”, señala.
Para aprovechar su paso por el Istmo, el c´írculo
de lectura de la USMA y Exedra Books organizaron “a la velocidad
del rayo” un conversatorio con la escritora española el sábado pasado.
Regás manifestó su sorpresa ante la rapidez con la que prosperó
el evento (dos días), tras lo cual, aprovechamos para entrevistarla.
-¿Cómo son tus procesos creativos?
- Mi proceso creativo es un retrato de mi propia
personalidad. Yo soy una persona absolutamente indisciplinada, pero
con una gran nostalgia de la disciplina y del orden. Por lo tanto,
todos los días, cuando me levanto, hago el propósito de escribir
unas horas determinadas y de una manera determinada. Sin embargo,
yo no escribo así. Parecerá raro, pero para mí, escribir forma parte
de un descubrimiento interior. Es volcarse dentro de la propia memoria,
dentro de la propia experiencia; más aún, dentro del propio olvido.
Como si el olvido fuera un cuarto negro donde han ido a parar todas
nuestras experiencias que hemos olvidado. Para mí escribir es un
proceso doloroso, supone meterse en este olvido y en esta experiencia.
-¿Dónde radica el dolor?
-El dolor radica en este bucear dentro de la propia
personalidad, dentro de los recuerdos, de los diálogos. Sobre todo
este olvido en el que uno levanta un tablón y se encuentra algo
que no reconoce como propio. Agarramos algo que creemos que es original,
que creemos que lo inventamos, y en el fondo estamos contando nuestra
historia dentro de unos parámetros que ni siquiera nosotros reconocemos.
Todo esto crea esa mezcla de olvido, de recuerdo, de memoria y de
experiencia... Yo solo escribo por una cosa: para saber qué es lo
que quiero decir.
-Sentías la vocación de escribir desde muy pequeña,
mas no publicaste tu primer libro hasta pasado los cincuenta años,
¿cómo conciliaste esto en tu vida, produjo en tí algún tipo de conflicto?
-Es lo que nos ocurre a la mayoria de las mujeres.
Escribir quiere decir, fundamentalmente, crear un mundo distinto
en un lugar de la mente. Para escribir hay que tener libre la mente,
donde poder fabular y crear. Pero cuando tienes tanto trabajo y
tanta vitalidad, y tantas ganas de conocer mundo y conocer gente,
y de saber qué pasa, y de meterte en política, y de tener niños
y de llevártelos a la playa, y de hacer... (respira), ¿cómo vas
a fabular? Ya es bastante fábula tu propia vida, ¿no? Yo no digo
que sea el caso de todo el mundo: es mi caso. Yo no pude, he tenido
muchas vocaciones y a la de escribir le ha tocado más tarde.
-¿Crees en la responsabilidad social del artista,
o crees en el arte por el arte?
-Creo que son dos cosas distintas. Creo que hay
una parte del individuo en la que tiene que tener un compromiso,
pero no creo que, forzosamente, una novela, para ser buena, tiene
que ser comprometida. Eso no tiene nada que ver. Una novela puede
ser o no comprometida, esto da igual. Lo que sí creo es en el compromiso
personal, sobre todo de un escritor, que tiene mucho más voz que
cualquier otra persona.
-Describes tu producción como corta y joven, en
cuanto a libros publicados, sin embargo, has ganado tres premios.
¿Qué significa esto para tí?
-Una gran satisfacción, he tenido mucha suerte,
debo reconocerlo. Estoy muy contenta, definitivamente.
-¿Qué me puedes decir de La canción de Dorotea,
a nivel personal?
- Es tal vez la novela que me ha resultado más difícil
de crear. Tiene una estructura interna mucho más difícil y compleja,
no como Azul, pero sí más que otras novelas. Para mí, todas las
novelas son como la primera novela. Esta tiene el punto difícil
de encontrar el cambio en una persona a la que le provoca algo,
que le seduce, pero que al mismo tiempo le horroriza y le repele.
Es decir, como si fueran las torres gemelas del intelecto: uno no
puede dejar de verlo aunque le horrorice.
-¿Qué otros proyectos tienes?
-Tengo una novela a medio escribir, que ya no me
acuerdo de qué va porque la deje hace un mes y medio. Y luego tengo
un libro que voy a acabar este verano, que se llama Diario de una
bola de verano. Yo tengo 14 nietos, y los reúno a todos en el mes
de julio desde que nacieron, y el mayor tiene 12 años, y los voy
reuniendo a todos, y esto me ha creado una manera de ver la juventud
y la vida que me gusta mucho y voy a escribir sobre eso.
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