Recuerdo de unas educadoras
Harry Castro Stanziola
Fotografías: Todos los derechos reservados por
R. López Arias revista@prensa.com
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¿Qué hacía este numeroso grupo
de muchachos y de muchachas acompañado de los dos señores
que a vuestra derecha semejan ser dos maestros o profesores,
y donde también se ve por lo menos a dos monjas? Como primera
pregunta... ¿En dónde se encontraban? Algunos experimentados
y antiguos miembros del personal del Colegio María Inmaculada
de nuestra capital, el que está situado en el barrio de la
Alameda, nos enumeraron todos los establecimientos que las
madres franciscanas regentan o han regentado en la República
de Panamá. Pero ninguno aparenta ser, en lo referente a su
construcción primitiva, lo que aparece aquí. Lo que más se
asemeja es que ellas, las franciscanas, hace muchos años fundaron
un anexo en las cercanías de lo que hoy es Arraiján. Y la
verdad, es que el paisaje que aquí se ve, con el cerro al
fondo, el tipo de la casa que aparece en la loma, más las
palmeras, parecieran señalar que el todo estuviese ubicado
en este lugar (Arraiján). Los otros sitios en donde las madres
fundaron alojamientos o sitios de variados trabajos, tales
como conventos o colegios, no corresponden con lo que aquí
se puede observar. Así, por ejemplo, ya les recordamos como
el primer colegio que fundaron en la Ciudad de Panamá estaba
en la Plaza del Triunfo, actualmente de Herrera, y esta fotografía
para nada se parece a este lugar. En David y en Colón también
han establecido instituciones educativas, y respondemos que
por lo menos los alrededores del sitio donde se levanta la
de Colón tampoco se parecen a la fotografía de hoy. Ojalá
que algún amigo de David nos saque de la duda sabiendo que
la foto fue tomada allí. En cuanto a los jóvenes que se ven,
tenemos otra fotografía en la que aparecen algunos con una
camisa que también dice patria. Ellos salían marchando el
3 de noviembre del Instituto Don Bosco, pero este plantel
nunca fue mixto, tal como lo es el personal que aquí podemos
observar. ¿Sería que los habían invitado a participar en este
acto? Misterio, misterio y más misterio es lo único que vemos
surgir. Lo que sí está claro es que entremezcladas con los
jóvenes se ven a dos monjas que lucen los hábitos de la comunidad
de las madres franciscanas, las que hace ya más de 80 años
se asentaron en este país. Aquí pues, dejamos de ser el Sherlok
Holmes que hasta ahora, y a propósito de esta foto, hemos
querido ser. Como de costumbre, esperamos que algunos de nuestros
millares de colaboradores nos puedan de nuevo ayudar; mientras
llega esa cooperación nos quedamos con las madres franciscanas,
con sus alumnas, con los posibles alumnos de Don Bosco y un
paisaje que semeja al de Arraiján.
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Fue el día 14 de agosto de 1860, cuando en
una pequeña población suiza nació una niña, a la cual le dieron
el nombre de María Josefa Carolina Brader, quien varios años más
tarde tomó la doble decisión de ingresar en un convento y la de
dedicar su futura vida a la enseñanza, tanto de la niñez como de
la juventud. Así la vemos una vez que se ordena como monja dedicada
por completo a la formación de las jóvenes de su país.
No habían pasado unos cuantos años, cuando
presurosa atiende el llamado que le hizo un obispo de su ciudad
natal, con el fin de que hiciera parte de un grupo de misioneras
que tendrían que partir para efectuar la noble labor de servir en
las selvas del Ecuador.
Imaginémonos por un momento, todo lo que significó
aquella decisión. El cambio de clima, de ambiente, de costumbres,
de status, de alimentación, de tanta cosa extraña para una joven
mujer. Pero así son algunos caracteres que han venido a esta vida,
no a buscar glorias y reconocimientos, sino para ayudar a tanto
prójimo necesitado, de los cuales existen muchos, y que lo saben
apreciar a pesar de que a la inmensa mayoría le suele importar un
bledo esas magníficas actuaciones.
El trabajo de esas misioneras llama pronto la atención
de algunos superiores religiosos con base en la República de Colombia,
quienes consiguen que un grupo de aquellas sacrificadas mujeres
vengan a instalarse en su país. Entre ellas figuraba nuestro personaje,
Josefa Carolina Brader, quien quedó incorporada al grupo de misioneras
franciscanas de María Inmaculada.
A ella, se le ordena luego que regrese a Suiza,
su país, con el fin de conseguir más voluntarias que ayuden a una
labor que cada vez urgía mayor número de personal.
Casualmente fue a este grupo al que le tocó, una
vez de regreso a Colombia, el tener que ayudar a atender a los miles
de heridos y desposeídos de sus bienes que dejaba la estúpida Guerra
de los Mil Días entre liberales y conservadores del país sureño
y, que tanto contribuyó a hundir más en la pobreza a Panamá. A todas
éstas, nuestra heroína había cambiado su nombre de pila por el de
Sor María Caridad del Amor al Espíritu Santo.
Es entonces cuando desde nuestro país se le pide
a las componentes de la señalada congregación que se vengan hacia
acá con el fin de fundar y dirigir un colegio para señoritas. Fue
así como en el año de 1920, inicia sus labores el Colegio Comercial
de María Inmaculada, situado inicialmente en el barrio de San Felipe,
en el casco antiguo de la capital, y en un lugar muy cercano a la
plaza de Herrera.
Años después, la congregación agrega a sus labores
diarias otras más, en su mayoría educativas, lo que hasta ahora
han sabido continuar. Aprovechemos para recordar, entre tantos otros
éxitos, la banda musical del Colegio María Inmaculada, que obtiene
desde hace ya varios años el primer puesto en los concursos que
acostumbra participar.
Cómo quisiéramos saber quiénes realmente eran, y
qué hacían aquel día y en ese lugar este simpático grupo de bien
disciplinados muchachos y las personas mayores que aparecen en nuestra
fotografía de hoy.
En las Raíces del domingo pasado, ¡cosa rara! hubo
un error. Le acomodamos al arquitecto Ruggieri, del Teatro Nacional,
el nombre de Giusseppe, cuando todo el mundo sabe que su verdadero
nombre completo era el de Gennaro M. Ruggieri. Así digan algunos
que lo solicito mucho, no me cansaré, otra vez ¡Perdón!
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