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El dilema peatonal
¿Que lleva a los peatones a
tirarse a la calle y correr riesgos?
SOFIA K. DE KOSMAS
ESPECIAL PARA LA PRENSA
planas@prensa.com
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| Un peatón cruza la vía
José Agustín Arango, a la altura de Río
Abajo, cerca de donde hay un paso elevado peatonal. |
Cada año los moradores de diferentes
regiones del país exigen los pasos peatonales como una necesidad.
Pero un significativo número de atropellos a peatones aún
salpica a diario las notas de los medios de comunicación.
Pese a la existencia de muchos pasos peatonales en los principales
poblados y ciudades del país, los peatones no le dan una
máxima utilidad.
¿Que lleva a los peatones a tirarse
a la calle y correr riesgos?
Al finalizar el 2002, el número de accidentes
por atropello en la república de Panamá sumó
819, de los cuales 376 pertenecen al área metropolitana.
De acuerdo con las estadísticas de la Dirección de
Tránsito de la Policía Nacional, eso constituye aproximadamente
el 46% del total de los atropellos en todo el país. Además,
de las 153 víctimas fatales por atropello que se reportaron
en el territorio nacional, 76 de ellas fueron registradas en el
área metropolitana, es decir, aproximadamente el 50%.
Desafortunadamente, es difícil estudiar
las causas del atropello, pues las estadísticas de la Policía
Nacional y las de la Autoridad del Tránsito y Transporte
Terrestre (ATTT) no detallan si los atropellos ocurrieron cerca
de un paso peatonal elevado o debajo de ellos.
Según el mayor Víctor Olmedo,
subdirector de la Dirección de Tránsito de la Policía
Nacional, las cifras muestran que los peatones están teniendo
más conciencia de los riesgos y señala que la educación
y difusión, a través de los medios de comunicación,
juegan un papel importante para cambiar la actitud de la gente.
Sin embargo, los puntos más críticos continúan
siendo aquellos ubicados en vías de mayor velocidad. En el
interior del país se suele observar menos interés
por parte de los transeúntes para utilizar los pasos peatonales.
Olmedo dice que desde Arraiján hasta
Chame hay aproximadamente entre 30 y 33 pasos peatonales. Pero
la gente piensa que como no vienen carros, o piensa que toma mucho
tiempo cruzar, se puede tirar, y no es así. Hay que enseñarle
al panameño el concepto de seguridad, que comienza por uno
mismo, agregó Olmedo.
Arturo González, director de Operaciones
de la ATTT, estima que de los 5.5 metros que se elevan estos pasos,
cada escalón mide unos 20 centímetros de ancho, y
cuenta con aproximadamente unos 28 escalones de cada lado. Es decir
que al transeúnte le puede tomar de cinco a ocho minutos
cruzar una vía, haciendo el tramo un poco más largo,
pero más seguro.
Contradictoriamente, la seguridad es una de
las razones por las que muchos prefieren no subir y cruzar por los
pasos peatonales, ya sea por miedo a que les roben o porque son
difíciles de subir. Olmedo indica que la policía hace
rondas en la mayoría de estos pasos elevados al igual que
en los que se encuentran cerca de las escuelas.
Por otro lado, Humberto Mas, director médico
del Ministerio Público, explica que cuando alguien es lesionado
en un accidente, el Ministerio Público establece una incapacidad
para que el juez continúe con el curso legal de la investigación.
En su experiencia, Mas considera que el problema es la educación,
aunque admite que los pasos se prestan para asaltos sobre todo en
horas de la noche.
El peatón debe ser menos imprudente,
recomienda Mas, porque muchas de las causas de los atropellos
es que se tiran [a la calle] y se corren el riesgo, agrega.
Sin embargo, Mas recalca que donde se construyen
los pasos peatonales, disminuye el número de muertos y lesionados.
Pero muchas veces las comunidades los piden, y luego de su construcción,
no los utilizan. El añade que para un peatón mayor
de 60 ó 70 años con problemas cardíacos, respiratorios,
o musculares, es contraindicado hacer el esfuerzo de subir esos
escalones.
La estrechez de las escaleras y la falta de
barras de soporte son algunos de los obstáculos que discriminan
el paso a las personas de la tercera edad, los individuos con sobrepeso
y los discapacitados. Ese es el caso de Angel Cañizales,
quien perdió la vista hace 12 años. Cuando una persona
invidente cruza un paso peatonal, depende de la ayuda de otros transeúntes
para apoyarse en ellos, sobre todo porque no todos los pasos tienen
la misma forma, dimensión o diseño.
Los ciegos manejan la memoria visual
que les ayuda a recordar ciertos detalles en diferentes estructuras,
explica Cañizales. Como las entradas a las escaleras
están en distintas posiciones, el acceso no es eficiente
y cuando los pasamanos son muy cortos, la persona no puede guiarse
por sí sola, recalca.
Y
es que en ciertos lugares la parada de bus no coincide con el paso
elevado, de manera que la persona peligra en su travesía
de un lado al otro. Ese puente jamás lo utilizará
una persona ciega que se movilice sola, opina Cañizales.
Por otro lado, los discapacitados, especialmente los invidentes,
utilizan los pasos basados en la experiencia y la referencia de
otros con el mismo impedimento físico y de esa forma establecen
los puentes accesibles para cruzar. El paso elevado de la Caja de
Seguro Social es uno de los pocos accesibles, pues está ubicado
al lado de la parada. En ocasiones se puede encontrar un paso peatonal
con rampa, como el del colegio José Dolores Moscote, en Río
Abajo, pero no es lo común. Las personas en sillas de ruedas,
muletas o con alguna otra incapacidad física, son discriminadas
al no tener acceso y, por ende, tienen que recurrir a otros medios
para poder llegar a su destino final.
Hay 28 pasos peatonales elevados en la ciudad
capital. Cada puente cuesta alrededor de 250 mil dólares
(aproximadamente 4 mil dólares por metro lineal). Su construcción
la llevan a cabo el Ministerio de Obras Públicas (MOP) y
la ATTT, quien se encarga de estudiar los sitios aptos para estos
puentes. Pero tal como indica González, el problema de presupuesto
que contempla la ATTT para el 2003 tendrá un impacto directo
en la efectividad de estos pasos peatonales, ya que parte del presupuesto
se invierte en señalización de calles y mantenimiento
de los pasos elevados. González explica que por lo general
se invierten mil dólares en señalización por
kilómetro. Este año la ATTT cuenta con solo 40 mil
dólares, un recorte significativo comparado con los 100 mil
dólares que originalmente estaban destinados para este fin.
Mientras se siembra más prudencia en
la conciencia de los peatones mediante la educación vial,
y se buscan otros métodos de seguridad peatonal que brinden
accesibilidad y complementen el uso de estos pasos, los transeúntes
tendrán que hallar un balance y pactar una tregua
con los 400 mil vehículos que circulan diariamente.
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