Panamá, 9 de febrero de 2003
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Narineth, la policía que salvó a Ernesto

La agente Narineth Bethancourt de Quirós salvó al pequeño Ernesto luego de que este fue abandonado por su madre

ROBERTO LOPEZ DUBOIS
rlopez@prensa.com

El pequeño Ernesto es llevado en brazos por su madre sustituta poco antes de ser enviado a una casa cuna.

El llanto de Ernesto se escuchaba en todo el cuartel. Los miembros de la Unidad de Control de Multitudes tenían las manos en la cabeza, sin poder calmar al pequeño de cinco meses, una edad temprana para ser llevado a la policía.

La agente Narineth Bethancourt de Quirós, con un año y pocos meses de servicio en la institución, quien labora en la oficina de personal, salió a ver qué pasaba.

“Nadie sabía qué hacer, se quedaban viendo al niño, el cabo (Manuel Montilla) de la Policía de la Niñez y la Adolescencia lo tenía en brazos. Pero cuando una es mamá una sabe qué tipo de llanto es. Y ese llanto era de hambre”.

Narineth, quien dio a luz hace cinco meses, agarró al bebé en sus brazos, lo llevó a su oficina y le dio de mamar.

El pequeño se resistió un poco, pero luego aceptó el seno prestado y se mantuvo comiendo desesperado por media hora.

La agente asegura que el niño estaba resfriado y respiraba con dificultad, “le hice una solución salina, se la di y eso lo calmó”.

Pero en vista de la dificultad que tenía para respirar, la madre sustituta se quedó velando el sueño del niño, incluso después de su hora de salida.

Luego lo llevó a la sede de la Policía de Menores y Adolescencia, de donde fue llevado a una casa hogar. “Yo le tomé bastante cariño, yo soy madre de tres hijos y me conmovió, porque el niño estaba muy chiquito”.

Según Narineth, el bebéllegó desnudo. Estaba todo sucio: las orejas y la nariz desaseadas. “Se veía que tenía muchos días que no lo aseaban”.

La agente lo bañó, sus compañeros le consiguieron un pañal desechable, champú para bebé, jabón y un suéter.

Buscaron una toalla limpia, le acondicionaron la cama del capitán Samuel Zambrano y lo acostaron a dormir.

De dónde venía el niño

El 5 de febrero, poco después del mediodía, Edilberto Mosquera, de 38 años de edad, fue alertado por unos vecinos de que su hijo Ernesto lloraba desconsoladamente hacía como dos horas, dentro la pequeña casa de madera en donde vivía con su madre, Luz Beli Asprilla, de 33 años, ubicada en el sector el Aguila de Curundú.

A las 1:50 minutos de la tarde, Mosquera se apersonó al cuartel para pedir ayuda de los policías, pues la madre del menor había solicitado una medida de restricción de acceso (fianza de paz), que le impedía entrar a la residencia.

El cabo Manuel Montilla, de la Policía de Niñez y Adolescencia, acudió a la pequeña casa de color chocolate, subió una escalera, ubicada a la entrada, mientras llamaba para ver si alguien contestaba. Solo se escuchaban los gritos desesperados del hambriento niño.

Montilla se percató de que la puerta estaba abierta y la empujó. Dentro pudo ver al pequeño envuelto en una sábana de color crema que le tapaba la cara; el policía la retiró para evitar que el bebé se asfixiara y lo llevó a la estación.

Días después de los acontecimientos, Narineth, la agente que salvó al pequeño dándole de mamar, dice que fue una experiencia que no podrá olvidar jamás.

“Hay que estar loco para dejar a ese bebé solo, desnudo y enfermo”, dijo Narineth.

La agente es madre de dos niñas, una de cuatro, y otra de ocho, y un bebé de cinco meses. Ella viene de una familia de tradición en el oficio, hija, esposa y sobrina de policías, decidió sumarse a las filas del cuerpo armado para ayudar a su esposo en la crianza de la familia.

Ese día, al llegar a su casa, su hija le dijo que se habían enterado del incidente por la televisión, y el padre de Narineth, quien laboró también en la unidad de Control de Multitudes y ahora trabaja en la sección de transporte, la felicitó.

Al final de la entrevista Narineth dijo que si le daban la oportunidad le gustaría ver al bebé, “ya que yo lo cuidé bastante y me gustaría saber cómo está ahora”.

“Yo me quedé un poquito triste cuando tuve que dejarlo, me quedé pensando cómo lo tratarán, qué le darán y cuál será su futuro...”

Sanciones

En el Libro II del Código Penal, que habla de los delítos, en el Capitulo IV , artículo 145, se establece que el que abandone a un niño menor de 12 años o a una persona incapaz de velar por su seguridad o salud, que estuviese bajo guardia y cuidado, será sancionado con prisión de seis meses a un año.

Si por el abandono resulta un grave perjuicio para el cuerpo o la salud de la persona abandonada o una perturbación mental, el culpable será sancionado con prisión de 12 a 30 meses y de 3 a 5 años si por el delito de abandono se produce la muerte.


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