Panamá, 9 de febrero de 2003
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Ricardo Fábrega, un artista sin paralelo

Sus aficiones le consagraron como uno de los compositores musicales más populares de nuestra tierra

Jorge Conte-Porras
Especial para La Prensa

Ricardo Fábrega nació en Santiago de Veraguas el 28 de enero de 1905. Sus padres pertenecían a familias antiguas de la región, en donde habían vivido por generaciones.

Dentro de esta familia numerosa hay juristas brillantes, como Julio J. Fábrega Arosemena, José Isaac Fábrega, y de manera especial nos parece que debemos destacar a Octavio Fábrega, quien además de hombre de letras fue ministro de Estado, diputado a la Asamblea, catedrático de la Universidad Nacional, especialista en Derecho Internacional y quien se distinguió como un permanente defensor de la soberanía nacional.

Otro tanto podríamos decir del arquitecto Edwin Fábrega, quien fue ministro de Estado, catedrático de la casa universitaria, y quien fue además rector de la Universidad Nacional

En cuanto a los hombres de letras podemos señalar al poeta Demetrio Fábrega Arosemena. Nos parece, sin embargo, que Ricardo Fábrega es el único músico de ese grupo familiar.

En su vida pública, don Ricardo fue por muchos años funcionario de la Lotería Nacional de Beneficencia y fungió por alguna temporada como notario público, pero sus aficiones artísticas le consagraron como uno de los compositores musicales más populares de nuestra tierra, cuyas canciones fueron conocidas mucho más allá de nuestras fronteras.

Él mismo confesaba que su madre fue su primera maestra de música, y que con ella aprendió a tocar el piano y la guitarra. Ella era una mujer que poseía una bella voz.

Ambos instrumentos los llegó a tocar con maestría Ricardo Fábrega, quien también tenía una voz muy bella. En todo momento expresó que se sentía muy impresionado por nuestra música folclórica. Nos dicen que además de ello era un gran bailarín.

Tenía veinte años de edad cuando ganó un concurso nacional por una pieza de música folclórica que él tituló Largueros, compuesta durante los carnavales del año de 1925. En este tipo de música se hizo muy conocido en todo el trayecto de su vida artística.

Al pretender hacer un inventario de sus composiciones más conocidas, tenemos que reconocer su afán por identificar cada uno de los sectores geográficos de nuestra patria, como en un propósito de integrarlos a su devoción por las instituciones raizales de nuestra identidad cultural.

Con un gran sentido de la unión familiar, le encantaba viajar los fines de semana a diferentes lugares de nuestro territorio, aun cuando no ocultaba su entusiasmo con las conmemoraciones festivas del San Sebastián de Ocú y los diferentes festivales de Guararé.

Sus viajes a la isla de Taboga los hacía más frecuentemente durante la estación seca, pero además de ello se sentía muy impresionado por las fiestas de la Virgen del Carmen, que los taboganos celebran con gran devoción cristiana, y para lo cual llevan a cabo una procesión acuática en la cual pasean, en un recorrido nocturno repleto de luces artificiales, la imagen de la Virgen del Carmen en un largo paseo por sus costas.

Al pretender hacer un inventario de sus trabajos musicales para asociarlos con diferentes sectores geográficos del país, podemos referirnos a :

Yo quisiera chiricana (dedicada a Chiriquí)

Viajando por Guararé (dedicada a la región de Azuero)

Río Mar (dedicado a un importante balneario de la provincia de Panamá)

Santa Ana (dedicada al centro urbano más popular de la ciudad)

Así lo reconoce el periodista Ignacio Nacho Valdés, quien nos señala que "Sus composiciones, de un hondo contenido romántico, no tuvieron otro propósito que exaltar el alma nacional de los panameños, y por ello, de generación en generación, nuestro pueblo ha cantado sus canciones a veces con alegría y no pocas veces con una honda melancolía".

"Su música ha llegado a los más apartados rincones del territorio nacional y ha sido escuchada desde en los más elegantes salones, hasta en el más humilde de nuestros hogares campesinos".

"Ella ha resistido el paso de las generaciones, y perduran aún frente a la competencia de muchos compositores nacionales, muy destacados, que han alcanzando reconocimientos significativos fuera de nuestras fronteras".

Acerca del personaje, afirma Nacho Valdés que parecía ser un hombre sin angustias, pues en todas las oportunidades que debió compartir con él, siempre tenía una actitud de broma, riéndose a carcajadas de cualquier cosa intrascendente.

Otro tanto nos refería Juan Antonio Susto, quien compartió con él largos días en el período en que el historiador estuvo a cargo de la Revista Lotería, quien nos afirmaba que Ricardo Fábrega era un hombre de temperamento cordial, amigo de bromas.

Susto, tal vez en una actitud un poco ingenua, nos refiere que las bromas conllevaban muchas veces unas mentiras increíbles, repletas de disparates que no pocas veces él tomaba como si fueran ciertas, desencantándose posteriormente de ellas. Con ello el único propósito de Ricardo Fábrega era "tomarle el pelo" tanto a él como a sus muchos amigos.


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