Panamá, 12 de febrero de 2003
 
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Le picaban los pies por irse, ahora quiere volver a sentarse

Juan Ramón Martínez Dettore

“Si quieres conocer cómo es realmente un hombre, obsérvalo cómo actúa cuando tiene poder”: Confucio

El señor Guillermo Endara es un personaje que no pasa desapercibido. En la lucha contra la dictadura se portó con dignidad y valentía. Una serie de acontecimientos se confabularon para hacerlo llegar al solio presidencial; sus mensajes durante la época electoral eran eco del pueblo civilista que pedía ¡justicia! Sin embargo, para sorpresa de la ciudadanía, apenas inaugurado su período, hubo omisiones y acciones extrañas que no coincidían con el compromiso explícito y tácito de depurar las instituciones y enderezar el país por senderos justos y coherentes. Entre estas incongruencias estuvo el nombramiento de personajes de la dictadura, lo que fue como sacarle la lengua al pueblo civilista.

Algunas de estas contradictorias e incongruentes situaciones fueron de tal impacto, que no creo que la mente colectiva de la gran mayoría de los panameños las haya podido olvidar. Ejemplo de ello fue el hecho de que cuando el pueblo esperaba la anulación del acto de imposición del 72, mal llamada Constitución y la reincorporación de la Constitución del 46, o al menos la convocatoria de inmediato a una constituyente, dejaron ir pasando los días y los meses y nada pasó. Cuando los poquísimos militares constitucionalistas, quienes no se plegaron al golpe de Estado del 68, retornaron a Panamá y otros emergieron de su ostracismo, ofreciendo sus servicios para la creación de la “nueva Fuerza Pública”, para sorpresa de ellos y del país entero se convocó para integrar a esta “nueva institución”, a los mismos que habían estado allí por 21 años masacrando física y moralmente al pueblo.

Sin embargo, a los que no habían participado ni cooperado con la dictadura, no se les tomó en cuenta, ya que se podían ofender los que “ya estaban allí”. La consecuencia de estos absurdos históricos y morales fue el intento de retorno de la dictadura, que se produjo el día 4 de diciembre de 1990, acontecimiento que casi nadie quiere recordar. Ante la petición de los militares constitucionalistas de que al menos se les cuantificaran los años que les faltaban para su jubilación, la repuesta fue un rotundo no, que contrastó moralmente con la rapidez con que fue acogida la solicitud de jubilación del sujeto preso en Miami.

Digno es de destacar, sin embargo, que la presidenta, señora Mireya Moscoso, el día 11 de octubre de 1999, le hizo un homenaje y reconocimiento a los militares constitucionalistas. Posteriormente nombró la Comisión de la Verdad, y ante los descarados intentos de sabotaje a la misma, la ciudadana presidenta, de pie ante un montículo de tierra, piedra y lodo, exigió la continuación de la búsqueda de los restos de los torturados y asesinados... qué contraste señores…

Igualmente desmoralizante resultó ser cuando se alzaron voces valiosas para aprovechar la circunstancia histórica y pedir la revisión del Tratado del 77, así como la abrogación del vergonzoso Tratado de Neutralidad, y surgió una respuesta inesperada e inusitada: “Si el pueblo panameño quiere revisar los tratados, que elija otro gobierno en el 94”; y eso fue lo que ocurrió para perplejidad del mundo, que vio estupefacto cómo, luego de engaños, simulaciones, encuestas amañadas y falsas, uno de los personajes de la dictadura de 21 años se alzó con el santo y la limosna, con un mínimo porcentaje de votos y una gran dosis de sorpresa de parte de los propios beneficiados de estos desmoralizantes resultados electorales, quienes, con toda razón, concluyeron que si este conglomerado era capaz del acto suicida y masoquista de otorgarles el poder, aunque fuera con una minoría de votantes, bien se merecía que le triplicaran las cuentas de luz y teléfono.

El autor es periodista y radiocomentarista

Además en opinión

El fenómeno Endara: Juan David Morgan
La consolidación de las finanzas de la Autoridad del Canal con las del Gobierno central: Ricardo Arias Calderón
Pinzas: Marco Julio de Obaldía
Le picaban los pies por irse, ahora quiere volver a sentarse: Juan Ramón Martínez Dettore






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