El arte de la conversación
El manejo con tacto de las situaciones delicadas aumentará nuestro valor como profesionales
Penny de Henríquez
Especial para La Prensa
El éxito de muchas de las tareas que realizamos diariamente está relacionado con cómo nos expresamos verbalmente. En la vida laboral, esto se evidencia cada vez que contestamos el teléfono, recibimos un cliente o simplemente en la relación con el resto de los integrantes de la empresa.
Debemos manejarnos de manera discreta y educada. Ambas cosas son importantes para tratar con respeto a la persona con la que hablamos. No importa si esa persona no nos proporciona el mismo trato, nosotros debemos dar el ejemplo, ya que así estamos proyectando nuestra buena educación y la imagen de la empresa.
Las buenas maneras no deben abandonarse bajo ninguna circunstancia. El manejo con tacto de las situaciones delicadas aumentará nuestro valor como profesionales.
Una persona educada es prudente y en situaciones espinosas debe usar muy bien esa prudencia, pues la empresa puede fracasar en proyectos o temas de importancia por una falta o “metedura de pata”.
Sea cuidadoso o cuidadosa con sus gestos. Algunas personas son propensas a gesticular demasiado, tocar a su interlocutor o mantener constantes “tics” que pueden resultar molestos o incómodos, como tocarse el cabello, desviar la mirada y otros. (¿No le ha tocado alguna vez presenciar cómo alguien derrumba un vaso de agua al mover con fuerza la mano, o cómo se cae un lapicero de un escritorio de un manotazo?) Procure conservar una apariencia calmada y natural, lo que le dará más seriedad en el trato.
Tenga cuidado con las preguntas que formule; hay algunas que pueden resultar ofensivas. Los asuntos personales caen dentro de la esfera privada de la persona y, por supuesto, no deben ser objeto de comentarios intencionados o con doble sentido. Si le hacen una pregunta personal, usted no está obligado u obligada a responder. Si le toca estar en el centro de una discusión, use la discreción y el sentido común. Es mejor que lo que tenga que decir sea en privado, para no incomodar al destinatario de sus comentarios o a personas ajenas al asunto que puedan estar presentes.
Si comete algún error, discúlpese educadamente. La humildad al reconocer errores evidencia la educación de una persona.
Las reglas de oro:
-No hable mal de alguien que no esté presente.
-Tampoco caiga en conversaciones o rumores chismosos sobre otras personas de la empresa.
- Sepa escuchar. Una buena conversación no es un monólogo; respete los turnos de participación de cada persona.
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