Panamá, 9 de febrero de 2003
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Irak, nombramientos

Los últimos nombramientos de esta calamidad de gobierno demuestran que a la presidenta le importan dos pepinos la opinión pública y el país

Guillermo Sánchez Borbón

Todo indica que Bush –empujado por los tenebrosos ayudantes y consejeros que se gasta– van a ir a la guerra con Irak. No sé –nadie lo sabe– cómo terminará la aventura. A lo mejor es tan fácil como predicen los militares –que siempre se equivocan– o a lo mejor no. Sea lo que fuere, es como arrojar un mechero encendido en el polvorín que es hoy el Medio Oriente. Todos los árabes musulmanes pensarán –con justa razón– que es una cruzada para exterminarlos, y le harán la vida imposible a los agresores.

Pero aun cuando las cosas vayan como sobre ruedas, ninguno de los halcones parece haber pensado en las probables consecuencias políticas y geopolíticas del conflicto. Los países son creaciones artificiales torneadas por la historia. Irak es, además, una creación arbitraria. Asimilarlo a Súmer, a los asirios o a los babilonios, como hacen algunos, que tratan de impedir a toda costa una incómoda solución de continuidad, es un ejercicio inútil e improductivo: las antiguas civilizaciones del cuarto creciente (esa zona bañada por los ríos Tigris y Eufrates) no tienen absolutamente nada en común –fuera del territorio– con el Irak de hoy. Esto es otra cosa.

Los más implacables opositores internos de Husein son los kurdos, en el norte, que constituyen el 20% de la población de Irak; y en el sur los shiíes (el 40% de los musulmanes; el otro 60% son suníes). Esta heterogénea y levantisca población la mantiene unida Husein por la fuerza del terror. Desaparecido este poder central, se desatará en el país el pandemónium (el padre del actual Bush, más inteligente que su hijo, lo dijo en 1991 al final de la primera guerra del golfo, cuando los periodistas le preguntaron por qué no acababa de una vez por todas con Husein: “Because all hell will brake loose”). Los demonios de la desintegración nacional.

Veamos: los kurdos –que aspiran a un Estado propio que abarque buena parte de Turquía y de Irán– están a su vez divididos en cinco facciones irreconciliables, las cuales, una vez ido que sea Husein, se trabarán en una lucha a muerte (con permiso de Unamuno) “los hunos contra los hotros”. Ponerlos de acuerdo –o sea, cuadrar el círculo– es tan fácil como poner de acuerdo al toro con Martín.

En cuanto a los shiíes, son tan tolerantes y respetuosos de la creencias y opiniones ajenas como el querido Ayatola Jomeini, de tan grata recordación. Su propósito es instaurar en Irak –o en lo que quede de él– una férrea teocracia que se dedique a exterminar a todos los infieles.

Para complicar más el cuadro, los fundamentalistas cristianos de Estados Unidos, que tienen de rehén a Bush, han logrado expulsar del gobierno gringo a todos los homosexuales y sospechosos de homosexualidad, entre ellos a un gran número de arabistas. Una de las fallas mayores del gobierno gringo y de sus servicios de “inteligencia”, reveladas por las autoridades a raíz de la destrucción de la torres gemelas, es su alarmante carencia de personal con dominio del idioma y la cultura árabes. Y ahora resulta que los que se formaron después del 11-9, acaban de ser expulsados por practicar diversiones “contra natura” como las llaman en su pintoresco lenguaje los soldados de Cristo. ¿A quién acudirá ahora Bush para que lo asesore y oriente en el laberinto en que se va a internar? ¿Al reverendo Falwell? ¿A Ashcroft y Rumsfeld, que no saben árabe, pero que tampoco dominan el inglés?

El Señor nos coja a todos confesados.

****Cambiemos de tema. Los últimos nombramientos de esta calamidad de gobierno demuestran que a la presidenta le importan dos pepinos la opinión pública y el país en general. Ahora sólo falta que proponga a Stavisky a la Academia Sueca para que le den el Premio Nobel de Economía.

Por lo visto, las más altas esferas han hecho suyo el lema que guiaba al PRI de México en los últimos 12 meses de un período presidencial: “Este es el año de Hidalgo: ¡chinga su madre el que deje algo!”.

Con Harmodio Arias en Relaciones Exteriores, cualquier día de estos amaneceremos en guerra con Baharain o con Anguila. Y cuando seas víctima de la leva general, no preguntes “¡cómo!, ¿por qué?”. Harmodio te dará una explicación clarísima, pero que nadie entenderá. Limítate a enfundarte en un uniforme de policía de tránsito y a empuñar el fusil que te dieron para que mates bahareños o asquerosas anguilas, que ya te lo agradecerá la patria, aunque sea póstumamente.

Además en opinión

Irak, nombramientos: Guillermo Sánchez Borbón
Sombras de guerra: de Panamá a Irak: Betty Brannan Jaén
La política y otras cosas en el Canal: Eduardo A. Esquivel R.
Apertura petrolera responsable: Eudoro Jaén Esquivel






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