La perversidad y su trascendencia
No voy a reclamar todo
lo que se dice de ella y de nosotros, su equipo de gobierno, porque
hace tiempo que decidimos seguir adelante, cumpliendo con nuestro
deber
Doris R. de Mata
He sentido en carne viva el latigazo del
titular de La Prensa, del viernes 7 de febrero de 2003: “Moscoso
declara la guerra a irregulares colombianos”, producto de la obsesiva
consigna de atacar el gobierno de la primera presidenta de Panamá,
sin importar el alcance devastador y efectos peligrosos que puedan
provocar estas falsas noticias en los irregulares colombianos, en
contra de las débiles poblaciones de la selvática frontera.
No voy a reclamar todo lo que se dice de
ella y de nosotros, su equipo de gobierno, porque hace tiempo que
decidimos seguir adelante, cumpliendo con nuestro deber y trabajando
muy fuerte, día a día, por nuestro país, tan abrumado por abismales
problemas sociales de toda índole.
Pero, volvamos al alcance perverso que encierra
el aludido titular, el cual no puede resultar ajeno ni al más miope
consejo directivo de un periódico cualquiera y menos al de un diario
tan trascendente como La Prensa. Por querer disminuir la valerosa
y eficaz acción sin precedentes, de la presidenta y su Gabinete,
de ir al escenario de los dolorosos hechos a portar la ayuda material
y, sobre todo, a reconfortar el ánimo desesperado y saturado de
terror de los desamparados seres que, casi sin entenderlo, viven
al borde de un conflicto infernal, dentro de su propia extrema pobreza
y abandono, se lanza la noticia de “declaración de guerra”, falsamente
atribuida, sin importarles que con esa afirmación pueda provocarse
una reacción de los desalmados atacantes para que regresen a exterminar
a los habitantes de las comunidades fronterizas.
Quisiera poder contar todo lo visto y oído en mi
viaje con la Sra. presidenta y nuestro equipo, a Boca de Cupe, Púcuru
y Paya: los relatos de la barbarie, las lágrimas silenciosas de
los familiares de los asesinados, la expresión suplicante de las
miradas, la actitud cabizbaja de la resignación… El decirnos que
no tienen cédulas, que quieren votar, que los niños no están registrados
desde su nacimiento, o sea, que no existen como ciudadanos de este
país… La presidenta, atribuyéndonos responsabilidades a cada uno
de nosotros, para atender todas sus necesidades, y encargándose
ella misma de las principales, en fin, para qué sigo, si eso no
importa a los cómodos lectores que tienen todos los modos para navegar
por el mundo de la abundancia y la opulencia y sólo saben decir
que somos el peor gobierno que ha tenido este país, porque no trabajamos
para acrecentar más sus riquezas; y, por el contrario, el centro
de nuestros esfuerzos se localiza en la inmersa base de necesitados
de nuestra pirámide social.
Me contaban, también, los darienitas, que ellos
sólo pueden oír la radio, pero que todos los días escuchaban que
el Gobierno no haría nada por ellos, que no nos importaban y que
eso les causaba más inseguridad y temor. No obstante, les hemos
dado todas las seguridades de nuestra ayuda que les llega día a
día, repararemos las escuelas, comedores, bibliotecas; los puestos
de salud se están abasteciendo hasta convertirse en verdaderos centros;
se les están instalando ya plantas potabilizadoras modernas que
purifican instantáneamente el agua de los ríos; ellos mismos cooperarán
para dotar a cada casa de las tuberías necesarias, se empiezan a
construir letrinas en cada casa, se les dotará de granjas sostenibles,
paralelamente con la capacitación para los cultivos, su aprovechamiento
en la alimentación y el mercadeo del excedente, como fuentes de
ingreso, en fin, tomamos nota de todas sus necesidades y resarciremos
del dolor a estas tres comunidades, mientras en la línea fronteriza
adyacente, la unidad de reconocimiento y combate, RECOM, valerosamente
hace guardia permanente para que los atemorizados pobladores regresen
a sus hogares con un poco más de seguridad y sosiego. En caso de
que los mercenarios del crimen vuelvan a atacar, encontrarán, al
menos, una resistencia organizada, a pesar del alto riesgo que corren
sus vidas, por la desigualdad bélica evidente. A nosotros nos corresponderá
mejorar la calidad de sus vidas, y lo vamos a hacer con verdadero
sentimiento patriótico y sensible solidaridad humana.
En la conciencia de los demás queda autojuzgarse
si sus actitudes son las correctas ante estos hechos que lesionan
la soberanía de nuestra nación y que zahieren a nuestros conciudadanos.
Pero si ocurre próximamente otro ataque artero, gran parte de la
responsabilidad deberá recaer en nuestros medios de comunicación
social, que por la ceguera político-partidista no han sabido contribuir
a buscar la mejor solución a un problema de Estado y tan profundamente
humano, divulgando la verdad, defendiendo nuestra integridad nacional
y estimulando la participación ciudadana para ayudar en todos los
sentidos a nuestros hermanos darienitas, en vez de torturarlos más
con sus mensajes negativos y desesperanzadores.
En la búsqueda de soluciones por la vía diplomática,
la presidenta discurrió, en el pasado fin de semana, invitar a sus
colegas presidentes centroamericanos y al presidente Uribe, de Colombia,
a una reunión en Panamá para analizar y coordinar acciones sobre
esta urgente situación. En aproximadamente ocho horas logró la aceptación
de todos, gracias a su rotundo poder de convocatoria y se llevó
a cabo impecablemente la reunión, de la cual surgió la Declaración
de Panamá, con claros compromisos al respecto. Antes se le había
criticado por no utilizar la vía diplomática, pero inmediatamente
después de la reunión de los siete presidentes y el canciller de
Argentina, se le criticó por “meterse en camisa de once varas” todo
lo cual denota que no interesan los graves problemas en sí, sino
culpar a su gobierno porque llueve o hace sol.
En fin, ante la ausencia de críticas constructivas
que ayuden a mejorar la administración pública, deberemos ignorar
las necedades y seguir adelante cumpliendo con nuestro deber. Al
fin y al cabo lo único que debe interesarnos es el mejoramiento
integral, en equidad, de nuestro país. Así sea.
La autora es ministra de Educación
Además en opinión
• La salud de Panamá
en cifras comparativas: Xavier Sáez-Llorens •
Una demanda, una razón moral: Basilio
Fernández P. •
La perversidad y su trascendencia: Doris R. de Mata
• Sobre la riqueza
de todos: Olmedo Miró •
Votemos por Endara: Juan B. Gómez
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