Buscan Gabinete de reconciliación
"No queremos a los rebeldes en el Gobierno", insisten los seguidoresde Gbagbo, aludiendoal nuevo primer ministro
DAKAR, Senegal (EFE). —El nuevo primer ministro de Costa de Marfil, Seydou Diarra, abrió ayer, martes, sus consultas para formar el Gabinete de reconciliación nacional, acordado en un armisticio firmado el pasado enero entre el Gobierno y los rebeldes que intentan derrocarlo.
Diarra asumió su cargo al término de una reunión celebrada el lunes en Yamoussoukro, la capital administrativa del país, con el presidente marfileño, Laurent Gbagbo, y el grupo de contacto de la Comunidad Económica de los Estados de Africa Occidental (CEDEAO).
Los grupos rebeldes, que boicotearon la reunión, convocaron a su vez una conferencia de prensa en su cuartel general de Bouaké, situado a 100 kilómetros al nordeste de Yamoussoukro, donde ratificaron su adhesión al acuerdo de paz firmado el 24 de enero en Marcoussis, a las afueras de París.
Pese a que dos días después Gbagbo ratificó el tratado durante una cumbre de los 15 países miembros de la CEDEAO con el presidente francés, Jacques Chirac, y a la que también asistió el secretario general de la ONU, Kofi Annan, se negó a llevarlo a la práctica.
Según Gbagbo, "lo pactado en Marcoussis fueron meras propuestas" que deben ser ratificadas por el pueblo marfileño en un referendo.
El presidente marfileño, bajo presión de sus seguidores y el Ejército, se niega a cumplir la cláusula del pacto que le obliga a entregar las carteras de Defensa e Interior a miembros del rebelde Movimiento Patriótico de Costa de Marfil (MPCI), y afirma que solo aplicará "lo que no contradice la Constitución" del país.
Por su parte, el secretario general del MPCI, Guillaume Soro, afirma que "no hay alternativas al acuerdo de Marcoussis" y exige que Diarra entregue a su movimiento los ministerios prometidos.
Soro, quien amenazó incluso con la secesión de las zonas que controla su movimiento en el norte del país, instó a Gbagbo a "aplicar el acuerdo (de paz) en una semana, caso contrario marcharemos contra Abidján", la capital comercial marfileña y sede del Gobierno.
Según los analistas políticos, Diarra, un musulmán del norte marfileño y diplomático de carrera, que tiene fama de buscar soluciones por consenso, tiene ahora la parte más difícil del pacto: convencer a las dos facciones a ceder parte de sus respectivas exigencias.
"No queremos a los rebeldes en el Gobierno", siguen proclamando los seguidores de Gbagbo, que hasta hace pocos días calificaban a Diarra de "persona non grata" y tres semanas atrás invadieron las instalaciones del aeropuerto de Abidján, para impedir que aterrizara el avión en que regresaba de la cumbre de París.
En un discurso a la Nación el pasado viernes, Gbagbo logró convencer a sus partidarios -especialmente los llamados "jóvenes patriotas" que habían tomado el control de las calles de Abiyán- a aceptar a Diarra como jefe del gobierno.
En esa alocución, el mandatario marfileño solo aceptó, sin embargo, el "espíritu" del armisticio aprobado en Francia y recalcó que el mismo era aceptable solamente como "una base de trabajo".
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