Le picaban los pies por irse, ahora
quiere volver a sentarse
Juan Ramón Martínez Dettore
“Si quieres conocer cómo es realmente un
hombre, obsérvalo cómo actúa cuando tiene poder”: Confucio
El señor Guillermo Endara es un personaje
que no pasa desapercibido. En la lucha contra la dictadura se portó
con dignidad y valentía. Una serie de acontecimientos se confabularon
para hacerlo llegar al solio presidencial; sus mensajes durante
la época electoral eran eco del pueblo civilista que pedía ¡justicia!
Sin embargo, para sorpresa de la ciudadanía, apenas inaugurado su
período, hubo omisiones y acciones extrañas que no coincidían con
el compromiso explícito y tácito de depurar las instituciones y
enderezar el país por senderos justos y coherentes. Entre estas
incongruencias estuvo el nombramiento de personajes de la dictadura,
lo que fue como sacarle la lengua al pueblo civilista.
Algunas de estas contradictorias e incongruentes
situaciones fueron de tal impacto, que no creo que la mente colectiva
de la gran mayoría de los panameños las haya podido olvidar. Ejemplo
de ello fue el hecho de que cuando el pueblo esperaba la anulación
del acto de imposición del 72, mal llamada Constitución y la reincorporación
de la Constitución del 46, o al menos la convocatoria de inmediato
a una constituyente, dejaron ir pasando los días y los meses y nada
pasó. Cuando los poquísimos militares constitucionalistas, quienes
no se plegaron al golpe de Estado del 68, retornaron a Panamá y
otros emergieron de su ostracismo, ofreciendo sus servicios para
la creación de la “nueva Fuerza Pública”, para sorpresa de ellos
y del país entero se convocó para integrar a esta “nueva institución”,
a los mismos que habían estado allí por 21 años masacrando física
y moralmente al pueblo.
Sin embargo, a los que no habían participado ni
cooperado con la dictadura, no se les tomó en cuenta, ya que se
podían ofender los que “ya estaban allí”. La consecuencia de estos
absurdos históricos y morales fue el intento de retorno de la dictadura,
que se produjo el día 4 de diciembre de 1990, acontecimiento que
casi nadie quiere recordar. Ante la petición de los militares constitucionalistas
de que al menos se les cuantificaran los años que les faltaban para
su jubilación, la repuesta fue un rotundo no, que contrastó moralmente
con la rapidez con que fue acogida la solicitud de jubilación del
sujeto preso en Miami.
Digno es de destacar, sin embargo, que la presidenta,
señora Mireya Moscoso, el día 11 de octubre de 1999, le hizo un
homenaje y reconocimiento a los militares constitucionalistas. Posteriormente
nombró la Comisión de la Verdad, y ante los descarados intentos
de sabotaje a la misma, la ciudadana presidenta, de pie ante un
montículo de tierra, piedra y lodo, exigió la continuación de la
búsqueda de los restos de los torturados y asesinados... qué contraste
señores…
Igualmente desmoralizante resultó ser cuando se
alzaron voces valiosas para aprovechar la circunstancia histórica
y pedir la revisión del Tratado del 77, así como la abrogación del
vergonzoso Tratado de Neutralidad, y surgió una respuesta inesperada
e inusitada: “Si el pueblo panameño quiere revisar los tratados,
que elija otro gobierno en el 94”; y eso fue lo que ocurrió para
perplejidad del mundo, que vio estupefacto cómo, luego de engaños,
simulaciones, encuestas amañadas y falsas, uno de los personajes
de la dictadura de 21 años se alzó con el santo y la limosna, con
un mínimo porcentaje de votos y una gran dosis de sorpresa de parte
de los propios beneficiados de estos desmoralizantes resultados
electorales, quienes, con toda razón, concluyeron que si este conglomerado
era capaz del acto suicida y masoquista de otorgarles el poder,
aunque fuera con una minoría de votantes, bien se merecía que le
triplicaran las cuentas de luz y teléfono.
El autor es periodista y radiocomentarista
Además en opinión
• El fenómeno
Endara: Juan David Morgan •
La consolidación de las finanzas de la
Autoridad del Canal con las del Gobierno central: Ricardo Arias
Calderón •
Pinzas: Marco Julio de Obaldía •
Le picaban los pies por irse, ahora quiere volver
a sentarse: Juan Ramón Martínez Dettore
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