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Las nuevas plazas
de Panamá
Los espacios públicos hacen
del individuo un ser de la ciudad, de la calle, de recorridos, de
cruces públicos y preocupado por el bien común
Lina Vega Abad
lvega@prensa.com
¿Ciudadanos participativos o meros
consumidores? La ciudad donde vivimos y sus espacios públicos
nos dan la oportunidad de ser uno u otro.
El espacio público donde la plaza
ocupa o debería ocupar el lugar central es, ante todo,
un fenómeno urbano; es decir, que está relacionado
con el surgimiento y desarrollo de las ciudades. Y es que el fenómeno
urbano necesita del espacio público que posibilita el encuentro
y el intercambio, actividades que definen a la colectividad.
Según Pablo Gamboa, arquitecto y profesor
de urbanismo de la Universidad Nacional de Colombia, el espacio
público, o de una manera más amplia y articulada,
el espacio colectivo, es o debe ser el espacio más importante
en la ciudad, puesto que allí se realiza la actividad fundamental
para la colectividad que la habita.
Como lugar de paso y permanencia, de comunicación,
exhibición y manifestación social, el tipo de espacio
público que tenga una ciudad propicia determinada actitud
cívica de sus habitantes e induce a comportamientos urbanos
específicos. Y es que los espacios públicos hacen
del individuo un ser de la ciudad, de la calle, de recorridos, de
cruces públicos; en fin, un individuo preocupado por el bien
común.
Al ser la ciudad un hecho histórico,
el espacio urbano que la acompaña también lo es. Así,
la noción original de espacio público calles,
parques, plazas ha cambiado significativamente, y no precisamente
para bien.
La calle, que solía entenderse como
lugar de paseo, recreo o para simplemente estar, es
hoy lugar de circulación y estacionamiento caótico
de vehículos; la plaza y el parque de barrio, como espacios
de comunicación, han sido reemplazados por el conjunto cerrado
o centro comercial que, a su vez, representan la ausencia de seguridad
de la ciudad actual, sustituyendo el espacio público en su
elemento fundamental como el lugar en el que la gente se encuentra
en condiciones de igualdad.
Las plazas de Panamá
Cuando le preguntamos a las nuevas generaciones
el nombre de algunas de las plazas de la ciudad, los nombres que
surgieron fueron todos de centros comerciales. No en balde, el modelo
que hemos copiado en Panamá, con las llamadas plazas,
es propio del fenómeno de dispersión urbana de las
ciudades de Estados Unidos y que tiene a los centros comerciales
o mall como el único lugar de encuentro.
Las últimas plazas con el sentido de
lugar de encuentro y de pertenencia de los ciudadanos a su ciudad
se planificaron y construyeron en Panamá en 1915, con motivo
de la Exposición Universal. Y aún hoy, la Plaza Porras
sigue siendo un lugar de encuentro y de reclamo ciudadano. Pero,
¿qué otro lugar queda para el desarrollo de los valores
cívicos de los habitantes de la principal ciudad de Panamá?
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| La Plaza de la Unidad Iberoamericana en
la Calzada de Amador inaugurada en el 2000 por el alcalde capitalino
Juan Carlos Navarro. En realidad es solo una acera más ancha.
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Para el arquitecto y urbanista Alvaro Uribe,
la gente sigue necesitando sitios de reunión debido
a que somos seres sociales y necesitamos lugares de contacto.
Sin embargo, añade Uribe, los nuevos lugares de contacto
que ofrece la ciudad de Panamá son de exclusión, de
consumo, lo que los convierte en selectivos, no democráticos.
Para Uribe, el fenómeno tiene mucho
que ver con la privatización de las costumbres.
Según el urbanista, el criterio de rentabilidad permea todas
las actividades humanas y, por supuesto, que también, el
fenómeno urbano.
Por ello, la ciudad de Panamá y sus
espacios públicos han evolucionado a partir de la especulación
privada.
No en vano, la última plaza
inaugurada en Panamá con motivo de la Cumbre Iberoamericana
en el 2000, es en realidad solo una acera más ancha en la
Calzada de Amador.
Otro triste ejemplo lo tenemos en el proyecto
de la futura Plaza del Centenario, para la cual la Autoridad
de la Región Interoceánica (ARI) propuso una isleta
en Amador.
La desaparición de los auténticos
espacios públicos en Panamá tiene además un
efecto contraproducente en el fenómeno cultural. La
degradación del espacio público convierte al ciudadano
en masa y cuando los ciudadanos se convierten en masa consumidora
se pierde su esencia y eso es una gran tragedia, afirma Uribe,
quien, además, vincula el fenómeno con las figuras
políticas que tienen el apoyo de esa masa. La masa
es una cosa amorfa que acepta cualquier cosa, concluyó
Uribe.
El hecho de que los abundantes centros comerciales
de la ciudad de Panamá se hayan convertido en nuestras nuevas
plazas no es solo un problema estético. Según
editorializa la revista colombiana Arquitecturas, existe una relación
entre la historia pública de una nación, población
o ciudad y los escenarios en los cuales se representa su historia.
Los sociólogos tendrán que decir
si la degradación creciente de los verdaderos espacios públicos
de Panamá tiene relación con la cada vez más
evidente apatía ciudadana frente a la cosa pública.
Si todo se ha privatizado, no parece haber espacio para la lucha
por el bien común, porqué al contrario de lo que representó
el fenómeno urbano en la Edad Media, el aire de la ciudad
no parece hacernos libres.
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