Irak, nombramientos
Los últimos nombramientos
de esta calamidad de gobierno demuestran que a la presidenta le
importan dos pepinos la opinión pública y el país
Guillermo Sánchez Borbón
Todo indica que Bush –empujado por los tenebrosos
ayudantes y consejeros que se gasta– van a ir a la guerra con Irak.
No sé –nadie lo sabe– cómo terminará la aventura. A lo mejor es
tan fácil como predicen los militares –que siempre se equivocan–
o a lo mejor no. Sea lo que fuere, es como arrojar un mechero encendido
en el polvorín que es hoy el Medio Oriente. Todos los árabes musulmanes
pensarán –con justa razón– que es una cruzada para exterminarlos,
y le harán la vida imposible a los agresores.
Pero aun cuando las cosas vayan como sobre
ruedas, ninguno de los halcones parece haber pensado en las probables
consecuencias políticas y geopolíticas del conflicto. Los países
son creaciones artificiales torneadas por la historia. Irak es,
además, una creación arbitraria. Asimilarlo a Súmer, a los asirios
o a los babilonios, como hacen algunos, que tratan de impedir a
toda costa una incómoda solución de continuidad, es un ejercicio
inútil e improductivo: las antiguas civilizaciones del cuarto creciente
(esa zona bañada por los ríos Tigris y Eufrates) no tienen absolutamente
nada en común –fuera del territorio– con el Irak de hoy. Esto es
otra cosa.
Los más implacables opositores internos de Husein
son los kurdos, en el norte, que constituyen el 20% de la población
de Irak; y en el sur los shiíes (el 40% de los musulmanes; el otro
60% son suníes). Esta heterogénea y levantisca población la mantiene
unida Husein por la fuerza del terror. Desaparecido este poder central,
se desatará en el país el pandemónium (el padre del actual Bush,
más inteligente que su hijo, lo dijo en 1991 al final de la primera
guerra del golfo, cuando los periodistas le preguntaron por qué
no acababa de una vez por todas con Husein: “Because all hell will
brake loose”). Los demonios de la desintegración nacional.
Veamos: los kurdos –que aspiran a un Estado propio
que abarque buena parte de Turquía y de Irán– están a su vez divididos
en cinco facciones irreconciliables, las cuales, una vez ido que
sea Husein, se trabarán en una lucha a muerte (con permiso de Unamuno)
“los hunos contra los hotros”. Ponerlos de acuerdo –o sea, cuadrar
el círculo– es tan fácil como poner de acuerdo al toro con Martín.
En cuanto a los shiíes, son tan tolerantes y respetuosos
de la creencias y opiniones ajenas como el querido Ayatola Jomeini,
de tan grata recordación. Su propósito es instaurar en Irak –o en
lo que quede de él– una férrea teocracia que se dedique a exterminar
a todos los infieles.
Para complicar más el cuadro, los fundamentalistas
cristianos de Estados Unidos, que tienen de rehén a Bush, han logrado
expulsar del gobierno gringo a todos los homosexuales y sospechosos
de homosexualidad, entre ellos a un gran número de arabistas. Una
de las fallas mayores del gobierno gringo y de sus servicios de
“inteligencia”, reveladas por las autoridades a raíz de la destrucción
de la torres gemelas, es su alarmante carencia de personal con dominio
del idioma y la cultura árabes. Y ahora resulta que los que se formaron
después del 11-9, acaban de ser expulsados por practicar diversiones
“contra natura” como las llaman en su pintoresco lenguaje los soldados
de Cristo. ¿A quién acudirá ahora Bush para que lo asesore y oriente
en el laberinto en que se va a internar? ¿Al reverendo Falwell?
¿A Ashcroft y Rumsfeld, que no saben árabe, pero que tampoco dominan
el inglés?
El Señor nos coja a todos confesados.
****Cambiemos de tema. Los últimos nombramientos
de esta calamidad de gobierno demuestran que a la presidenta le
importan dos pepinos la opinión pública y el país en general. Ahora
sólo falta que proponga a Stavisky a la Academia Sueca para que
le den el Premio Nobel de Economía.
Por lo visto, las más altas esferas han hecho suyo
el lema que guiaba al PRI de México en los últimos 12 meses de un
período presidencial: “Este es el año de Hidalgo: ¡chinga su madre
el que deje algo!”.
Con Harmodio Arias en Relaciones Exteriores, cualquier
día de estos amaneceremos en guerra con Baharain o con Anguila.
Y cuando seas víctima de la leva general, no preguntes “¡cómo!,
¿por qué?”. Harmodio te dará una explicación clarísima, pero que
nadie entenderá. Limítate a enfundarte en un uniforme de policía
de tránsito y a empuñar el fusil que te dieron para que mates bahareños
o asquerosas anguilas, que ya te lo agradecerá la patria, aunque
sea póstumamente.
Además en opinión
• Irak, nombramientos:
Guillermo Sánchez Borbón
• Sombras
de guerra: de Panamá a Irak: Betty Brannan Jaén
• La política
y otras cosas en el Canal: Eduardo A. Esquivel R.
• Apertura petrolera
responsable: Eudoro Jaén Esquivel
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