Flechazos griegos en el amor...
Tomás Alvarez
Reportajes de EFE
Los amores divinos más tratados en la literatura y el arte son los de Afrodita, aquella diosa cuyo único deber era hacer el amor, y que se tuvo que disculpar la única vez que fue sorprendida, por Atenea, con las manos en un telar.
Y entre los amores de la diosa del ceñidor mágico, elemento que irremediablemente provocaba el deseo de todo aquel que la contemplaba, hay que destacar los que la unieron a Adonis.
Una y otra vez, los pintores han acudido a este tema mitológico. Cansado el padre Zeus de los líos amorosos que organizaba Afrodita entre todos los olímpicos, decidió que ésta se enamorara de los mortales. El primero fue Anquises, y el siguiente Adonis, hijo de Thias de Asiria, y tan atractivo que se lo diputaban tanto Afrodita como Perséfone.
La musa Calíope, por orden de Zeus, zanjó la disputa de las diosas. Dividió el año de Adonis en tres partes, para que dedicase una a cada diosa y la tercera a reponerse. Pero Afrodita, utilizando la magia de su ceñidor, lo acaparó totalmente.
Ante tal obcecación, el propio Ares se disfrazó de jabalí y mató a Adonis cuando cazaba en el Monte Líbano. Está claro que los dioses no respetaban la libre competencia.
Tres cuadros de Adonis y Venus
El tema amoroso de Adonis ha sido muy bien acogido por los maestros de la pintura. Es un episodio en el que hay pasión amorosa y en el que se unen dos seres únicos: la diosa más bella y el más agraciado de los mortales. Sin duda es un motivo idóneo para representar el amor y la belleza.
No ha mucho tiempo, el Museo del Prado organizó una exposición temporal sobre el desnudo en la pintura, El primer cuadro de Venus y Adonis era de Tiziano, adquirido para Felipe II, y que representa a la diosa de espaldas sujetando a un Adonis que intenta marcharse de caza. Es un cuadro novedoso para la época, mediados del siglo XVI, en el que el gran pintor italiano presenta un juego de desnudos, uno frontal y otro de espaldas.
En el cuadro hay tensión amorosa por parte de la diosa, y hay drama. En lo alto de una nube, vigila Ares, dispuesto a transformarse en jabalí asesino. Hay belleza y —según algún personaje de la época— hay lascivia.
El Venus y Adonis de Veronés es distinto. Representa placer, gozo y poesía. Adonis duerme, envuelto en suntuosos ropajes, sobre el regazo de Venus. Ésta vela sus sueños con una ternura en la que se intuye melancolía. Tal vez está en la mente de la diosa el trágico final.
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