La salud de Panamá en cifras comparativas
Tenemos una fortaleza económica
similar o ligeramente más elevada que la de los ticos, pero ellos
nos superan en ocho de las 10 variables
Xavier Sáez-Llorens xsaezll@cwpanama.net
Mi pluma decidió distanciarse, al menos por
un rato, de temas deprimentes para mi intelecto. No escribiré, por
tanto, ni de religión ni de guerra, actividades íntimamente ligadas.
Hoy quiero compartir con ustedes un análisis sobre algunos importantes
aspectos de la salud pública de Panamá dentro del contexto latinoamericano
de naciones. En este artículo me concentraré en el bienestar materno-infantil.
Próximamente, según mi estado de ánimo, discutiré otros temas de
relevancia sanitaria.
Para fines prácticos analizo 10 variables
de interés primordial. Veamos cómo se comporta mi querido suelo
patrio desde la óptica latinoamericana. Un total de 24 países están
contenidos en esta investigación. Para una justa comparación, he
excluido a las islas del Caribe no latino. Para cada variable, expresaré
la cifra nuestra y la del país mejor colocado. Proporción de recién
nacidos con bajo peso al nacer (Panamá: 10%, Chile: 7%); esperanza
promedio de vida (Panamá: 74.3 años, Costa Rica: 77 años); tasa
bruta de natalidad (Panamá: 20.8 x 1000 habitantes, Cuba: 11.9 x
1000); tasa global de fecundidad (Panamá: 2.5 niños por mujer fértil,
Cuba: 1.6); embarazos atendidos por profesional de salud (Panamá:
80.4%, Puerto Rico: 98.7%); partos atendidos por profesional de
salud (Panamá: 89.3%, Cuba: 100%); uso de anticonceptivos por mujeres
sexualmente activas (Panamá: 58%, Uruguay: 84%); mortalidad materna
(Panamá: 65.7 x 100,000 nacidos vivos, Uruguay: 11.1 x 100,000);
mortalidad perinatal (Panamá: 25 x 1000 nacidos vivos, Chile: 9
x 1000); mortalidad infantil (Panamá: 16.8 x 1000 niños menores
de un año, Cuba: 7.2 x 1000). Al promediar nuestra posición en todos
estos índices, nos colocamos en el décimo primer lugar. Nuestro
país no figura entre los seis primeros puestos en ninguna de las
variables evaluadas. Cuba, Puerto Rico, Uruguay, Chile y Costa Rica
nos aventajan de forma uniforme mientras que, afortunadamente, superamos
con creces las estadísticas de Haití, Honduras, Nicaragua, Bolivia
y Paraguay. Las cifras presentadas fueron tomadas de las estadísticas
de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), las cuales han
sido actualizadas para el año 2001 (www.paho.org).
Si estas cifras las contrastamos en relación a la
economía de cada país, representada como el producto nacional bruto
anual per cápita, resulta lógico asumir que países como Puerto Rico,
Uruguay y Chile estén mejor colocados. Los excelentes índices de
Cuba en materia de salud obedecen a consideraciones políticas, sociales
y geográficas que no vale la pena discutir en este momento. Lo que
ocurre en Costa Rica sí nos debe avergonzar. Panamá se ubica en
la séptima posición entre los países con mayor riqueza por habitante,
pero en la posición 11 al promediar los índices sanitarios mencionados.
Tenemos una fortaleza económica similar o ligeramente más elevada
que la de los ticos, pero ellos nos superan en ocho de las 10 variables.
La razón de nuestra ineficiencia es muy sencilla. El sistema de
salud pública de Costa Rica está mejor organizado que el nuestro.
Ellos cuentan con un modelo único de salud, con una seguridad social
fuerte y solidaria, con adecuada estratificación en niveles de atención
y sin duplicidad en los servicios especializados. Además, el gasto
total en salud corresponde al 9% del producto interno bruto (PIB),
mientras que el nuestro ronda el 7%.
¿Qué debemos hacer para mejorar nuestros índices?
Es justo reconocer que el Ministerio de Salud actual, a pesar de
su escuálido presupuesto, parece encaminarse en la dirección correcta.
Creo, sin embargo, que se necesita más determinación y contundencia.
La seguridad social navega, desafortunadamente, por arenas movedizas.
A mi juicio, la solución descansa en tres impostergables decisiones.
Permitir que solo el Ministerio de Salud sea quien elabore las políticas
sanitarias del país, eso sí sin someterse a las ataduras partidistas
del gobierno de turno ni a los caprichos estériles de grupos moralistas;
nombrar a dirigentes de comprobada eficiencia administrativa al
frente de la Seguridad Social y que estos se dediquen solamente
a optimizar las recaudaciones y al manejo transparente y creativo
de sus fondos monetarios, con la mente puesta en salvaguardar el
programa de invalidez, vejez y muerte; y, finalmente, hacer entender
a los gobernantes que el renglón salud requiere disponer de una
mejor porción del presupuesto nacional. Les aseguro que si los políticos
no drenaran tanto las arcas de nuestro país y demostraran una genuina
sensibilidad con los problemas de salud, podríamos estar en una
situación envidiable.
Fíjense ustedes que para lograr cumplir cabalmente
con estas tres recomendaciones, solo hace falta elegir a políticos
honestos que piensen más en Panamá y menos en sus partidos o bolsillos.
Parece fácil, ¿verdad? No obstante, a juzgar por la conducta, presente
y remota, exhibida por los órganos Ejecutivo y Legislativo de nuestro
país, el futuro de la salud criolla se vislumbra harto complicado.
Un trabajo arduo le espera al visionómetro 20-20.
El autor es médico
Además en opinión
• La salud de Panamá
en cifras comparativas: Xavier Sáez-Llorens •
Una demanda, una razón moral: Basilio
Fernández P. •
La perversidad y su trascendencia: Doris R. de Mata
• Sobre la riqueza
de todos: Olmedo Miró •
Votemos por Endara: Juan B. Gómez
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